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No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder (Benjamín Franklin)

Ecuador era un país de licenciados y doctores (y nos iba mejor). Hoy lo es de científicos(as), investigadores(as), PhD y académicos(as). Regla proporcional simple: a mayor cantidad de  científicos, mayor desarrollo de un país. Aquí lo contrario. Las extensiones universitarias parroquiales, las secretarias municipales de salud, los centros de salud tipo B están llenos de científicos(as) que llaman “papers” a sus publicaciones y que ahora firman con sus dos apellidos, formando uno extranjerizado compuesto, poniendo un guion en el medio, ejemplo: Guamanluisa-Patta. Todo en medio de un país al borde de una catástrofe, donde nos disputamos la última cama de UCI y no resolvieron nada.

Ni hablar del Ministerio de Salud Pública (MSP). Ese ente obeso con un ministro, 2 viceministros, 5 subsecretarios, 5 coordinadores generales, 41 directores nacionales, 9 coordinadores zonales, un centenar de directores distritales y 4 entidades adscritas, sin contar que los hospitales se engordan con gerentes, subgerentes, directores médicos, administrativos, de planificación jurídicos, jefes de compras, farmacia, bodegas, atención al usuario, etc., etc.

Por ese ministerio, los últimos 4 años pasaron: una médica recién graduada, una médica de distrito, un cardiólogo improvisado, un cirujano bariátrico, un emergenciólogo. Todos con el autobombo de “científicos”, pero que no administraron ni la tienda de su mamita. El desastre entonces era previsible.

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Prueba y error: en abril del año pasado se nombró al que la historia recordará como el peor ministro de Salud Pública -y eso que hemos tenido realmente malos-. No tenía un Plan Nacional de Vacunación (solo en su cabeza a decir del Presidente), no gestionó la compra masiva de vacunas con diferentes farmacéuticas, no testeó, hizo vacunatorios VIP, no preparó la infraestructura ni el equipamiento de áreas críticas, descuido la Atención Primaria de Salud para atender diabéticos, hipertensos, hipotiroideos y el esquema de vacunación y el crecimiento-desarrollo de los niños. 

Su negligencia olvidó a pacientes catastróficos, con enfermedades raras, HIV positivos y pacientes en espera de trasplantes. Tampoco diseño una estrategia para mitigar la larga lista de espera de cirugías programadas represadas desde hace ya varios años. Eso sí repartió autos de lujo a falsos discapacitados.

La culpa ha sido nuestra: En el campo administrativo durante estos 4 años se permitió de manera cómplice que las mafias del reparto hospitalario sobrevivan indemnes: hay gerentes y directores de hospitales que llevan 14 años en el puesto y que ahora trasladan su responsabilidad al ciudadano. Es como cuando uno va a la tienda y el dueño le pregunta, “en que le ayudo” (no, “en que le puedo servir”), cargando “su” responsabilidad en nosotros los ciudadanos. No es coincidencia entonces que ese discurso lo use desde el “capitán Zapata” (ex animador de multitudinarios y alcoholizados conciertos de tecnocumbia), hasta Gerentes de hospitales, quienes trasladan las dolorosas consecuencias de una mala administración y una pésima gestión de la pandemia a la población a quienes ahora llaman: inciviles, irresponsables, ignorantes y antisociales culpables del contagio.

 Zapatero a tu zapato: esperamos que los hospitales del país no sigan gerenciados por bioquímicos, acuicultores, ingenieros en marketing, doctoras en contabilidad, abogados, licenciados en comunicación y doctores “televisión”, burócratas funcionales que salen todos los días a culpar a los pobres que necesitan llevar un pan a su casa y que no dicen pio de la responsabilidad de quienes nos gobiernan. Eso sí, para hacerse notar, quedar bien, mostrarse eficientes y por las dudas quedarse 4 añitos más ya no tuitean más al pobre “Lenin” y la inmaculada vicepresidente, sino a todas las nuevas autoridades electas, incluido Jaime Nebot (¿)…quien no debe entender para que el Coordinador Zonal 9, le cuente que ya vacunó a los viejitos de 90 años…si es su obligación remunerada.

 El nuevo ministro: por lo tanto felicitamos al nuevo ministro(a) de Salud, una persona íntegra y honesta, profesional salubrista de trayectoria, conocedor de las políticas públicas sanitarias y epidemiológicas del país, que ha recorrido la historia y geografía del Ecuador, un profesional respetable en el ámbito local y con contactos internacionales en las principales agencias sanitarias del mundo, amigo y colega respetado de los ministros de la región. Con honor, sentido común, humildad y que estamos seguros contará con el apoyo y la estabilidad del Presidente y Vicepresidente de la República y se rodeara con la experiencia de los mejores hombres y mujeres profesionales sanitaristas que lo asesoraran en un país con un sistema de salud ya colapsado y al borde del peor desastre humanitario.

Respetuosamente el país espera no se equivoquen de nuevo y no nombren a un amigo de respetables especialidades como proctólogos, traumatólogos o cirujanos plásticos. La subsistencia y el futuro del país no soportarán otro error. La pandemia merece un opositor armado de verdadero conocimiento en Salud Pública, no otro “científico chimbo”.

Artículo firmado por Pablo Izquierdo Pinos

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