Los impuestos financian escuelas, hospitales, carreteras y sistemas de pensiones. En teoría, además, cumplen otra función clave: reducir las desigualdades. Pero, en América Latina, una de las regiones más desiguales del mundo, los sistemas tributarios parecen estar lejos de cumplir esa segunda misión.

«En América Latina y el Caribe, la política fiscal recauda poco, de forma injusta y profundiza la desigualdad extrema», asegura la organización internacional Oxfam en su publicación Riqueza sin control, democracia en riesgo: por qué América Latina y el Caribe necesitan un nuevo pacto fiscal. Según Oxfam, «la estructura tributaria opera de forma contraria a lo que debería: desaprovecha su potencial de redistribución y protege a quienes más tienen».

Para Verónica Paz Arauco, directora de programas de Oxfam en la región, el resultado es claro: «Hoy quienes sostienen el sistema tributario son, proporcionalmente, quienes menos tienen», asegura en entrevista con DW. «Los hogares de ingresos bajos y medios lo financian principalmente a través de impuestos al consumo», explica desde Bolivia. «Mientras una persona perteneciente al 50 % más pobre puede destinar cerca del 45 % de sus ingresos al pago de impuestos, el 1 % más rico aporta menos del 20 %», critica.

Los impuestos que más pesan

Buena parte de la recaudación fiscal latinoamericana proviene de impuestos al consumo, mientras que los tributos sobre los ingresos, las ganancias y la riqueza tienen un peso mucho menor. Es decir: la región grava más el consumo cotidiano que los grandes ingresos y patrimonios.

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