Eduardo Mendoza, Julio César Trujillo, Luis Hernández, Myriam Félix López y Luis Macas estuvieron ayer en la sede del CPC. Foto: redacción - El Universo

“Que manda a decir el Guarderas que esta semana le toca al Yunda”. Chuta, tanta crítica y arrastre para una simple vicealcaldía de apenas 4 días. A devolver todo lo repartido. Obra de los tristemente célebres transitorios que nos chantaron cortes “de lujo”, cuyo único y mayor mérito para ser nombrados era acreditar su mayor odio a Correa. Cómo se disputan con las uñas y los dientes la Alcaldía de Quito, en grosero desprecio por la voluntad popular expresada en las urnas. La Constitución y las Leyes son doncellas a las que violan impunemente, al ritmo de sus desmedidas ambiciones. En primer año de Derecho se aprende que toda sentencia o resolución requiere estar ejecutoriada para que surta efectos legales; acá no, simplemente prevaleció el amarre y ni bien el juzgador dictó su fallo, ese mismo rato fueron a la carrera a tomarse el sillón del Alcalde, como si se tratara del juego de “quien se sienta primero, gana”

En medio de tanta disputa y forcejeo por el cargo de burgomaestre de la Capital, asoma en escena doña Rosario Granados y declarándose heredera universal de Quito, viene a reclamar su legítima posesión y propiedad de la bella ciudad, hasta Tambillo, dice. Que le asisten los títulos legalmente protocolizados e inscritos, alega. Sus procuradores seguramente han de estar pidiendo al juez que señale plazo para que los quiteños y los chagras tengan la bondad de desocupar la urbe, en provecho de quien dice ser la legítima heredera de nobles marquesas. Sólo que hay un pequeño inconveniente: doña Charito se equivocó de siglo…

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Guerra de traiciones. Yunda traicionó a la Revolución Ciudadana, alegando que no sabía con quien mismo irse, o con mamá o con papá. Terminó decidiéndose por el Guarderas, quien encabezó su lista de Concejales y con su ayuda se alzó con la Vicealcaldía. Estaban hechos. Pero el germen de la traición volvió a mostrar sus orejotas. Esta vez contra Yunda. “Quien a cuchillo mata, a cuchillo muere”, decía un refrán viejísimo y cruel. Lo menciono aquí sólo con fines pedagógicos. Viste Yundita que la traición duele. Porque su segundo a bordo, se hizo de malas amistades y muy pronto aprendió el arte de morder la mano que lo catapultó. Allí también otra traición por partida triple: la nueva Vicealcaldesa se fue llevando a dos amigas y despotricando en contra de la Revolución Ciudadana que auspició sus candidaturas. Mamiticas, ¿y “aura”? Con el rabo entre las piernas…

Amor con amor se paga; la traición paga una sola vez y lo estigmatiza para toda la vida. “Siempre se puede confiar en los traidores, no cambian nunca”, lo dijo el Comandante de la Revolución Sandinista, Tomás Borge. 

Artículo firmado por Juan Cárdenas