La historia: Espejo de Escarmiento

Saadat Aghajani, embajador de la República Islámica de Irán en Ecuador


Hace cuarenta años, en esos días, el dictador iraquí, Saddam Hussein, una figura favorita en aquel momento entre muchos países reclamantes de DDHH, y poseedor de variedades de armas modernas y avanzadas, hizo sonar los tambores de la agresión militar contra Irán, en donde había surgido, solo 19 meses antes, una gran transformación ocasionada por la Revolución.

Dada la situación inestable que vivía Irán en ese momento, el ambicioso Saddam anunció que estaría en Teherán dentro de una semana. Sobre el papel y basado en sus cálculos, veía al ejército, que estuvo bajo su mando y sofisticado con las modernas armas letales, mucho más cohesionado que el ejército iraní. El dictador iraquí incluso creía que el pueblo iraní, debido a las dificultades económicas, extendería la alfombra roja para él. En este contexto, Saddam calificaba la invasión a Irán como un periodo de recreo.

La pesadilla de Saddam no se convirtió en realidad. Su invasión a Irán duró 8 años. La agresión se extendió incluso a la población civil y se amplió con el uso de armas químicas contra el pueblo iraní. Durante todo este tiempo, los patrocinadores de Saddam en aquella época, que eran muy numerosos, actuaban meramente como unos espectadores. ¡Quizás estaban satisfechos con la muerte del pueblo iraní por medio de las armas que le vendieron a Saddam! Porque así pensaban en tanto ganar mucho interés, como sofocar la voz de los iraníes que gritaban en pro de la independencia

La invasión de ocho años de Saddam a Irán resultó en el martirio de más de 220.000 iraníes, y dejó heridos a casi 700.000 otros más. – Favor de leer estos números no con cálculos matemáticos, sino con lentes humanitarios. – Muchos niños quedaron huérfanos, y varios padres sufrieron por la pérdida de sus hijos. Hermanos, hermanas y parejas enamorados fueron separados para siempre. No obstante, ni un solo centímetro del territorio iraní fue cedido a extranjeros tras ocho años del conflicto desigual.

De hecho, ¿Por qué Saddam, pese a su superioridad militar y apoyos político y financiero que recibía en ese momento, no consiguió arrodillar a los iraníes? “Error de cálculo” puede ser un término adecuado para responder a esta pregunta. Saddam y sus seguidores actuaban sobre la base de componentes y herramientas materiales del poder. No eran conscientes del hecho de que los iraníes adoran a su patria como a Dios. El poderío principal de Irán fue por este amor y esta afición. Los iraníes tienen un conocido dicho: “Damos nuestra sangre, nuestras vidas y nuestras familias, pero nunca un pedazo de nuestra patria y nuestro honor”.

En los últimos 250 años, los iraníes nunca han arremetido contra algún otro país, ni han tenido avaricia alguna hacia los demás países. Pero esta Nación ha dado lecciones inolvidables a los agresores. Aunque Saddam y muchos de sus partidarios se fueron, pero Irán y los iraníes siguieron permanecidos y orgullosos. Por lo tanto, aquellos que hoy amenazan militarmente a Irán y hablan en cuanto a sus línea roja, capacidades financieras-militares y etcétera, deben leer con atención la historia de ocho años de invasión de Saddam y su humillante derrota ante Irán, ya que así no cometerán un error de cálculo igual que cometió Saddam.

La historia es un espejo de escarmiento. Que la leamos bien.

Saadat Aghajani
Embajador de la República Islámica de Irán en Ecuador

Confirmado.net / Embajada de la República Islámica de Irán en Ecuador

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