Mientras los canales oficiales insisten en que los turnos médicos del IESS se gestionan por internet, la realidad en los hospitales públicos del país es otra. Afiliados y jubilados madrugan desde las 3h00 —o incluso pasan la noche en cartones— para intentar conseguir atención médica básica.

Dos mundos paralelos: la promesa digital y la realidad en los hospitales
En los hospitales del Seguro Social se repite una escena que contradice el discurso oficial. Cientos de personas forman filas de madrugada porque, aseguran, es imposible conseguir citas mediante el sistema electrónico. En el Hospital Carlos Andrade Marín de Quito, una madre durmió desde las 23h00 del lunes sobre un cartón, desesperada por una atención urgente para su hijo, informó el canal Ecuavisa.
Mientras tanto, desde plataformas institucionales se sostiene que “atrás quedó el tiempo de madrugar”, afirmación que contrasta con imágenes diarias de afiliados esperando bajo la lluvia y temperaturas cercanas a los seis grados centígrados.
Pacientes con muletas y sillas de ruedas vuelven sin turno
En los pasillos del hospital se observan personas que llegan con bastones, muletas o en sillas de ruedas y que, tras horas de espera, regresan a casa sin atención. La frustración es generalizada, sobre todo entre jubilados y pacientes crónicos que dependen de controles periódicos.
Médicos sin herramientas para derivar o programar consultas
Médicos que prefieren mantener el anonimato explican que el problema tiene causas estructurales.
Por un lado, el sistema solo permite agendar citas dentro de un margen de tres meses, lo que genera un cuello de botella permanente. “No hay traumatología, no hay nefrología”, se escucha entre profesionales y pacientes.
Por otro lado, los médicos no pueden programar directamente interconsultas ni derivaciones. Incluso cuando el paciente requiere seguimiento inmediato, debe volver al sistema general para obtener un nuevo turno, muchas veces con el mismo especialista.
Una escena que se vuelve cotidiana
Las filas interminables, las madrugadas a la intemperie y el uso de cartones como camas improvisadas se han vuelto parte del paisaje hospitalario en la Sierra. Pese a la digitalización anunciada, la atención médica para miles de afiliados del IESS sigue dependiendo del sacrificio físico y del desgaste emocional de quienes buscan ser atendidos.
