Desde la mullida poltrona de la indolencia, la vida les parece más sabrosa. Lograron el poder, controlan las alfombras mediáticas, dominan 4 de las 5 funciones y no descartan tomarse la que falta. Ya lo hicieron con el CPCCS. Sólo es cuestión de un piquete armado y listo. Lo que sí le causó disgusto fue la interrupción de sus vacaciones por culpa de fitos y tiguerones. Le bajaron las maletas del avión. Por ahora que Disney espere. Es que se desató el apocalipsis de los que mandan en cárceles y calles. Pensar que hasta hace 5 años éramos el segundo país más seguro de la región. Quisieron con todas sus fuerzas matar al correísmo y mataron a la Patria… Dentro de su burbuja proyectan un espejismo que distorsiona la realidad. Sólo así se explica lo dicho por el premier: “El Gobierno ha hecho todo para dar tranquilidad al país y pienso que lo hemos conseguido” ¿Qué? ¿Dónde vive este señor? 

Pero para el tik tok si, ¡llámenle! El país revienta y se desangra y él feliz bailando al ritmo del “qué chuch…” Están persuadidos de que todo es cuestión de poner en escena un relato mediático para responder al terror que sufre la población ecuatoriana, declarando el enésimo estado de excepción, con toque de queda incluido y tomando como refuerzo la frase de los clásicos represores en contra de los defensores de los DDHH, a quienes descalificaban como “cotorras”. Por allí asomó alguien que advierte que el estado de excepción es una herramienta, no una varita mágica, peor si no se tiene una estrategia, rematando con esta perla: “los gobernantes deben entender que los problemas no se resuelven por decreto, sino con acciones” ¿Quién lo dijo?: el Presidente Bukele de El Salvador. Ya le han de ojerizar por “correísta”. Ni se ha ofrecido… 

“El miedo no anda en burro”, decía la actriz India María. No es una simple percepción que la gente esté asustada con la terrorífica visión de un campo minado por coches- bomba, con sicarios desalmados que asesinan a policías. Pero tampoco puede una alcaldesa reclamar armas para el pueblo. No señora, la seguridad ciudadana es el deber inexcusable del Estado que ustedes ayudaron a desmantelar por odio y “táctica politiquera”. Son vidas en juego, no grotescas promociones de campaña, ante el desprecio popular. Si todos nos armamos, se desataría el horror de una guerra. En un Estado de derechos y de justicia (aunque por ahora sólo en el papel), se afianza el Pacto Social, esa ficción sociopolítica que supone el gran acuerdo para confiar nuestros derechos y garantías a la entelequia jurídica llamada Estado, que los neoliberales reaccionarios lo reducen a su más mínima expresión, al simple policía y garante de sus privilegios. La guerra oficial es en contra de la delincuencia. No pretenda convertirnos en carne de cañón. 

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De lo único que es mío, el tiempo, hasta hoy me he gastado 73. Lo que me resta viviré la sagrada utopía de la recuperación de la Patria que ya vivimos: solidaria e incluyente hasta con los banqueros.

Artículo firmado por Juan Cárdenas 

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