Se cumplió la Convención refundadora de la Revolución Ciudadana en Montecristi, donde nació el Mejor Ecuatoriano de todos los Tiempos, conductor y guía de la revolución Alfarista, que cambió el rumbo de nuestra triste historia de sometimiento y explotación. El sábado 30 de agosto acudieron los delegados a nivel nacional, la mayoría de manera presencial, unos cuantos en modo virtual. Se cumplieron los protocolos exigidos por la pandemia, sin que ello limite el gran entusiasmo de los asistentes que compartieron el surgimiento de la mayor fuerza política del Ecuador con nombre propio, con símbolos, colores y más distintivos que de inmediato prenderán en el corazón de la gente que esperaba este acto para la confirmación de su lealtad y la renovación de sus sueños.

Cuando en la otra orilla impera la compra de conciencias, el reparto de tronchas, el tráfico de influencias, la insaciable ambición de los privatizadores, la desinformación de la prensa pautada, acá se reúne el sector progresista para confirmar su tarea de recuperar la Patria secuestrada por los perversos odiadores. “Ésa gente” sólo se activa en tiempo de elecciones, no conocen ni les interesa la democracia partidista, la formación de cuadros, el fortalecimiento de liderazgos. Por eso que sus escogidos llegan con hambre atrasada a arranchar lo que pueden en el sucio mercado de la venta de votos por prebendas. La muestra está en el vertiginoso crecimiento de la bancada oficial en la Asamblea Nacional. No se diga en sus actuales reductos seccionales, donde quieren cargarse con el santo y la limosna, no vaya a ser que se les acaben sus canonjías, como ocurrirá en las próximas elecciones seccionales, cuando reciban el desprecio popular.

- Publicidad Inline Ad -

“No se pierde ningún cansancio generoso; no se pierde ninguna dolorosa paciencia”, histórica proclama del Mashi Rafael en la Convención. La lucha trae cansancio, pero se renuevan las energías con la generosidad de la esperanza. Esperamos resultados a veces con impaciencia; pero no hay que perderla, aunque sea dolorosa. Allí una ligera y limitada impresión de la memorable frase de nuestro Eterno Presidente, que movilizó la conciencia nacional con la fuerza de una impostergable tarea que nos asigna. ¿Autocrítica?: ¡también! “Les regalamos el triunfo, por nuestros errores”, dijo, refiriéndose a la segunda vuelta. Habló de aquel criterio de un correísmo sin Correa y con aplomo ripostó que cuando deje de sumar, dará un paso al costado. O sea  ¡nunca! Mencionó también a los que no se sintieron útiles, sino importantes. Algunos de ellos se quedaron en la crítica de la Convención, por si fracase.

Es horita de contar cuántos quedamos para asumir nuestra tarea de construir progresismo sin vanidades ni exclusividades. Somos y de lejos, la mayor organización política del País. A nuestro lado tienen cabida todos los corazones que laten fuerte por la Patria incluyente, equitativa y solidaria. La única línea roja es la traición.

Artículo firmado por Juan Cárdenas