Hay momentos en la política que marcan nuestra manera de entender el mundo. La invitación de la República Popular China a una delegación multipartidista del Parlamento Andino fue uno de ellos. Conocer China in situ permite dimensionar una realidad difícil de comprender desde Occidente: estamos frente a una potencia que marca el rumbo del siglo XXI, no solo por su extraordinario desarrollo económico, industrial y tecnológico, sino, sobre todo, por una concepción política determinante: poner al ser humano y su bienestar en el centro.

¿Cómo un país considerado durante años pobre y atrasado terminó disputando el liderazgo mundial? En apenas cuatro décadas, cerca de 800 millones de personas salieron de la pobreza extrema en China. Esta transformación sin precedentes parte de su capacidad para mirar más allá de la coyuntura: planificar a largo plazo, no improvisar: sus planes quinquenales permiten determinar el rumbo del país, sostener políticas de Estado y convertir el crecimiento económico en infraestructura, educación, y el desarrollo rural en nuevas oportunidades.

Verónica Arias, Parlamentaria Andina por Ecuador

Esta visión sistémica cobra vida en iniciativas urbanas como los “círculos de vida comunitaria de 15 minutos”, que permiten acercar la educación, el cuidado de adultos mayores y los servicios esenciales a una distancia máxima de quince minutos, para ello el Estado diseña las ciudades alrededor del ciudadano para devolverle el recurso más invaluable, su propio tiempo, todo esto en metrópolis con más de 25 millones de habitantes como Shanghái.

El salto tecnológico de la nación asiática obedece a la misma lógica humanista. Durante el recorrido fuimos testigos de cómo la inteligencia artificial y la robótica —desde vehículos de conducción autónoma hasta humanoides y robots de asistencia médica— no son fines en sí mismos, sino herramientas para elevar la calidad de vida.

En lugares como Laogang, este enfoque se expande hacia la sostenibilidad: un modelo avanzado de gestión de residuos sólidos que transforma lo que antes era un problema ambiental como la basura en energía para la propia ciudad. Es el desarrollo industrial subordinado, estrictamente, a la preservación y mejora de la vida.

No se trata de calcar un modelo foráneo, sino de asimilar las lecciones de una planificación estatal exitosa, de mirar la vida en colectivo pensando en el bien común general por arriba de intereses particulares. Para Hispanoamérica profundizar los lazos de cooperación con este gigante asiático representa una oportunidad estratégica ineludible en un tablero cada vez más multipolar. China ha demostrado su gran compromiso con la humanidad en su lucha contra la pobreza y fomento de la paz mundial, por ello hoy se erige como la gran protagonista del presente, proyectándose con firmeza para consolidarse como la potencia hegemónica que redefine el orden mundial del siglo XXI.

Verónica Arias, Parlamentaria Andina por Ecuador

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