El debate del 16 y 17 de enero, convocado por el CNE, no el cuete de un periódico odiador, fue el enfrentamiento de 15 contra 1. Los 15 en representación del viejo país, rabiosos odiadores al correísmo, quienes se ubicaron estratégicamente para atacar al único candidato de verdadera oposición. Era el concierto de los complotados, tratando de hacerle el agua lodo al postulante del progresismo. No les sirvió de nada, ni siquiera con el agua virtual del Yaku.  Todos le nombraron al Gran Ausente; y mientras más lo hacían, más crece la intención de voto a favor de Andrés Araúz. Una vez más el odio envenado les pasó factura.

Y eso que tomaron todas sus precauciones, a saber: escogieron una comisión organizadora del debate, cuyos integrantes acreditaron un odio visceral al Mashi Rafael, demostrando que han botado bilis de amargura, tipo don Simón, o el Ricaurte de Fundamedios y los demás de la misma especie. Con ello se aseguraron de maniobrar el debate a favor de sus pupilos. Pusieron, luego cambiaron a última hora a los moderadores, asegurando que también pertenezcan al club del odio. Nada de imparciales ni serios tucushcas, había que aprovechar el escenario para hacer escarnio de Andrés, ridiculizarlo al máximo, para enterrarlo en el olvido ciudadano. Un clásico “carga montón”

Con la energía de su juventud que ni el covid hizo mella, con la experiencia de su servicio público a través de la Revolución Ciudadana con niveles de excelencia, pidiendo paciencia y amarrándose el hígado, afrontó todos los cuestionamientos y actitudes capciosas, con mucho solvencia y capacidad. Explicó para la gente sus propuestas, aprovechó la atención mediática para difundir un mensaje creíble, realizable, factible. Expresó a grandes rasgos sus proyectos, siempre con parsimonia, pausa y tolerancia, ante las alevosas insinuaciones de los complotados. Craso error de ellos, por insultar, desprestigiar y atacar a Correa, perdieron la ocasión de mostrarse al electorado. Andrés en cambio, con su imagen de bondad que inspira confianza en sus palabras, hizo lo que desea el pueblo: dibujó el sueño de recuperar la Patria y lo más importante: les dijo cómo hacerlo y la gente le creyó. Y creció.

Qué ironía: los del CNE frenéticos por acabar con la imagen y hasta la voz del Mashi Rafael, en tanto la gallada de candidatos reaccionarios y odiadores, repitieron su nombre hasta el cansancio. La gente se pregunta: ¿por qué tanto odio, tanto ataque?, ¿por qué le niegan sus más elementales derechos, hasta el de la voz? Sencillo. Porque le tienen miedo a la voluntad popular. Los muertos que ellos matan gozamos de buena salud…

Artículo firmado por Juan Cárdenas

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