En el mundo actual, el periodismo debe reforzar su papel democratizador y oponerse a poderosos diseminadores de propaganda maliciosa.

Esta ruta, sin embargo, está llena de obstáculos que evolucionan de manera fluida, en un entorno global cada vez más complejo. En tales conclusiones parecen estar de acuerdo de manera unánime los expertos participantes en la conferencia internacional Global Media Forum, que se lleva a cabo en la ciudad alemana de Bonn.

Jodie Ginsberg, presidenta del Comité para la Protección a Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), intervino para admitir que los periodistas, en ocasiones, «no lo hemos hecho bien a la hora de explicar al público» lo que sucede en este mundo cambiante.

Otro punto de autocrítica es la falta de una estrategia solidaria del gremio, y no podía faltar la mención a un ejemplo recurrente. «Donald Trump individualiza los ataques, dirigiéndolos personalmente contra reporteros, en ocasiones en público y frente a las cámaras. Y cuando eso ha sucedido, nadie de los presentes ha dicho nada. No hablamos en apoyo de nuestros colegas, y si no podemos defendernos a nosotros mismos, ¿cómo le pedimos al público que defienda a la democracia y al propio periodismo?»

A todo esto se suman amenazas externas y concretas, que se resumen de modo contundente. «2025 fue el año más letal para los periodistas, especialmente en el marco del conflicto en Medio Oriente», indicó la presidenta del CPJ. Algunos riesgos contra los periodistas y la libertad de prensa no se limitan a países «en crisis», sino que «también están presentes en Estados Unidos, o aquí, en Alemania» aseveró.

Soluciones globales para problemas locales

«No somos héroes. Somos seres humanos y podemos ser una especie de activistas, pero al final tenemos los mismos problemas que todos», afirmó, por su parte, Elif Akgül, quien se define como «comunista y feminista».

Ella conoce desde su infancia el asedio a la libertad de prensa en Turquía: su padre, periodista, fue perseguido hace décadas como parte de una ofensiva de distintos gobiernos conta intelectuales y disidentes. 

Akgül no banaliza los riesgos de su profesión, que para ella no son un mero recuerdo: fue encarcelada en Turquía debido a su periodismo disidente y solo fue liberada gracias a la presión internacional. Con ese bagaje en su historia, está convencida de que «no es posible reprimir una democracia de manera local. Vivimos en un mundo interconectado. Tanques alemanes fueron usados para reprimir a disidentes en mi país», dijo. Por tanto, considera la experta, las soluciones también deben ir más allá de las fronteras locales.

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