“La dignidad de la región exige la salida de Almagro” – Fernando Yépez Lasso

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La historia de la OEA como instrumento de la política exterior de los Estados Unidos de América es triste y vergonzosa. Por ello ha sido calificada como el “Ministerio de Colonias” de la gran potencia del norte.  La OEA, lamentablemente, ha avalado, ha justificado o ha guardado cómplice silencio frente a acciones contrarias a los principios consagrados en su propia Carta y en otros importantes instrumentos del sistema interamericano, que han vulnerado la soberanía, la democracia y los derechos humanos en varios países de la región. Imposible olvidar las intervenciones en Guatemala, Nicaragua, República Dominicana, Chile, Bolivia, Grenada, Panamá o la Guerra de las Malvinas, entre otros episodios que han marcado la vida de nuestra región.

            La gestión del actual Secretario General, Luis Almagro, traidor a los ideales de Pepe Mujica, de quien fue Canciller, y repudiado por su partido político en el Uruguay, tiene un lugar destacado en las páginas de vergüenza de la historia de la OEA. El servil alineamiento con los objetivos de la política exterior de los Estados Unidos en el hemisferio, reflejada, por ejemplo, en los sensibles casos de Venezuela o en la elección del Presidente del BID; sus arbitrarias posiciones y acciones personales más allá de la voluntad y el mandato de los Estados miembros, evidenciadas en sus tesis intervencionistas en Venezuela que en más de una ocasión generaron críticas e incomodidad en algunas Cancillerías del propio Grupo de Lima; su abusivo papel para evitar la legítima reelección del Secretario Ejecutivo de la CIDH y la polarización de la región con una marcada hostilidad hacia los gobiernos progresistas, no alineados con la políticas de Washington, son hechos que han caracterizado su labor en estos años, labor contraria a los principios de la Carta de Bogotá y a la vigencia de la democracia y los derechos humanos.

            Merece mención especial el ignominioso papel cumplido por la OEA y Almagro en el fraude electoral en 2019 en Bolivia, el posterior golpe de estado y la brutal represión por el gobierno de facto de Ánez, hechos que violaron la soberanía, la democracia y los derechos humanos del pueblo de ese hermano país. Almagro es responsable directo de esa barbarie, representada por las masacres de Senkata y Sacaba. Un papel nefasto, vergonzoso, inaceptable, que es la negación misma de las normas y principios que deben defender la OEA y su Secretario General. El aplastante triunfo de Luis Arce y David Choquehuanca en las elecciones de 18 de los corrientes marca la inequívoca voluntad democrática del pueblo boliviano y pone en evidencia, una vez más, a Almagro como uno de los artífices del fraude, de la ruptura del orden democrático y del atropello de los derechos humanos en un estado soberano miembro de la OEA.

            El gobierno de México de manera oficial, el Grupo de Puebla, personalidades de la región y centros académicos han solicitado la renuncia de Almagro. El ex Presidente Evo Morales y el Presidente electo, Luis Arce Catacora, han sido muy claros al respecto y han puntualizado la responsabilidad de Almagro en los trágicos hechos en Bolivia en 2019. ¡Almagro tiene las manos manchadas de sangre!

            El gobierno de Moreno, que en forma irreflexiva y servil apoyó la reelección de Almagro, no se ha pronunciado sobre la inaceptable permanencia de Almagro al frente de la Secretaría General de la OEA. Nada dijo al respecto en la Asamblea General de la Organización en esta semana, escenario idóneo para tal fin, que fue bien aprovechado por algunos países de la región para puntualizar su posición sobre el particular. Nada se puede esperar de un gobierno que ha ejecutado una política exterior tan servil y entreguista, que reconoció a Guaidó; que entregó a Assange; que destruyó UNASUR; que apoyó la reelección de Almagro; que promovió una candidatura para la Presidencia del BID contraria a los acuerdos y equilibrios regionales; y que reconoció y apoyó al gobierno de facto de Äñez, sin pronunciarse jamás sobre la ruptura del orden democrático y las violaciones de los derechos humanos.

            Dudo que Almagro renuncie. Será necesario entonces, luego de la posesión del Presidente Arce, iniciar una acción política y diplomática regional para lograr su remoción de acuerdo con lo previsto en la Carta de la OEA. El desprestigio y las evidencias son tan grandes que Almagro ya no es útil en ese cargo ni para los Estados Unidos de América, que probablemente pronto cambiará de gobierno, y sus serviles aliados. Su permanencia en la Secretaría General de la OEA es inaceptable: carece de la autoridad moral, de la seriedad, de la credibilidad necesarias para el ejercicio de sus funciones. Y sus hechos deberán ser juzgados en las instancias pertinentes.

¡La dignidad de la región exige la salida de Almagro!                                              

Artículo firmado por Fernando Yépez Lasso, ex Vicecanciller del Ecuador

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