ILUSTRACIÓN

Que para qué le dejó entrar el guardia de la garita; que porqué no llamó al 911, que es crimen pasional y al mismo tiempo femicidio; que el problema es con un policía, no con la Policía. ¿En serio? María Belén Bernal Otavalo no ingresó a un antro de vicio, a una discoteca, a una zona roja, ni a una celda penitenciaria en plena masacre. No señores. Entró a los predios de la Escuela Superior de Policía del Ecuador, al Alma Máter de la Institución, donde se forman los oficiales. En ese escenario se consumó un “crimen atroz”, como lo definió el oficialismo. Allí todos escucharon los gritos de auxilio de la víctima y nadie hizo nada para protegerla ni defenderla, incluso a costa de su integridad y vida, como dicen los manuales. Se quedaron “queditos”, para que no se moleste el superior. ¿Que la agredida debía llamar al 911?, pero si quien contesta es un policía. Se le chispoteó a “tu” general. Cualquiera en sus zapatos hubiera renunciado, pero no, prefirió que el jefe, muy a su pesar, lo bote para “sanar” a la Patria enferma. ¿Crimen pasional? No me digan que pretenden la inimputabilidad del agresor por demencia momentánea provocada por la víctima. Sólo eso faltaría… 

El Mandatario ocupó el foro de la ONU para clamar por ayuda, para combatir la droga y la violencia de género; pero sus asesores no le dijeron que días antes recibieron el Informe precisamente de la ONU sobre Desarrollo Humano, en el que expresamente señala que el Ecuador ha retrocedido una década en su obligación de garantizar Seguridad y Acceso a derechos de la ciudadanía, es decir que los tenebrosos niveles de inseguridad y la imposibilidad de acceder a garantías como salud, educación, trabajo, vivienda, vialidad, que sufre la población ecuatoriana, son observados por el ente mundial con este fuerte llamado de atención como asignaturas pendientes. Entonces, la plañidera oficial cayó en el vacío, tanto que Fernando del Rincón de la CNN increpó severamente al pedigüeño, cuestionándole que para qué buscó el cargo. ¿Sólo por el poder? Hoy se queja por no poder… 

Dejen de tapar el sol con un dedo. ¿Una cobija limpiecita once días después de la desaparición?; ¿sólo encontraron la osamenta?; ¿y los demás tejidos y fluidos corporales? Con un cuerpo en descomposición, ninguno de medicina forense usaba mascarilla. Por otro lado, el principal sospechoso rinde su versión ante la fiscalía, luego de atender a asuntos internos de la Entidad y huye hacia la clandestinidad, en calidad de prófugo de la justicia, sin que nadie lo impida. Son interrogantes que deben aclarar alrededor de este “crimen atroz”, dicho por ellos mismos. 

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Que vengan los expertos internacionales, la CIDH y más organismos de Derechos Humanos para que coadyuven en las investigaciones, sin sesgos ni complicidades. La Policía necesita sanarse con un baño de verdad para que recobre su prestigio. Con María Belén torturaron su confianza y la verdad. La Policía Nacional está para SERVIR y PROTEGER, no más que para eso… 

Artículo firmado por Juan Cárdenas 

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