“El triunfo en Bolivia es del pueblo, de la dignidad, de la soberanía..” – Fernando Yépez Lasso

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El contundente triunfo de Luis Arce Catacora y David Choquehuanca, candidatos del MAS-IPSP en las elecciones presidenciales en Bolivia el día de ayer, tiene un profundo significado para la historia de ese país hermano y de toda América Latina. Es la victoria del pueblo, de la dignidad, de la soberanía, de la democracia frente a las élites ciegas, neoliberales y racistas; frente al poder imperial de los Estados Unidos de América, su “Ministerio de Colonias” y su servil Secretario General; frente a un ignominioso golpe de estado, la persecución y la brutal represión contra las mayorías.

            Los marginados y excluidos de siempre conocieron el respeto, la dignidad y el bienestar con Evo Morales, líder histórico de los pueblos indígenas y de los movimientos sociales bolivianos, quien llegó al poder gracias a su lucha permanente y a la voluntad de su pueblo expresada reiteradamente en las urnas de manera libre. Nadie puede negar los logros económicos y sociales, así como la estabilidad democrática en el período 2006-2019 en Bolivia. Una nueva Constitución, crecimiento económico espectacular, reducción significativa de la pobreza, inversión y obra pública, educación, salud, defensa y uso de los recursos naturales y estratégicos para beneficio nacional, creciente bienestar y cultura, integración regional y presencia soberana en el mundo son algunos hitos sobresalientes de este período en la historia del hermano país. Luis Arce Catacora y David Choquehuanca, desde el Ministerio de Economía y la Cancillería, respectivamente, fueron protagonistas fundamentales de estos hechos destacados.

            Este ejemplar proceso político, económico y social, producto de la voluntad democrática del pueblo boliviano, fue interrumpido en 2019 por el fraude contra el legítimo triunfo electoral de Evo Morales y el posterior golpe de estado, consumados con la vergonzosa participación de la OEA y su descalificado Secretario General. Con las élites en el poder, además de la persecución a los líderes del MAS y de la brutal represión al pueblo, retornaron las políticas económicas neoliberales, el racismo, la negación de derechos, el incremento de la pobreza y la desigualdad, así como el abandono de una política internacional soberana e integracionista por una acción externa servil y entreguista.

            Pero el pueblo boliviano luchó valientemente y logró que, finalmente, el gobierno de facto convoque a elecciones. La aplastante victoria del MAS-IPSP en las elecciones de ayer no es solamente la reivindicación del legítimo triunfo de Evo Morales en las elecciones de 2019, sino la inequívoca expresión democrática de la voluntad popular de continuar y profundizar un proceso política, económico y social que ha beneficiado a las grandes mayorías, que ha permitido el desarrollo del país con educación y salud, que ha dado contenido real a los derechos humanos y dignidad a los marginados de siempre, que ha defendido la soberanía y los intereses nacionales. Es, asimismo, el rechazo categórico del pueblo boliviano al modelo neoliberal excluyente, que profundiza la desigualdad y la injusticia, así como a las élites insensibles y divorciadas de la realidad nacional profunda y de las legítimas demandas de las mayorías.

            El retorno de los gobiernos progresistas en América Latina es una realidad por la voluntad de los pueblos de nuestra región, expresada en forma libre y democrática. La breve restauración conservadora de los últimos años en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile y Ecuador ha sido muy dolorosa para las grandes mayorías, que reconocen perfectamente a los gobiernos que privilegian al ser humano sobre el capital, así como en qué momentos vivieron mejor, con respeto y dignidad, con trabajo y remuneraciones dignas, con educación y salud, y reflejan estos sentimientos en las urnas.

            Argentina, Bolivia, México y muy pronto Ecuador, con el seguro triunfo de Andrés Arauz en las elecciones de febrero próximo, conjuntamente con otros países hermanos, trabajarán nuevamente, con el mismo compromiso, por la reconstrucción de la imperativa integración regional, por la defensa de la soberanía y de nuestros recursos naturales y estratégicos, por la cooperación y la solidaridad internacionales para enfrentar la pandemia y sus consecuencias de todo orden, por la vigencia de los derechos humanos y el creciente bienestar de nuestros pueblos, por las mejores causas del Sur en desarrollo y la construcción de un mundo más justo, equitativo y solidario, regulado por las normas y principios del derecho internacional.

¡JALLALA BOLIVIA!  ¡VIVA LA PATRIA GRANDE!

Artículo firmado por Fernando Yépez Lasso – Ex Vicecanciller del Ecuador

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