El 27 de diciembre de 2017, la Asamblea respaldó la propuesta del gobierno de Lenín Moreno, para que el dinero electrónico deje de ser administrado por el Banco Central del Ecuador y pase a manos del sistema financiero nacional (bancos y cooperativas). Ésta fue una de las primeras jugadas de Moreno, en total sintonía con las necesidades de los banqueros, su preocupación estuvo en las pérdidas que estaba registrando la banca, y no, en cuán bien la hacía al país, a la economía nacional y al ciudadano.

A agosto de 2017, existían 360.916 cuentas de dinero electrónico, 4.860 establecimientos trabajaban con este medio de pago y se había realizado transacciones por más de 47 millones de dólares.

Finalmente, la banca privada logró su objetivo y, para conseguirlo, deslegitimó y desprestigió el uso del dinero electrónico administrado por el BCE; una vez, en sus manos, aplaudieron a Moreno y, entonces, ahora sí, este mecanismo de pago, renombrado BIMO (Billetera Móvil), resultó una fabulosa idea y un jugoso negocio. Debemos resaltar que esto significó la muerte del dinero electrónico, porque luego de la aprobación de la Asamblea, pasaron 21 meses, para que BIMO saliera a la luz.

El Dinero Electrónico durante la Revolución Ciudadana fue concebido como una nueva herramienta de pago, que respondía a múltiples beneficios.

En 2014, el ex Presidente, Rafael Correa lo creó como medio de pago. Tan fácil de usar para pagar los servicios básicos, comprar bienes, pagar impuestos en el SRI, cuotas del RISE, declaraciones y matriculación vehicular y envío de remesas desde el exterior, a través de un celular. Su funcionamiento no exigía tener acceso a internet y no requería tener una cuenta con un depósito inicial. Su activación se hacía con un teléfono celular conectado a alguna operadora y la cédula de identidad.

Como medio de pago estaba respaldado 100% por dólares de los Estados Unidos de América u oro de las Reservas Internacionales del Banco Central del Ecuador.

Este nuevo mecanismo, administrado por el Banco Central del Ecuador, restó el protagonismo a la banca tradicional y privada, porque la ciudadanía ya no tenía la necesidad de utilizar billetes, monedas, cheques, tarjetas de crédito u otros instrumentos bancarios. Evidentemente, ya no había necesidad de seguir los trámites exigidos por la banca y pagar tarifas y comisiones por cada transacción.

Como servicio de bajo costo, permitió la inclusión económica de algunos sectores de la sociedad, que, usualmente, no accedían al sistema financiero. Es decir, la población de bajos recursos económicos, siempre estuvo excluida del acceso a los servicios bancarios tradicionales.  Asimismo, se contempló la implementación de estímulos tributarios. Las empresas y personas también resultaron beneficiadas con la devolución del IVA por el uso de este medio pago, así como las MIPYMES pagaron menor anticipo de Impuesto a la Renta.

Lo que inicialmente nació sin costos para el ciudadano, ahora, los banqueros aplican 0,09 centavos más IVA por cada transacción. Así como, cobran 0,45 centavos más IVA como recargo, por cambiar dinero electrónico por dinero físico, cuando antes, con el BCE no debían pagar nada.

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