El diputado, un antiguo cobrador de autobús evangélico, movilizó a casi 11 millones de brasileños en tres semanas y refuerza su papel de aliado del presidente.
La noche en que Luiz Inácio Lula da Silva ganó su cuarto mandato, entre ministros veteranos y viejos y nuevos aliados del Partido de los Trabajadores, había un hombre que no se despegaba del presidente y que casi nadie fuera de Brasil sabría reconocer. Llamaba la atención por su sonrisa grande y blanca y por ser el único vestido con la camiseta amarilla de la selección.
Era André Janones, un diputado convertido en general de un ejército digital sin el que no se entiende la remontada histórica del domingo. Un antiguo cobrador de autobús que llevaba tres semanas dando órdenes por WhatsApp a casi 11 millones de brasileños para domar el algoritmo y que la comunicación digital de la izquierda diera, en unos días, el salto que no había dado en años.
“Quiero llamar al nuevo personaje de esta campaña, nuestro general Janones”, dijo Lula desde el escenario de la avenida Paulista al celebrar su inesperada victoria. “Un abrazo, general”. La multitud respondió en coro: “¡Janones, guerrero del pueblo brasileño!”.
Lula ganó con el 51,7% de los votos válidos frente a 48,2%, más de 4,4 millones por delante de Flávio Bolsonaro, tres semanas después de perder la primera vuelta por 2,2 millones de votos. Ningún candidato había conseguido esa gesta antes en Brasil. El presidente le agradeció a Janones haber levantado “por la mañana, por la tarde y por la noche la moral de nuestra tropa” y le pidió que no la desmovilizara: “El ejército no puede dispersarse”. Eufórico, Lula arengó a los suyos: “Dudo que Rusia, China o Estados Unidos tengan un ejército victorioso como el ejército de la democracia de este país”.
La campaña de la izquierda cometió algunos errores antes de la victoria. Entre ellos, su estrategia digital y su desconexión con los más jóvenes. Algo parecido pasó en la candidatura de la izquierda en Colombia, con la diferencia de que Iván Cepeda no fue capaz de revertirlo a tiempo. En el caso de Lula, además, se demostró que las grandes tecnológicas como Meta perjudicaban sus publicaciones, según ellas por problemas técnicos.

“En esta segunda vuelta aprendí la gran lección de mi vida: cuando un gobernante no sabe qué hacer, le pregunta a su pueblo”, dijo Lula, que acaba de estrenar su primer teléfono móvil. “Ya estoy aprendiendo a hablar con el general”, dijo en alusión a Janones. “Ahora prepárense, porque no voy a hablar con ustedes a través de la interpretación de la prensa. Voy a hablar con ustedes a través del Ejército de Janones”. El diputado anunció: “Ahora el viejito va a estar aquí con el móvil en la mano, dando órdenes directas”.
El éxito de Janones reside, entre otras cosas, en que le ha disputado al bolsonarismo sus símbolos. Desde la camiseta de la selección, convertida desde hace una década, en el uniforme de la derecha, hasta el lenguaje. El diputado habla claro, incluso tosco e impositivo, y en clave bélica (soldados, tropa, ejército, misiones). Habla como los Bolsonaro, pero al servicio de Lula. Su grito de guerra en el canal era siempre el mismo: “¡Gente, urgente! ¡Explota!”.
Es la matraca que acompaña cada día, desde hace tres semanas a Alexandre Conceição, funcionario público, uno de esos casi 11 millones de soldados. Decidió entrar en el canal de WhatsApp un día después de la debacle de la primera vuelta, casi como una huida hacia adelante para no caer en el derrotismo. “Yo sólo usaba Instagram para ver videos de recetas, y en dos días empecé a entender cómo funcionan los algoritmos. Cuando me di cuenta estaba despierto de madrugada haciendo los deberes que mandaba Janones”, bromea.
El funcionamiento es relativamente simple, se trata de inundar las redes de contenido pro Lula hasta el punto de reventar la burbuja de la izquierda y que el contenido llegue a los móviles de personas con otro perfil, en este caso los más buscados en estas elecciones: indecisos y abstencionistas. La mayoría de “misiones” estaba en Instagram y en X (antes Twitter). Los soldados se encargaban de subir hashtags (etiquetas) en apoyo a Lula, difundir videos, dar likes, garantizar visualizaciones récord en YouTube, etc. También había directrices claras sobre lo que no hay que hacer: nada de interactuar con perfiles bolsonaristas, ni siquiera para defender a Lula, para no darles más visibilidad.
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