La Tri decepcionó ante México y dejó escapar una oportunidad histórica. El sueño terminó sin rebeldía, sin fútbol y sin respuestas.

Por Marco Antonio Bravo Segovia

El Mundial no perdona a quienes juegan para no perder. Ecuador llegó al partido más importante de su campaña convencido de que podía dar un nuevo golpe sobre la mesa después de la histórica victoria frente a Alemania. Sin embargo, cuando llegó la hora de demostrar que realmente había dado el salto de calidad, el equipo desapareció.

La derrota frente a México no solo significó la eliminación del Mundial 2026. También abrió un profundo debate sobre el verdadero techo futbolístico de la selección ecuatoriana y el proyecto liderado por Sebastián Beccacece.

Lo que sigue es un comentario de opinión personal del periodista Marco Antonio Bravo Segovia sobre la actuación de la Tricolor en este Mundial.

¿Dónde quedó el Ecuador que ilusionó al país?

La selección ecuatoriana no tuvo ambición. No trascendió. Se quedó en Alemania.

No logro entender qué ocurrió. Todos pensamos que Ecuador había cruzado esa línea que separa a los equipos que simplemente participan de aquellos que realmente compiten por hacer historia.

La afición llegó ilusionada, convencida de que podía vivir una noche inolvidable. En cambio, encontró un equipo sin ideas, sin rebeldía y sin la determinación que exige un partido de esta magnitud.

Un primer tiempo devorado por la ambición mexicana

Durante los primeros 45 minutos fuimos completamente superados por la ambición de México.

No tuvimos fútbol. No tuvimos personalidad. No tuvimos capacidad para responder a la intensidad del rival. Ecuador fue un equipo sin ideas, incapaz de conectar sus líneas y sin argumentos ofensivos para inquietar al arquero mexicano.

Más preocupante aún fue la sensación de resignación que transmitió el equipo. Parecía jugar con el peso de la responsabilidad, pero sin la convicción de querer ganar.

México entendió que Ecuador no tenía respuestas

En el segundo tiempo, México hizo algo que pocos esperaban: dejó de atacar.

No porque Ecuador lo obligara, sino porque comprendió que la Tricolor no tenía cómo hacerle daño. Se replegó, administró el partido y esperó con paciencia.

Sabía que el equipo ecuatoriano estaba atrapado en un mar de dudas, sin ideas, sin profundidad y sin capacidad para cambiar el rumbo del encuentro.

Mientras tanto, desde el banco tampoco llegó la reacción que millones de ecuatorianos esperaban.

No superamos la histórica campaña de Luis Fernando Suárez

Al final, el balance es inevitable.

Esta selección tampoco consiguió superar la mejor actuación mundialista del fútbol ecuatoriano, aquella alcanzada bajo la conducción de Luis Fernando Suárez en Alemania 2006.

Después de la victoria frente a Alemania en este Mundial, muchos pensamos que finalmente Ecuador había dado ese salto definitivo hacia la élite.

No ocurrió.

Nos quedamos a mitad del camino.

La ilusión terminó antes de tiempo

Las derrotas forman parte del fútbol. Lo que duele es la forma.

La afición sintió que la selección nunca defendió con verdadera convicción la ilusión de millones de ecuatorianos.

Sebastián Beccacece vivió momentos de gloria durante este Mundial y consiguió resultados importantes, pero en el partido decisivo no encontró respuestas. Tampoco logró transmitir a su equipo la valentía que exigía una noche histórica.

Hoy Ecuador nos devuelve a la realidad.

Nos recuerda que todavía existe una barrera que nuestro fútbol no ha logrado romper.

El talento está.

Los jugadores también.

Lo que faltó fue ambición para creer que la historia podía escribirse de otra manera.Fin

Comentario de Marco Antonio Bravo Segovia

Imágenes Agencia Xinhua

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