¿Por qué la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa estaba destinada a triunfar? El 3 de marzo de 1938, en su mensaje de despedida a los graduados de la Escuela Pública de Shaanbei, Mao Zedong propuso una fórmula que respondía perfectamente a esta pregunta. Mao indicó: «la unidad de China + la ayuda mundial + las dificultades internas de Japón = la victoria de China. Esta fórmula tiene sentido.» Este planteamiento podía reformularse aproximadamente como: «El poder del pueblo movilizado + el apoyo externo aprovechable + el desgaste de Japón = la victoria de China.»
En primer lugar, el pueblo se movilizó. Justamente en 1936, durante una entrevista con el periodista estadounidense Edgar Snow, Ma Zedong señaló: «Estamos profundamente convencidos de que el pueblo chino no se doblegará ante el imperialismo japonés. Creemos firmemente que movilizará su inmenso potencial y lo volcará en el campo de batalla de la resistencia antijaponesa, enfrentándose con todas sus fuerzas al desafío de los invasores. En esta lucha, la victoria final pertenecerá sin duda al pueblo chino.»

El inmenso potencial del pueblo chino se manifestó, ante todo, en la guerra de resistencia de toda la nación contra Japón. Al tercer día del incidente del 18 de Septiembre, el Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) publicó una declaración, convocando a obreros, campesinos y trabajadores de toda China a “movilizarse unánimemente para dar una contundente respuesta a los bandidos japoneses y a todos los imperialistas”.
Al día siguiente del estallido del incidente del 7 de Julio, el Comité Central del PCCh fue nuevamente el primero en emitir un comunicado a la nación, llamando a todos los compatriotas chinos a «unirse y construir una Gran Muralla inquebrantable del frente único nacional para resistir la agresión y el saqueo de los invasores japoneses», y afirmando que «la resistencia de toda la nación puede ser nuestro único camino para sobrevivir» y que «todo el pueblo debe apoyar con todas sus fuerzas la sagrada guerra de autodefensa contra Japón».
El inmenso potencial del pueblo chino emanaba de su espíritu indomable. El 1º de mayo de 1940, en vísperas de la batalla de Zaoyang-Yichang, el general Zhang Zizhong escribió en una carta a todos los oficiales y soldados de sus tropas: «Nuestro país ha llegado a esta situación extrema en la que no hay otro remedio que ofrecer nuestras vidas por él… Mi determinación de morir por la nación y el pueblo es inquebrantable y no cambiará en lo más mínimo, aunque los mares se sequen y las montañas se deshagan. Ruego que todos mis hermanos de armas compartan esta convicción».
Finalmente, el general Zhang hizo todo lo que podía. El 18 de mayo de 1939, Bai Xuejiao, una mecánica china repatriada del sudeste asiático, dejó a sus padres una conmovedora carta de despedida donde escribía: «Esta vez me voy únicamente para servir a la patria. Aunque solo soy un insignificante insecto ante la sociedad, aunque mi fuerza en esta gran causa de salvación y reconstrucción nacional no es más que ‘una gota en el océano’, pero son incontables gotas las que forman el mar. Espero poder aportar, en la corriente de la salvación nacional, la diminuta fuerza de mi gota de agua».
¡El poder del pueblo en acción! Como atestiguan las últimas palabras de la mártir Zhao Yiman: «Nunca he escatimado mi vida y estoy dispuesta a entregarla por el renacimiento de mi patria. Con gusto derramaré mi sangre por China». Bajo la bandera de la resistencia antijaponesa del pueblo chino y la nación china, surgieron grupos de servicio en el frente, brigadas de socorro, asociaciones de apoyo, equipos de recaudación, y asociaciones de mujeres, de campesinos y de jóvenes para la salvación nacional, entre otros.
En todos los frentes de la resistencia antijaponesa destacaba la participación civil. Los empresarios patrióticos apoyaron el traslado de sus empresas industriales y mineras a las zonas de retaguardia o a Yan’an, preservando maquinaria y capacidad productiva para sostener la guerra prolongada. Los artistas e intelectuales patriotas empuñaron sus plumas como fusiles, actuando como una fuerza cultural de resistencia a través de obras teatrales, canciones, poemas y otras creaciones antijaponesas. Los chinos de ultramar también se movilizaron, donando fondos y materiales, salvando a la patria y sus propias tierras natales, e incluso alistándose para combatir en los frentes de combate. Todos los grupos étnicos del país convergieron en una corriente imparable de resistencia, formando el núcleo indomable que garantizó la inevitable victoria del pueblo chino en la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa.
En segundo lugar, el apoyo externo era aprovechable. Este se refiere a todas fuerzas internacionales que simpatizaban y apoyaban la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa. En una reunión de los miembros más activos del PCCh que tuvo lugar el 27 de diciembre de 1935 en Wayaobu, en el norte de la provincia de Shaanxi, Mao Zedong destacó: «Nosotros, la nación china, tenemos el coraje de luchar contra nuestros enemigos hasta derramar la última gota de nuestra sangre, la determinación de recuperar lo perdido basándonos en nuestros propios esfuerzos, y la capacidad de erguirnos entre las naciones del mundo. Pero esto no significa que no necesitemos la ayuda internacional».
El apoyo externo durante la guerra de resistencia de toda la nación, provenía, en primer lugar, de la asistencia de los países antifascistas. La Unión Soviética, junto con países como Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia, brindó un enorme apoyo a la resistencia china, siendo el aporte soviético particularmente crucial. Entre 1937 y 1942, la Unión Soviética otorgó a China préstamos de 173 millones de dólares para la compra de armamento; hasta 1940, más de 700 pilotos voluntarios soviéticos habían combatido en China; hasta 1941, más de 140 asesores militares y miles de expertos soviéticos habían sido enviados a China para colaborar con el Gobierno y las Fuerzas Armadas.
En segundo lugar, la Guerra de Resistencia contaba con el apoyo de los partidos políticos antifascistas del mundo, en particular, de los partidos comunistas de diversos países. El Partido Comunista de Gran Bretaña emitió un manifiesto En apoyo al heroico pueblo chino; tras el incidente del 7 de Julio, el Partido Comunista de España envió un mensaje al PCCh, expresando su firme apoyo a la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa; el Partido Comunista de Estados Unidos llamó a los obreros del país a detener el envío de todo armamento a Japón; el dirigente del Partido Comunista de Japón, Sanzo Nosaka (también conocido como Okano Susumu), y algunos otros japoneses trabajaron en Yan’an, apoyando directamente la Guerra de Resistencia.
Por último, China contaba con el apoyo de los pueblos antifascistas mundiales. Periodistas internacionales como Edgar Snow, Agnes Smedley, Anna Louise Strong, Israel Epstein, Harry Hanson, Harrison Forman y Evans Carlson dieron a conocer al mundo entero la heroica lucha del pueblo chino. El doctor Norman Bethune, miembro del Partido Comunista de Canadá, fue enviado a China por los Partidos Comunistas de Canadá y Estados Unidos al frente de un equipo médico. Junto a él, destacaron el renombrado médico estadounidense Dr. George Hatem y los doctores Dwarkanath Kotnis, M. Atal y B.K. Basu del equipo médico indio de ayuda a China, quienes trabajaron incansablemente en primera línea de batalla salvando vidas. Las tres fuerzas arriba mencionadas, unidas bajo el frente único antifascista mundial, se convirtieron en un firme apoyo internacional que contribuyó a la victoria del pueblo chino en su guerra de resistencia contra Japón.
En tercer lugar, el agotamiento de Japón era inevitable. En su obra Sobre la guerra prolongada, Ma Zedong indica: «Japón es un país relativamente pequeño, con recursos limitados en mano de obra, poder militar, capacidad financiera y recursos materiales, lo que lo hace vulnerable en una guerra prolongada.» En 1942, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt enfatizó ante los congresistas el significado de la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa para la victoria en la Guerra Mundial Antifascista: «Aunque China era un país atrasado con muy pobre equipamiento militar, sus soldados demostraron una tenacidad extraordinaria, inmovilizando aproximadamente el 80 % del ejército terrestre japonés, el 20 % de su marina y el 30 % de su fuerza aérea. China ha resistido sola durante tantos años. Pero ¿qué pasaría si no la apoyamos dejando que continuara luchando sola contra Japón? ¿Qué ocurriría si China se rindiera?» El agotamiento de Japón era inevitable. La Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa atravesó las etapas de defensa estratégica y estancamiento estratégico, para finalmente llegar a la contraofensiva estratégica que aseguró la victoria final.
¿Por qué la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa estaba destinada a la victoria? Los tres factores, a saber, el poder del pueblo movilizado, el apoyo internacional y el agotamiento inevitable de Japón ponían de relieve la simbiosis orgánica entre el frente único nacional contra la agresión japonesa y el frente único antifascista internacional. Justamente como señaló Ma Zedong el 21 de enero de 1939 en La relación entre la Guerra de Resistencia y el apoyo internacional — Prólogo a la edición en inglés de ´Sobre la guerra prolongada´: «En la gran Guerra de Resistencia, la base fundamental para vencer al enemigo radica en los propios esfuerzos de China.
Las fuerzas de China ya se están movilizando y no solo se convertirán en un poder invencible, sino que aplastarán y expulsarán al enemigo. Esto es indudable. Sin embargo, al mismo tiempo, necesitamos el apoyo externo. Nuestro enemigo es un enemigo del mundo, y la resistencia de China es una lucha de alcance mundial. La historia ya ha demostrado que la visión de una guerra aislada es incorrecta.» El secreto de la inevitable victoria del pueblo chino en la Guerra de Resistencia reside precisamente en esta fórmula.
CGTN.
Nota del editor: Zhou Donghua es profesor de la Facultad de Historia de la Universidad Normal de Hangzhou. El artículo refleja las opiniones del autor y no necesariamente las de CGTN.
