El hambre aguda azota a 258 millones de personas en el mundo

Una mujer en la provincia de Tangañica, en la República Democrática del Congo, es vista con su hijo severamente desnutrido. En esa crítica situación hay 35 millones de niños en el mundo, principalmente en países de África y Asia. (Foto: Olivia Acland / Unicef)
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El hambre aguda aumenta por cuarto año consecutivo y azota ya a 258 millones de personas en 58 países y territorios, indicó el más reciente informe de la Red de Información sobre Seguridad Alimentaria, divulgado en esta capital.

Esa cifra, correspondiente al cierre de 2022, es muy superior a los 193 millones de personas en 53 países y territorios que padecían hambre aguda en 2021, y la más alta registrada en los siete años de historia del informe.

En 27 de esos países la crisis económica supera a las guerras como principal causa de inseguridad alimentaria aguda y malnutrición.

Otros factores clave son la guerra en Ucrania, con la interrupción de su producción agrícola y alza global de los precios de alimentos y combustibles, las consecuencias persistentes de la pandemia de la Covid-19, y los fenómenos meteorológicos extremos, como sequías e inundaciones, asociados al cambio climático.

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El Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias emplea la clasificación integrada de la seguridad alimentaria en fases (CIF), que contempla cinco niveles: ninguna inseguridad fase 1), estrés (2), crisis (3), emergencia (4) y catástrofe (fase 5).

Según el estudio, más de 40 % de la población expuesta a crisis, emergencia o catástrofe alimentaria reside en sólo cinco países: Afganistán, la República Democrática del Congo, Etiopía, partes de Nigeria (21 de sus 36 estados y el territorio de la capital federal) y Yemen.

La población de siete países se enfrentó a la inanición y la indigencia, o a niveles catastróficos de hambre aguda en algún momento de 2022.

Más de la mitad de esa población se encontraba en Somalia (57 %), pero esas circunstancias extremas también se dieron en Afganistán, Burkina Faso, Haití (por primera vez en la historia del país), Nigeria, Sudán del Sur y Yemen.

Además, en 30 de los 42 principales contextos de crisis alimentarias analizados, más de 35 millones de niños menores de cinco años sufren emaciación (delgadez excesiva) o malnutrición aguda, de los cuales 9,2 millones con emaciación grave, la forma de desnutrición que más contribuye al aumento de la mortalidad infantil.

En América Latina y el Caribe, 17,8 millones de personas, 27 % de la población analizada, está expuesta a altos niveles de inseguridad alimentaria aguda.

En El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras y Nicaragua (cinco de los ocho países analizados) el número de personas en situación de inseguridad alimentaria aumentó de 12,76 millones en 2021 a 13,08 millones en 2022.

Según el informe, las crisis económicas fueron la principal causa de la inseguridad alimentaria aguda en los ochos países, excepto Haití, asolado por la inseguridad, una inestabilidad política, secuelas de terremotos y crisis de salud.

En Colombia, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, la reducción de las oportunidades de ingresos erosionó el poder adquisitivo de los hogares en medio de crecientes desafíos económicos a nivel global, incrementados por los efectos de la guerra en Ucrania.

Los hogares de bajos ingresos que dependen del sector informal siguieron afectados negativamente por las persistentes repercusiones económicas de la pandemia y los fenómenos meteorológicos, sobre todo en Guatemala y Honduras.

La elevada dependencia de las importaciones de alimentos, fertilizantes y combustible, unida a la depreciación de la moneda, sobre todo en Haití y Colombia, aumentó aún más la presión al alza de los precios de los alimentos.

En sus proyecciones mundiales para 2023, el informe señala que los conflictos, las crisis económicas nacionales y mundiales y los fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más interrelacionados y alimentándose mutuamente, crean una espiral de efectos negativos sobre la inseguridad alimentaria aguda y la nutrición.

No hay indicios de que estos factores vayan a remitir en 2023: se espera que el cambio climático provoque más fenómenos meteorológicos extremos, las economías mundiales y nacionales se enfrentan a un panorama sombrío, y es probable que persistan los conflictos y la inseguridad.

Según las proyecciones disponibles, para 38 de los 58 países estudiados en marzo de este año, hasta 153 millones de personas (18 % de la población analizada) se encontrarán en niveles de crisis, emergencia o catástrofe.

Por otra parte, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación  y la Agricultura) el año pasado estimó que 828 millones de personas, más de 10 % de la población mundial (y 150 millones de personas más que al inicio de la pandemia), estaban en alguna de las fases de inseguridad alimentaria o hambre.

La red que elabora los informes mundiales sobre las crisis alimentarias es una alianza integrada por la FAO, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas, la Unión Europea y 13 organismos gubernamentales y no gubernamentales de investigación y trabajo sobre los retos del sector alimentario.

Coninformación de Agencia IPS

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