«La gente se aleja de la gasolina y el diésel», dice a DW Jens Boysen-Hogrefe, experto en fiscalidad y transporte del Instituto de Economía Mundial de Kiel (IfW), Alemania. «El auge de los vehículos eléctricos, desencadenado por los elevados precios del combustible, anticipa la transición en los sistemas de propulsión que ya estaba prevista».
Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), la venta de autos eléctricos aumentó en Europa en el primer trimestre de 2026 en casi un 30 % en comparación con el mismo período del año anterior. A la cabeza va Noruega, donde un 95 % de todos los vehículos matriculados son eléctricos.

En los países de la región de Asia-Pacífico, exceptuando a China, las tasas de crecimiento fueron aún más impresionantes según el informe «Global Outlook 2026» de la AIE: en 2025, las ventas aumentaron hasta un 80 % en algunas regiones, mientras que en América Latina el incremento fue del 75 %.
Sistema de combustibles fósiles, lucrativo para el Estado
Sin embargo, el auge de la movilidad eléctrica no despierta en Berlín solamente entusiasmo. Tampoco en el Ministerio de Finanzas. Y es que la recarga de un coche eléctrico no conlleva impuestos sobre la energía, sino únicamente unos impuestos sobre la electricidad de cuantía reducida.
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