“Si la realidad no coincide con mis palabras que pena para la realidad” John Locke

Sin ninguna planificación arranco la “repartija” (reparto de algo en forma desordenada) de las cuatro mil vacunas de dos dosis para el coronavirus. Viniendo de un Gobierno inconsistente del que no se sabe si está subiendo o bajando las gradas, ya nada extraña. Imaginemos el caos que causarían al vacunar a millones de habitantes. Sí, el ejemplo más contundente de esta confusión  es justamente la relacionada con la llegada de las escasísimas vacunas de Pfizer.

Apoteósico: en pleno aeropuerto, en medio de una algarabía, frente a una prensa novelera, parcializada, nada crítica ni cuestionadora, y con un ministro de salud militante con el puño en alto presidiendo el operativo con el apoyo de las Fuerzas Especiales, el GOE, el GOM, la UMO armados hasta los dientes, decenas de burócratas y la indulgente señora vicepresidenta, llegaron por fin cuatro mil dosis completas de vacunas para apenas cuatro mil afortunados ecuatorianos. Ni el aguacero en Guayaquil los detuvo. El contenedor era enorme, digo esto porque esas vacunas -por su poca cantidad y tamaño- cabían tranquilamente en una nevera tamaño de oficina. El continente más grande que el contenido. Pero había que apelar a la espectacularidad y la fanfarria. Los improvisados y demagogos siempre apelan a lo emocional.

Los discursos fueron épicos: “un día histórico”, “el final de la incertidumbre”, “es el comienzo del fin de la pandemia en Ecuador”, “somos el segundo país de América en recibir la vacuna” (Chile recibió ya  500 mil dosis). “Empezaremos a vacunar al personal de primera línea en las ciudades de Quito, Guayaquil, Cuenca y la provincia de Azogues” (sic) dijo el ministro, que parece no conocer mi tierra, el terruño de Luis Cordero Crespo, José Peralta, Andrés F. Córdova, Nela Martínez, Alejandro Serrano Aguilar, Eliécer Cárdenas. Autollamándose “científico” e “investigador” dista bastante de un intelectual que conoce la geografía política y sanitaria del país. Eso no. Lo que dice mucho.

La realidad no coincide con las palabras: Será por esa falta de liderazgo y formación que respecto a ese misterioso plan de vacunación que comenzó con tumbos en el país el 21 de enero, la población no conoce ninguna información veraz ya que para generar confianza tiene que haber una transparencia absoluta, datos y evidencia sólida para cumplir con lo ofrecido: llegar a vacunar 116.000 mil personas por día y alcanzar al 70% de la población como vienen sosteniendo. ¿Cómo harán para cumplir con lo que dicen…por decir?

En Cuenca -por ejemplo- se vio en las redes sociales que en medio de una parafernalia de seguridad un servidor del Ministerio de Salud Pública (MSP) con ropa de calle y sin guantes siquiera, sacar de un contenedor grandote un pequeño “cooler”  y “amarcando” el tergopol se abre paso entre decenas de curiosos que asombrados toman fotos y el pobre señor entra corriendo al Centro de Salud Número 1.  Seguramente lo colocó -como dicen los protocolos- en los “ultracongeladores” que mantienen la vacuna a menos de 70 grados centígrados. Equipos que ya adquirieron varios países del mundo (incluido Chile con quien nos comparamos). O en la refrigeradora. O en hielo seco. ¿Quién sabe?

Recordemos que las vacunas de Pfizer se mantienen a menos de 70 grados centígrados, equiparable a una de las temperaturas más bajas de la Antártida. Cierto que en Cuenca hace frío, pero el solcito del mediodía en el parque Calderón es canicular. Entonces, si alguien saca las vacunas directamente desde el lugar de dónde fueron transportados, en la caja con hielo seco (que es lo que tenemos) se preservan alrededor de 15 días y ojo que tienen que calcular en no abrir la caja más de dos veces por día. Si esas vacunas las colocan en una refrigeradora común como las que tenemos en todos los hospitales solo durarán 4 días como máximo. Una vez que ponen la cajita de tergopol de vacunas con hielo seco sobre una mesa, porque para administrarlo tienen que preparar el vial que contiene 5 dosis, luego que esta se descongela dura apenas 10 horas. Por lo tanto la logística para vacunar al 70% de la población ofrecida y poder alcanzar la “inmunidad de rebaño” no es un asunto de novatos. Requiere de condiciones técnicas y físicas especiales y sobre todo de un líder nato con experiencia, sabiduría y sentido común en el MSP. No de un papanatas cualquiera.

Los elegidos: Los amigos, las chicas de comunicación, los colegas del hospital privado donde la autoridad es accionista, el médico ocupacional, los administrativos, la asistente guapa del Gerente hospitalario no son primera línea…o sí. La Autoridad Sanitaria Nacional (el Ministerio, no el ministro), en un comunicado de prensa estableció que el personal de primera línea para la vacunación son médicos, enfermeras, auxiliares, residentes, fisioterapistas respiratorios y personal de apoyo y limpieza en aéreas de atención de pacientes Covid-19 de hospitalización, UCI, emergencia, triaje respiratorio. El presidente citó además a militares y policías como servidores de primera línea. Se advirtió que si algún funcionario público incumple lo establecido será separado de su cargo y puesto a órdenes de la Fiscalía. 

Una imagen vale más que mil palabras: Como hay vacunas para apenas cuatro mil ecuatorianos, tanto en el IESS como en el MSP se colaron los “vivos” de siempre y los recomendados de las autoridades dejando por fuera al personal de salud que están directamente en contacto con pacientes portadores del coronavirus. Se anunciaron sanciones ejemplares para los responsables.

Con esa misma lógica implacable habría que confirmar también la autenticidad de unas imágenes que ahora son públicas en las redes sociales en donde se observa al mismísimo señor ministro de Salud, cambiado con un mandil con el logo de un hospital privado de Quito  -ya no con el mandil del MSP que lo usa reiteradamente todos los días- recibiendo él mismo, las vacunas enviadas por él desde el MSP a ese hospital y su Geriátrico VIP. ¿Abuso de autoridad? ¿Incumplimiento de funciones? ¿Tráfico de influencias? ¿Mal ejemplo? ¿Ingenuidad? ¿Ninguna excepto la última? De confirmarse este hecho sería gravísimo, ya que como él organismo rector sanitario lo estableció: “el funcionario será separado de su cargo y puesto a ordenes de la Fiscalía”. Interrogado el viceministro sobre este tema y por qué no quiere responder, balbuceo: “porque no quiero” y se fue corriendo.  La prensa “independiente”: silencio de radio. Presagio de la hecatombe que se viene.

Artículo firmado por Pablo Izquierdo Pinos

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