En estos casi cuatro años nos han tenido con el sonsonete de la corrupción. Fue la consigna macabra para atacar a la Revolución Ciudadana y su Década Ganada. La intención fue borrarla de la memoria colectiva, desacreditar sus obras y conquistas sociales, desprestigiar a sus dirigentes con el perverso mecanismo de una brutal persecución, para lo cual contaron con la anuencia de jueces funcionales al LAWFARE, con el auspicio del poder mediático y el protagonismo del banquero que sin ganar elecciones ha gobernado a su antojo y egoísta beneficio, tanto que en los albores de este gobierno declaró con prepotencia y desacato a la moral y a la ley, que preferían sacrificar la economía del país con tal de acabar con el correísmo. Claro que consiguieron destruir al País y arrasar con los derechos de la gente; pero eso de desaparecer al Mashi Rafael: ¡imposible!, él está en el corazón del pueblo.

Hemos sido víctimas de una tenebrosa ofensiva, endilgándonos la acusación de corrupción. Pero veamos las cifras oficiales de la ONU, confirmadas por otros organismos como Transparencia Internacional y el Departamento de Estado de USA. De 1996 a 2007, durante los gobiernos de Bucaram, Alarcón, Mahuad, Lucio y Palacios, el Ecuador incrementó 111 puestos en el ranking de la corrupción; de 39 llegaron a 150 entre los más corruptos de la Región. Es durante el gobierno de la Revolución Ciudadana que se logra disminuir el ranking de la vergüenza en 30 puestos, sin olvidar que el gobierno de los Estados Unidos condenó duramente a la corrupción imperante durante los gobiernos de la vieja partidocracia.

Entonces, ¿quiénes han sido los corruptos? Y lo siguen siendo con atracos y chanchullos en plena pandemia, sin olvidar que mientras se pudrían cuerpos humanos insepultos en las calles de Guayaquil, la cuadrilla de corruptos negociaba con escandalosos sobreprecios, hasta las fundas para cadáveres, pasando por insumos médicos, mascarillas, raciones alimenticias, contratos hospitalarios para el reparto en el sucio mercado de votos en la Asamblea Nacional. Lo de la corrupción les estalló en su propia cara, tan es así que buscaron y rebuscaron en las cuentas del Presidente Correa, del Vicepresidente Glas y no encontraron nada; y tuvieron que condenarlo por “influjo psíquico” y por haber recibido y pagado un préstamo de seis mil dólares, de una caja de solidaridad de los servidores de la Presidencia. ¿Y lo de los setenta mil millones que le acusaron de haberse llevado?: puras calumnias rechazadas por la ciudadanía.

Gritaron con sus cajas de resonancia: “cojan al ladrón”, para esconder entre la confusión un botín arranchado a los irrenunciables derechos de la inmensa mayoría de ecuatorianos que aprendió a valorar el poder de su voto para recuperar su estado de bienestar. Entonces, ¡a cuidar los votos!

Artículo firmado por Juan Cárdenas

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