Se conmemoró el Día del Periodista Ecuatoriano, cuya figura emblemática es Eugenio Espejo, el prócer de la pluma valiente y luchadora en sus “Primicias de la Cultura de Quito” del siglo 18. Con él nació la Deontología como norma suprema del periodismo de oficio: irreverente, investigador, que no da tregua, honesto, transparente, pluralista, ejercido sobre todo por BUENAS PERSONAS.

Se conmemoró el Día del Periodista Ecuatoriano, cuya figura emblemática es Eugenio Espejo, el prócer de la pluma valiente y luchadora en sus “Primicias de la Cultura de Quito” del siglo 18. Con él nació la Deontología como norma suprema del periodismo de oficio: irreverente, investigador, que no da tregua, honesto, transparente, pluralista, ejercido sobre todo por BUENAS PERSONAS. Acá y en pleno Siglo XXI, es mucho pedir esas cualidades en fanáticos sicarios de tinta, pantalla y micrófono, odiadores contumaces, integrantes de las mesas directivas que deciden qué se publica y qué no. Caricatura de un oficio indispensable para confrontar al poder en sus abusos y errores. No para sustituir a los partidos políticos reaccionarios de la derecha más recalcitrante, que han hecho minga para destruir el país con tal de acabar con el “correísmo”. Ése no es periodismo, es odio que enferma, intoxica y destruye más al odiador. Y se atreven a llamarse periodistas, porque tienen plata para comprarse un medio de comunicación, donde se publica lo que ellos quieren y se calla lo que les conviene. Mercachifles mediáticos.

Volviendo la página es alentador celebrar el día del Periodista con la noticia de impacto mundial que informa la decisión de una jueza inglesa de no autorizar la extradición de Julián Assange a los Estados Unidos, donde el imperio le esperaba con las fauces abiertas de la venganza, para confinarle de por vida a una mazmorra; o de una vez “darle el vire”, como dice el pueblo, porque cometió “el delito” de publicar sus irrefutables investigaciones a través de WikiLeaks, que dejaron al descubierto las atrocidades de los invasores saqueadores que imponen por el mundo sus intereses a sangre y muerte. Conocimos de criminales bombardeos de exterminio a escuelas, asilos, hospitales, repletos de población civil, niños, mujeres, ancianos, sucesos macabros escondidos y silenciados por una consigna mediática imperialista.

Assange, australiano de nacimiento y ecuatoriano por naturalización, publicó exactamente lo que lo hizo el influyente diario londinense The Guardian; pero al periódico no le investigaron. Se ensañaron con el creador de una de las herramientas virtuales de investigación en línea más profesionales y completas, como WikiLeaks. Quedó para la memoria del mundo el asilo que le concedió el Presidente Correa al periodista e investigador Julian Assange. Un acto que nos llenó de honor y reconocimiento. Lo que vino después de la Revolución Ciudadana, es para el olvido; pero quedamos marcados en la retina planetaria por ese triste episodio de permitir la invasión de la policía británica a nuestra Embajada en Londres, para vejarlo y llevarse a nuestro ilustre asilado.

En este memorable día saludamos a los periodistas de barricada, a los que son leales a su noble profesión, a los que no claudicaron pese a la intimidación y represión, con esta nota que pretende convertirse en un desagravio por toda la injusticia y persecución que soportaron los hermanos Bravo. Nos toca seguir, con la mira puesta en el bien colectivo, en la práctica de valores; así también en la denuncia incondicional de actos y hechos que violen derechos y principios sin temor ni favor. FELIZ AÑO NUEVO.

Juan Cárdenas

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