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Hasta antes de estos últimos larguísimos cinco años, regía en el Ecuador la ley de Defensa del Consumidor, hoy olvidada entre los trastos en desuso de un oscuro socavón de palacio. Alegan los reaccionarios que “para qué”, si el pueblo eligió la ley de la selva. Aún hay gente ingenua que pretende que el Estado le garantice precios justos en bienes y servicios, ignorando que en el neoliberalismo se impone la ley de la oferta y la demanda. Me explico: si vas al supermercado y te escandalizas porque diariamente suben los precios de la canasta de consumo familiar, ¡salado! Si no te alcanza la plata, tienes la “libertad” de no comprar y morirte de hambre. Facilito: ellos acaparan los productos, les ponen el precio de su avaricia, sin límites ni defensa al consumidor. Todos pasan por la caja del terror donde sin ser médicos dietistas, te dicen que debes dejar la carne, el jamón, las bebidas, los carbohidratos, no porque cuidan de tu salud, sino porque no pasa en la registradora tu pobre tarjeta. 

Si vas al mercado, la situación es igual: regateo inútil con los intermediarios que pagan precios de a huevo al pobre productor por sus cosechas y lo venden al valor de su voracidad hambreadora, sin que nadie se moleste. Es que un control de precios fastidia a los acaparadores en su insaciable afán de lucro. Por ellos votó una mayoría manipulada por el poder mediático. Y se ufanan de que estamos a la altura de la yoni, porque ya pagamos precios internacionales por los combustibles. Sólo que allá el salario básico es más del triple de nuestra mísera clase laboral. Nos angustia ver a los empleados de los súper dedicados a la triste labor de cambiar los precios de los productos en las perchas. 

Nos preocupa lo incierto de los resultados de las mesas de diálogo instaladas luego del paro de junio, entre otros objetivos, dizque para obligar al Gobierno al control de precios. Tontómetro le llaman algunos excépticos. Lo de la focalización del subsidio para los combustibles, le cae como anillo al dedo al afán oficial de liberar totalmente sus precios, contrario como es a ningún subsidio y mucho peor para los pobres. Para los ricos hacen exactamente lo mismo, pero le llaman “incentivos”.¿Cómo es eso de que 10 poderosos grupos económicos transfirieron al exterior en el año 2020 casi 5 mil millones de dólares en plena pandemia?, cuando la vida de los ecuatorianos les valió un bledo y abandonaron los cadáveres en portales, calles y parterres; y para que no apesten más los pusieron en ataúdes de cartón y sepultaron en fosas comunes. ¿Cuánto pagaron por el ISD?; ¿A dónde fueron a parar? 

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Mientras nos quedamos sin Patria con la dolorosa expulsión de nuestros hermanos hacia una peligrosa e ilegal migración, donde un niñito de apenas 4 años, cansado de llorar por tanto dolor y abandono, es localizado en la frontera del imperio. Y los chistosos nos dicen que están reactivando nuestra economía y que ya van gastando más de 13 mil millones en inversión social en apenas 14 meses. Al paso que vamos en los 34 meses que faltan, nos liquidan, pues si cerca de 60 mil niños no accedieron al sistema de educación pública y 

80 menores murieron con cáncer porque no fueron atendidos, nos preguntamos ¿dónde están las obras? 

Artículo firmado por Juan Cárdenas 

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