En la búsqueda de la gobernabilidad nadie renuncia a su naturaleza política ni a su militancia partidista; se trata de un acto de alta conciencia cívica, en obediencia a la voluntad de la mayoría electoral que decidió por una tendencia, conveniente o no, pero ésa es la voz del soberano.
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En el marco de la Constitución de Montecristi cabe el concepto de la gobernabilidad, sin que ello implique el renunciamiento a las legítimas posiciones ideológicas que identifican a los actores políticos, tanto más que se garantiza el accionar de la oposición en democracia, con el ejercicio de un estatuto que goza de garantía constitucional. Entonces en la búsqueda de la gobernabilidad nadie renuncia a su naturaleza política ni a su militancia partidista; se trata de un acto de alta conciencia cívica, en obediencia a la voluntad de la mayoría electoral que decidió por una tendencia, conveniente o no, pero ésa es la voz del soberano.

Lo que pasa es que esparcieron tanto odio y animadversión en campaña, que a los anticorreístas no les cabía espacio para una acción de nobleza política; y ciertamente se sorprendieron, y hasta se defraudaron cuando el presidente Correa y el candidato finalista Andrés Araúz, reconocieron al ganador, este último inclusive le llamó al presidente electo para desearle el éxito. Esto no se esperaban los odiadores, inundados como estaban de las más bajas pasiones y listos para la bronca, como lo hicieron en 2017 con chillidos de fraude y amenazas de incendiar Quito. Ningún escándalo; por el contrario, en ese momento de adversidad, la Revolución Ciudadana dio una clara lección de respeto a la voluntad de la mayoría y de generosidad democrática, ofreciendo su aporte a la gobernabilidad del nuevo gobierno, sin arriar la bandera del progresismo.

Cuando la campaña se convirtió en una brutal ofensiva de calumnias, distorsiones y mentiras, por obra de la abyecta perversidad de un muy bien pagado fabricante de simios, nadie se esperaba esa generosa actuación llena de valores, de la candidatura oponente. Es cuando se levanta la estatura del verdadero Líder que asume su rol con sencillez y valentía, con sabiduría y desprendimiento por la Patria; y no solamente para reconocer  los resultados, sino para ofrecer nuestro contingente en la búsqueda de la gobernabilidad. ¿Entenderán esto los odiadores? Se quedaron pasmados, con el cuchillo entre los dientes y los puños crispados para gritar sus miserias. Una vez más dimos la medida de nuestras convicciones de dignidad y vocación democrática.

Acá también hay sorpresas y sorprendidos. Se levantan voces críticas y algunas frustraciones que las tramitamos en el marco de nuestra democracia interna, con la confianza de que la militancia progresista entiende el momento político que asumimos con responsabilidad histórica y visión del futuro. Aquí cabe recordar aquella frase memorable de Fidel Castro: “A los revolucionarios se les cuenta dos veces: la primera para saber cuántos somos y la segunda para saber cuántos quedamos”. 

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Desde la tristeza de una pérdida muy apretada, levantamos la voz por la Patria con nuestro contingente generoso, sin cálculos mezquinos, para ofrecer la gobernabilidad que precisa el mandatario electo, a cambio de que cese la persecución, el Lawfare, en contra de nuestros Líderes y Lideresas, pues con el mandato del domingo 11, dejó de ser la opción de una suma de partidos y movimientos de la derecha neoliberal, para convertirse en el Presidente del Ecuador que tanto amamos. El costo lo asumimos con más consecuencia y lealtad; entonces volveremos a contarnos para ver cuántos somos. Seremos las mismas multitudes que soñamos con la esperanza del retorno de la Patria que fuimos capaces de forjar, bajo el liderazgo del Mashi Rafael.

Artículo firmado por Juan Cárdenas  

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