Bajo las aguas de la Amazonía se esconde una riqueza extraordinaria y, al mismo tiempo, amenazada. Más de 2.700 especies de peces habitan la cuenca amazónica —incluida Tocantins-Araguaia— y alrededor del 65 % son endémicas: no existen de forma natural en ningún otro lugar del planeta. El dato forma parte de Amazon Forgotten Fishes, una investigación internacional que advierte que represas, contaminación, deforestación, sobrepesca y cambio climático están presionando uno de los sistemas de agua dulce más diversos de la Tierra.
El trabajo reunió a más de 50 especialistas de más de 30 instituciones nacionales e internacionales y contó con la participación de Jonathan Valdiviezo-Rivera, investigador del Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO) de Ecuador. La investigación fue liderada por The Nature Conservancy.

FOTOS: ENRIQUE MOYA Y LEANDRO SOUZA
2.700 especies y una cifra que sorprende: el 65 % es endémico
La Amazonía es mucho más que la enorme masa verde que domina las imágenes del continente.
Ríos, lagos, humedales, llanuras y bosques que se inundan periódicamente forman una gigantesca red acuática que sostiene la mayor diversidad de peces conocida, según destaca la publicación.
El registro supera las 2.700 especies cuando se incluye la cuenca Tocantins-Araguaia.
Pero el dato más impactante está en su singularidad: aproximadamente 65 de cada 100 especies registradas son endémicas.
Y el inventario todavía no está cerrado.
Los científicos continúan describiendo nuevas especies cada año, por lo que el conocimiento sobre la verdadera dimensión de la biodiversidad amazónica sigue siendo incompleto.
Peces que ayudan a mantener vivo el bosque
Su importancia tampoco termina bajo el agua.
Los peces amazónicos transportan nutrientes, dispersan semillas y conectan los ecosistemas acuáticos con los terrestres.
El tambaqui es uno de los ejemplos más sorprendentes. Esta especie se desplaza hacia los bosques inundados para alimentarse de frutos y semillas. Durante sus recorridos, las dispersa a grandes distancias y contribuye así a la regeneración del bosque.
La relación es profunda: proteger los peces también significa proteger el funcionamiento de la propia Amazonía.
Hasta 600 gramos de pescado por persona cada día
La biodiversidad amazónica tiene, además, rostro humano.
Millones de personas dependen de los peces como fuente de alimentación e ingresos, particularmente las comunidades indígenas y ribereñas.
En algunas poblaciones remotas, según el informe, el consumo supera los 600 gramos de pescado por persona al día.
La cifra evidencia hasta qué punto una alteración de las poblaciones de peces puede convertirse también en un problema de seguridad alimentaria, economía familiar y supervivencia comunitaria.
Una especie desapareció localmente, pero la comunidad mantiene su celebración
La investigación recoge un caso que muestra el costo cultural de la pérdida de biodiversidad.
En la comunidad kichwa de Ongota, en la cuenca del río Napo, la migración de la jandia o matrinxã (Brycon amazonicus) marcó durante generaciones el momento de una celebración tradicional.
Pero algo cambió.
La expansión urbana y la contaminación provocaron que esta especie ya no se encuentre localmente, de acuerdo con el informe.
La comunidad, sin embargo, mantiene la celebración como parte de su patrimonio cultural.
La ausencia del pez no borró la tradición, pero dejó una señal poderosa de lo que ocurre cuando la transformación ambiental alcanza la vida cotidiana de las poblaciones amazónicas.
Represas, contaminación y deforestación cercan a los peces
Amazon Forgotten Fishes identifica amenazas que no actúan de manera aislada, sino que pueden potenciarse entre sí.
Entre ellas están la construcción de represas, drenaje de humedales, canalización y desviación de ríos, deforestación, contaminación, sobrepesca y cambio climático.
Cada presión puede modificar los espacios utilizados por las especies para alimentarse, reproducirse o migrar.
Especial preocupación genera la pérdida de conectividad de los ríos.
Una barrera no solamente detiene agua: también puede interrumpir rutas migratorias y modificar el transporte natural de sedimentos y nutrientes.

El caso del río Madeira enciende las alarmas
El informe pone como ejemplo las represas construidas en el río Madeira.
Estas infraestructuras interrumpieron las rutas migratorias de grandes bagres amazónicos, con consecuencias para sus poblaciones y para las actividades pesqueras históricamente asociadas a ellas.
El caso demuestra la dimensión regional del problema: los peces no reconocen fronteras políticas y los efectos sobre un río pueden propagarse a través de ecosistemas conectados.
El cambio climático añade presión a una Amazonía vulnerable
A las transformaciones provocadas directamente por las actividades humanas se suma el cambio climático.
Las alteraciones en las temperaturas y en los regímenes de los ríos pueden modificar especialmente la disponibilidad de agua durante la estación seca.
Las especies que dependen de las llanuras inundables son particularmente sensibles a esos cambios.
Y nuevamente aparece la dimensión humana: cuando disminuyen o cambian las poblaciones de peces, también se afectan las comunidades cuya alimentación e ingresos dependen de ellas.
Una advertencia que cruza fronteras: la Amazonía funciona como un solo sistema
La investigación plantea una conclusión contundente: proteger los peces amazónicos exige mirar más allá de las fronteras nacionales.
Los ríos forman sistemas conectados y, por tanto, las estrategias de conservación requieren coordinación entre los países de la región.
Entre las prioridades señaladas están recuperar y conservar la conectividad de los ríos, proteger hábitats críticos, mejorar la calidad del agua, promover el manejo sostenible de los recursos y fortalecer el monitoreo científico.
Porque detrás de las más de 2.700 especies identificadas no existe solamente un impresionante inventario natural.
Hay bosques que dependen de esos peces, comunidades que viven de ellos, conocimientos indígenas transmitidos durante generaciones y una red ecológica de extraordinaria complejidad.
Si desaparecen los peces, la Amazonía no pierde únicamente especies: pierde parte de los procesos que mantienen vivos sus ríos, sus bosques y sus comunidades.
Fuente: INABIO
Contenido elaborado con apoyo de inteligencia artificial, a partir de información proporcionada y verificada por la redacción.
