No podemos abandonar la preocupación del Pacto Histórico de una paz completa, solo que ahora se está buscando con la fuerza del Estado y la capacidad del sector privado para crecer la economía y la búsqueda de la redistribución de la riqueza.
Si el expresidente Gustavo Petro se lanza a la Alcaldía de Bogotá y gana, las posibilidades de recuperar el poder para el Pacto Histórico en el 2030 son competitivas y, viceversa, si pierde, el candidato de De la Espriella, que podría ser Federico Gutiérrez, tendría una pista de aterrizaje mucho más amplia. Las elecciones de mitaca serían definitivas para las presidenciales.

Adelantársele al venado resulta conveniente porque hay que trabajarle mucho para no dejarle la calle a la oposición. Mantener la antorcha prendida del proselitismo es necesario para dar la batalla. Todo depende, claro está, del éxito del Gobierno de Firmes por la Patria, en especial en dos frentes: la seguridad y la salud.
El desprestigio de los partidos conduce a la necesidad de candidatos fuertes. Ya lo explicó muy bien el exvicepresidente Humberto de la Calle: La democracia está cansada. “Colombia amanece con un presidente nuevo y con un cansancio viejo. Esa es, quizás, la mejor manera de nombrar el momento. Hay alivio en unos, duelo en otros, temor en muchos y una pregunta de fondo en todos: ¿qué va a pasar en este país que ha oscilado, en tan poco tiempo, del deseo de ruptura al deseo de contención? (…) El país que eligió a Abelardo de la Espriella sigue siendo el mismo que eligió a Gustavo Petro. Cambió el juicio sobre el remedio, no la existencia de la enfermedad. La desigualdad sigue allí. El desprestigio de la política sigue allí. La fragilidad institucional en vastas regiones sigue allí. La corrupción sigue allí. El peso de la violencia y de las economías ilegales sigue allí”.
Por tanto, los pianos que tiene en la espalda el señor presidente son muchos y requieren varias cirugías, todas de alto riesgo. La opinión tiene que tener paciencia: “La democracia no se cura en una noche y la transición no es lineal”.
No podemos abandonar la preocupación del Pacto Histórico de una paz completa, solo que ahora se está buscando con la fuerza del Estado y la capacidad del sector privado para crecer la economía y la búsqueda de la redistribución de la riqueza. Hay que convencer a los jóvenes de que la esperanza está viva, para tener una Colombia mejor a la que nos dejó Petro.
El obstáculo es que no sabemos cómo manejar la polarización. Ese precipicio tan grande se atraviesa y no deja que la política sana prospere. Como ya no se le puede pedir al Sagrado Corazón que nos bendiga, estamos a la deriva.
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