La Justicia que debería ser imparcial, impoluta, dar a cada uno su derecho, según Ulpiano; no lo es en los hechos. (Imagen referencial web)
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La Justicia que debería ser imparcial, impoluta, dar a cada uno su derecho, según Ulpiano; no lo es en los hechos. Más bien intenta motivar sus fallos asfixiando al idioma para adecuarlo a la consigna del Lawfare. Esta triste realidad no es patrimonio exclusivo de nuestros lares. No, ¡qué va! Se extiende por el mundo como una mancha de aceite, para dejar como secuela la consumación de la injusticia cuando es resuelta para el atropello de vidas y derechos. En Europa, un falso testigo arrepentido, vuelve a declarar aceptando que mintió para incriminar a Julian Assange en un delito sexual y con ello restar credibilidad a sus irrefutables revelaciones que a través del portal WikiLeaks dejaron al descubierto las atrocidades del invasor imperial en sus guerras de saqueo, con sanguinarias masacres en contra de niños, ancianos y enfermos; incluidos reporteros de la prensa mundial.

Con esa retractación del testigo clave que provocó su enjuiciamiento, el mundo esperó que Assange fuera inmediatamente liberado. No fue así; como tampoco nada ocurrió en el Ecuador, después de que el agente Chicaiza reconoció públicamente que mintió cuando involucró al Presidente Correa en un supuesto secuestro. Dijo en su arrepentimiento, que mintió por presión del doctor Trujillo y de sus pupilos, bajo amenaza de ser condenado a 9 años de prisión si no decía que Correa le ordenó el secuestro. Si aceptaba, como en efecto lo hizo, iría a la cárcel por pocos meses y asunto arreglado. Estos dos hechos se parecen tanto que responden a la misma paradoja de disfrazar de  justicia a un acto de la más atroz injusticia.

¿No les parece similar al proceso incoado acá en contra del Defensor del Pueblo? Para contestar esta interrogante hay que analizar los objetivos que buscan los perseguidores togados de allá y de aquí: intimidar y callar a Assange para que no siga revelando los horrendos crímenes de guerra que gracias a él, los conoce el mundo, con el deterioro de la imagen del gran policía del mundo. Acá, para acabar con el Correísmo, protagonista de la Década Ganada que construyó un estado de bienestar incluyente y solidario que afectó los privilegios y canonjías de algunos pelucones. Y lo más reciente: para desvirtuar el Informe de la Comisión de la Verdad, Justicia y Reparación, que contiene conclusiones sobre los graves hechos de octubre 19, como la definición de delitos de lesa humanidad que deben responder los odiadores. El aludido informe no fue elaborado por el Defensor del Pueblo, como mienten los corifeos neoliberales, sino por la Comisión integrada por los doctores: Sybel Martínez Reinoso, Juan Carlos Solines Moreno y Xavier Zavala Egas, los tres ni de lejos correístas. 

En estos escenarios, el linchamiento mediático es el telón de fondo, para escandalizar machacando con la versión pautada, o para callar, sin que les importe la verdad ni la reparación de garantías y derechos, valores que no están en el giro de sus negocios…

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Artículo firmado por Juan Cárdenas

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