Pedro Sánchez ve una oportunidad en la crisis con el país vecino y rebaja la tensión con sus homólogos. Sobre Colombia dice: “La paz, al igual que el amor, no se mendiga”.
El ministro de Defensa de Colombia duerme poco. Muy poco. Se levanta a las 4.30 de la mañana y su agenda se alarga hasta bien entrada la noche. Cuando Pedro Sánchez recibe a EL PAÍS en su despacho este lunes, se le escapa algún bostezo, pero está de buen humor.
Se ríe cuando huye de las preguntas incómodas y bromea para que le saquen bien en las fotos. “Pose casual”, le invita medio en broma, medio en serio, su uniformada jefa de prensa. Aún le queda una entrevista más —la tercera de la tarde— antes de salir corriendo a un Consejo de Ministros en el que el presidente Gustavo Petro acusará a Ecuador de bombardear territorio colombiano en su lucha contra el narco. Un día más que se acostará tarde.

El hallazgo de una bomba en una zona rural cercana a la frontera con Ecuador incendió la agenda de dos mandatarios ya enfrentados. “Presidente Petro, sus declaraciones son falsas; estamos actuando en nuestro territorio, no en el suyo”, le retó el presidente ecuatoriano Daniel Noboa. Pero a lo largo del martes, las autoridades colombianas confirmaron que el artefacto efectivamente provenía de Ecuador. “Estamos intentando aclarar las circunstancias de cómo llegó hasta allí”, explica el ministro en una conversación posterior a la entrevista.
Sánchez es un ministro singular en un Gobierno de izquierdas como el de Petro. Es un militar —el primero en ser ministro en 35 años— en un entorno que desconfía de los militares. Llegó al cargo después de hacerse conocido mundialmente en 2023 por dirigir el operativo que rescató a cuatro niños indígenas perdidos en la selva tras un accidente de avioneta. Y cuando Petro le ofreció asumir el cargo de ministro, colgó el uniforme. Para él, la única manera de sentirse cómodo dando órdenes a sus generales.
Sánchez, Mayor General de la Fuerza Aeroespacial, y Petro, exguerrillero, forman una extraña pareja, que no está de acuerdo en muchas cosas cruciales —entre ellas la política de diálogo con los grupos criminales—, pero se entienden. Y se respetan. En esta entrevista, el ministro defiende el giro más duro contra los grupos armados tras el desgaste de la llamada “paz total”, la apuesta de Petro de negociar con todas las organizaciones armadas a la vez. El ministro considera que el Gobierno fue “engañado” por esas organizaciones criminales y resume su filosofía con una frase: “La paz, al igual que el amor, no se mendiga”.
Pregunta. El presidente Petro acaba de confirmar que la bomba encontrada en la frontera, en territorio colombiano, es del Ejército ecuatoriano y que emitirá una nota de protesta diplomática…
Respuesta. Sí, eso se confirmó porque ya interactuamos con Ecuador. Mañana [por el miércoles] vamos a seguir hablando con ellos para aclarar detalles de cómo y por qué llegó allá.
P. ¿Ecuador entonces reconoce que cayó una bomba en territorio colombiano?
R. Pero no porque estuviera atacando enemigos o bandidos en Colombia.
P. ¿Y cuál sería la hipótesis?
R. Eso es lo que vamos a confirmar mañana. Lo que podemos inferir en este momento es que se hizo una operación cerca de la frontera con Ecuador y una de sus bombas cayó en el lado colombiano. Las causas, el origen, el saber por qué cayó, ya lo vamos a hablar mañana [por el miércoles].
P. ¿Y los 27 cuerpos calcinados de los que habla Petro?
R. La información que manejamos es de 14 muertos, en otro lugar, en Nariño. Pero ese caso, aunque está bajo investigación, no se trata de bombardeos. Son informaciones preliminares, pero eran dos laboratorios de cocaína que podrían haberse incendiado.
P. ¿Qué tan tensa está la relación con Ecuador después de este episodio?
R. Lo está a nivel político, pero no a nivel de defensa. Claro que esto ha generado una tensión, aunque para mí es una gran oportunidad para instalar más comunicaciones con ellos, para mejorar los protocolos.
P. Usted llegó al Ministerio con la idea de ajustar la estrategia de seguridad tras el desgaste de la paz total. ¿Qué diría que falló, qué se corrigió y qué sigue igual?
R. Si volviéramos a empezar, yo no declararía un cese al fuego al inicio de las conversaciones, sino al final, como resultado de ellas. También habría que tener mecanismos de verificación más efectivos. Pero hay que tener en cuenta que se estaba negociando con carteles del narcotráfico, no con grupos que persigan un ideal. Si con las FARC se desmovilizó el 85% y el 15% siguió delinquiendo, con estos grupos ocurre lo contrario: su interés es el narcotráfico.
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