ESQUIZOFRENIA EN CARONDELET. Por Abraham Verduga

1473
- Advertisement Article Top Ad -

Un presidente nervioso, disperso, con fe de erratas ni bien terminado el moroso Mensaje a la Nación –dos días duró el chuchaqui tras la farra con los marines-; un vocero incompetente, hirsuto, fabricando alegremente teorías conspirativas en televisión nacional e internacional, porque nada mejor que una espectacular “hipótesis” para morigerar el estado de shock reinante ante la nueva masacre carcelaria (en pleno estado de excepción). 

La “conspiración” vuelve a ser la carta de un gobierno que se descubre esquizofrénico. A estas alturas ya es campeón indiscutido en maniobras elusivas ante la propia responsabilidad. Pareciera que Lasso se empeña en inspirar lástima, ¡pobrecito!, ¿es que no se dan cuenta de que estamos ante una víctima de una panda de malévolos desestabilizadores? Se ruega compasión. 

Negar y pretenderse mártir, pretenderse mártir y negar, sirve para todo: Lo mismo para defenderse de los 600 periodistas que hicieron realidad su sueño de un mundo con su mirada en Ecuador–gracias a los Pandora Papers-, como para dar explicaciones sobre cada una de las crisis que ya enfrenta, y las que vendrán. Conspira Correa desde Bélgica, conspira Nebot, conspira Iza, conspira la Asamblea, el Grupo de Puebla, el ICIJ, la Corte Constitucional, los radares, el mal tiempo… Maldita suerte, ¡todos los astros conspiran en su contra! 

- Advertisment Article Inline Ad -

Parece que la ideología que prevalece hoy es la del cinismo y que lo que realmente importa no es evitar la improvisación, sino adornarla con la apariencia de poder. Es la mediocridad que se envalentona. El peligro del advenimiento del poder mediocre es que convierte en “expertos” a charlatanes y en “desestabilizadores” a los proponentes de sentido común. La razón se torna en amenaza y la mentira en recurso oficial. 

Fue el propio gobierno quien habló de “grave conmoción interna” al decretar el estado de excepción el pasado 29 de septiembre (Art. 1 de Decreto Ejecutivo # 210), no la oposición “desestabilizadora”. ¡Jodido bumerán! No podemos controlar si nuestros funcionarios nos mienten o nos dicen la verdad, pero sí podemos decidir si queremos hacerlos responsables de sus patrañas. Ya hace mucho tiempo que la indiferencia dejó de ser una opción, hemos llegado a un punto en que mirar hacia otro lado nos puede costar la vida.

Que un presidente que ha quedado expuesto de tal modo durante su corta gestión, con un historial de corruptelas y prácticas empresariales reñidas con la ética y la legalidad, con manifiesta incompetencia para gobernar, siga atornillado en el sillón de Carondelet solo se explica por la tolerancia que existe respecto al engaño y las mentiras. Se trata de una expresión inequívoca del subdesarrollo, un problema de índole estructural sobre las vías por las que se informa la gente y por el modo en que ésta ha llegado a naturalizar lo indecente.

Reflexionaba Hanna Arendt en su obra “Los orígenes del totalitarismo” (1951), que los regímenes más atroces se afianzan sobre la violación y el saqueo de la verdad y sobre la premisa de que el cinismo, el hastío y el miedo suelen volver a la gente susceptible a las mentiras y a las falsas promesas de unos líderes empecinados en el poder absoluto. El texto es de una vigencia pavorosa.

Que nadie se engañe, la crisis de régimen a la que asiste el país tiene nombre y apellido: Guillermo Lasso. Ese es el auténtico conspirador contra los intereses de la Patria. Va llegando la hora de reaccionar antes de que sea demasiado tarde.

Artículo firmado por Abraham Verduga

- Advertisement Article Bottom Ad -