Guadalupe Llori, expresidenta de la Asamblea Nacional

Han pasado 127 años de la histórica Revolución Alfarista que mostró al mundo que tenemos vocación revolucionaria, que como pueblo, somos capaces de cambiar el dogal de la entonces derecha clerical, por una Patria incluyente y solidaria, principios que presidieron la filosofía y la práctica de nuestra reciente Revolución Ciudadana, que también confirmó que no tenemos alma de vasallos, ni aceptamos otro mandato que no sea la voluntad popular. Renovamos el recuerdo de estos grandes acontecimientos de la Historia para refrescar la memoria colectiva y evitar que el poder mediático consuma su cruel consigna de hacernos amar el látigo del verdugo. Gratitud y gloria para Alfaro y Correa, líderes de aquellos ejemplares procesos de transformación en democracia. 

Con 81 votos fue destituida la Presidenta de la Asamblea Nacional. La bancada oficial que incluye a los bisagras y tránsfugas de otros partidos, viendo que todo se había consumado, abandonaron sus curules para preparar la plañidera del pataleo. ¿O será que en palacio le bajaron el dedo? Ya en su condición de asambleísta, la señora Llori vociferó y acusó a diestra y siniestra, que le ampara la justicia (¿qué justicia?), que tiene medidas, que va a impugnar, que van a ver a la salida. Estaba sola, hasta la wipala le había abandonado. Uno que otro vocinglero alquilado con el argumento de las glosas, vomitó su odio con fetidez politiquera, cuidándose eso sí, de que sus amos de turno no le boten el sombrero como le ofendieron las huestes del rugiente en el finado Congreso. 

Se fue dejando un alivio en la actividad política crucificada por su tozudez y mediocridad, por sus reacciones viscerales y malacrianzas, por su básico perfil para asumir la Presidencia de la primera función del Estado. Confundió la función con un quiosco de ofertas y amenazas. Creyó que tenía asegurado el respaldo oficial; pero no le alcanzó, pese a su servilismo de alfombra. Llegó a demandarse a sí misma, pues ella era la representante legal de la Asamblea. Peleó con todos y por todo. Alegó que estaba allí por voluntad divina y que sólo Dios le sacaría del puesto. Ni la reina de Inglaterra. Qué vergüenza. Doctor Saquicela, los ojos del país esperan su cambio de timón. 

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Son prioridades: atender con urgencia la salud pública con recursos suficientes y permanentes; precautelar la educación pública como un derecho humano; combatir las sangrientas causales de la inseguridad ciudadana; activar la economía, creando puestos de trabajo para paliar el terrible desempleo y evitar la generalización de la miseria, con el incontenible aumento de precios de los bienes y servicios. La Reserva Monetaria no es todo, sólo sirve para garantizar los papeles de la deuda externa y los bonos en manos de los grandes grupos económicos. En esta triste realidad, no es una meta seguir atizando la persecución y el odio en contra de un importante sector del Ecuador que en pleno ejercicio de nuestros derechos políticos, optamos por una ideología que en la Década Ganada construyó una Patria para todos, incluso para los banqueros. Los correístas estamos aquí.

Artículo firmado por Juan Cárdenas 

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