El cafetín de los idiotas. (O) Ramiro Aguilar Torres

Hace pocos días Andrés Arauz, candidato de la Unidad por la Esperanza, planteó la posibilidad de que, en caso de ser elegido presidente de la República, repatriaría capitales. ¿Cuáles capitales? Pues aquellos que año a año salen de la economía nacional hacia el extranjero.

 La fuga de capitales de la economía ecuatoriana es un problema muy serio. Las consecuencias inmediatas son: ausencia de reinversión; enanismo del sector privado; desempleo; y salida de divisas. Cada año los negocios rentables en el Ecuador: petróleo, telecomunicaciones, minería, bancos, y universidades privadas, sacan sus utilidades del país. Año a año, se produce y presta el servicio en Ecuador y se saca el dinero fuera. Es un desangre económico que nos impide crecer.

Lo lógico sería que los excedentes de utilidades se reinviertan; esto es, que sus dueños crean en el país y generen nuevas industrias o hagan más grandes sus negocios. No obstante, esto no ocurre. El mercado de bienes y servicios en el Ecuador es caro, especulativo y pequeño. Los grandes grupos económicos se quedan con lo justo para el año siguiente, el resto sale a paraísos fiscales, libres de tributación.

Para que los dueños de estos capitales quieran regresarlos al país, debe haber incentivos. No hay forma de que el gobierno obligue a una persona a traer de vuelta el dinero una vez que salió del país. Los incentivos suelen ser de carácter tributario o una especie de amnistía financiera. En otras palabras, traiga su dinero y el gobierno no preguntará mucho de dónde salió la fortuna, ni por qué o cómo su dueño la sacó del país. 

Hasta aquí el misterio no está en la evidencia de que hay capitales fugados, ni en el hecho de que el Ecuador necesita ese dinero de regreso. Arauz pone en el tapete lo obvio. Lo que no dice -porque es una cuestión harto compleja-, es ¿Qué mieles ha de ofrecerse a los dueños del dinero expatriado para que vuelva al Ecuador?

Lo asombroso no es, por tanto, lo plateado por Arauz. Lo terrible fue la rabiosa respuesta de los ignorantes devenidos en sabios de la economía. Blogueros de alquiler, analistas políticos de twitter, y voceros de cualquier tema que les abra un micrófono, salieron a morder a Arauz acusándolo, de incautador.  Tal como lo lee. Lo acusaron de comunista.

En un país donde hay más de trescientas mil personas desempleadas por la pandemia; donde más del sesenta por ciento de la población económicamente activa trabaja informalmente. En un país con cerca de treinta mil muertos por el COVID 19, la ferocidad y la ignorancia quisieron instalar en el debate el hecho de que Arauz quiere colectivizar la propiedad e incautar dinero.

No hay forma de colectivizar, aunque se quisiera, algo que está fuera de la jurisdicción ecuatoriana.

Si Arauz quiere repatriar, tiene que dar beneficios a los dueños del capital, no quitarles nada. Algo tan obvio como esto y que venía implícito en la afirmación del candidato presidencial, fue deliberadamente tergiversado para crear el miedo.

Está tan alelada la discusión política en el Ecuador que la gente come y traga estos argumentos sin masticar. En diez años de gobierno de Rafael Correa no se incautó nada a nadie. No hay razón para que se vuelvan locos y lo hagan ahora. Todo lo contrario, fueron la Democracia Cristiana y el Partido Socialcristiano los responsables políticos de la incautación de dinero de los ecuatorianos en el feriado bancario de 1999.

Yo he sido crítico con la política económica del gobierno de Rafael Correa; pero incautación, no hubo. Todo lo contrario, durante esos diez años salieron capitales del país. El gobierno de Correa tampoco fue capaz de impedirlo, ni resolver el enigma de cómo hacerlos volver. 

Ecuavisa, Teleamazonas, radio Democracia, 4 Pelagatos, La Posta, Vistazo, El Comercio y El Universo, etc., son una rueda. Los mismos analistas se pasean de un lado a otro, repitiendo mecánicamente sus frases. Buscan sembrar en la opinión pública la falsedad como verdad indiscutible a fuerza de ser repetida.

Por suerte el pueblo llano, vive la realidad en la calle. La gente sufre en carne propia el desempleo; el abuso de los bancos y universidades (que en ocasiones pertenecen a los mismos dueños); y la especulación en los precios. El pueblo no necesita ver TV ni oír radio para entender que la economía ecuatoriana debe cambiar absolutamente, que el sistema no da más.   

A Andrés Arauz le falta mucho para cuajar y eso es evidente. También es cierto que en la campaña le darán con todo. Se metió a soldado, tendrá que aprender a marchar. Ni tiene ganada la presidencia ni es un comunista. Todo lo demás es charla para el cafetín de los idiotas. 

Artículo firmado por Ramiro Aguilar Torres

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