Frente Progresista: ¿Una meta imposible? (O) Ramiro Aguilar Torres

Hay un buen ejercicio para saber cuál es la ubicación exacta de una persona en el plano cartesiano de la política. Trace usted una línea horizontal (eje X) y una línea vertical que la cruce (eje Y). En el eje X, al lado izquierdo se encuentra la forma de pensar en la que se busca el fortalecimiento del Estado para prestar mejores servicios públicos; un mayor control y regulación del mismo sobre el mercado; la redistribución de la riqueza mediante el impuesto a la Renta; la protección económica a los sectores más vulnerables de la población mediante subsidios, etc. En el extremo opuesto, se ubicarían los que piensan que hay que limitar absolutamente el tamaño del Estado; reducir los impuestos; no limitar la acumulación de riqueza; dejar las áreas de salud, seguridad social, educación en manos privadas; en suma, dejar que el mercado opere solo y que sobrevivan los más competitivos.

En el eje Y, en la parte de abajo, se ubicarían las personas más liberales en tema de derechos, esto es, aquellos que piensan que se debe reconocer los derechos en sus modalidades más vanguardistas: legalización del aborto; eutanasia; matrimonio igualitario; derechos de la Naturaleza, etc. Conforme se va ascendiendo en el cuadrante Y, la postura sobre estos temas va siendo menos tolerante y restrictiva de derechos.

Como se puede apreciar, hay cuatro cuadrantes donde puede ubicarse el pensamiento político humano. Así encontramos personas de izquierda que pueden ser más o menos conservadoras o personas de derecha que pueden ser más o menos liberales.

Hacer el ejercicio al que hago referencia en los párrafos anteriores, le permitirá saber si usted es de izquierda o de derecha, liberal o conservador; y desde luego sabrá cuan alejado o cerca se encuentra de los extremos, que, por regla general, son fundamentalistas y dogmáticos.

Definirse de izquierda o de derecha; liberal o conservador, no es tan complejo como los políticos dogmáticos quieren hacer aparecer.

En los últimos días en el Ecuador se ha librado una batalla en redes sociales entre quienes se atribuyen el copyright de la izquierda. Los custodios del dogma, los puristas, los que ven cualquier acercamiento hacia otros sectores como claudicación o traición. Atención que esto ocurre solo en la izquierda liberal o conservadora; porque la derecha (liberal o conservadora) va viento en popa hacia las elecciones del 2021 con dos cartas para primera vuelta: Guillermo Lasso y Otto Sonnenholzner; y cerrarán filas en torno a cualquiera de ellos que llegue a segunda vuelta.

“Si la izquierda sobrevivirá en el futuro, tendrá que renovarse; buscar formas de aglutinar grupos sociales cada vez más diversos en su propio interior y proponer objetivos creíbles de transformación social. (…)  Ha llegado el momento de asumir que el objetivo no puede ser una sociedad ideal que nazca en el vacío histórico de las buenas intenciones sino el proceso interminable a lo largo del cual mejorar la convivencia y ampliar derechos en una sociedad que no puede recrearse ex novo como en juego de racionalismo utópico”, dice Ugo Pipitone y tiene toda la razón.

La cuestión es que el Neoliberalismo no triture al Progresismo en las elecciones presidenciales del Ecuador en el 2021; porque acá se está jugando algo mucho más importante que los simples ejercicios teóricos de los politólogos y los economistas. Acá está en juego la vida (en sentido literal) de las ecuatorianas y de los ecuatorianos.

Solo quiero topar dos puntos: empleo y deuda pública.

En materia de empleo, en los últimos días he escuchado a varias personas que han tenido que aceptar trabajos de más de ocho horas con un salario de un dólar la hora. La desesperación hace que se vean obligados a precarizar sus derechos laborales y sacrificar su derecho a la seguridad social. Eso, ¿está bien?  ¿Nos llevará al crecimiento económico y a la prosperidad? No. Todo lo contrario, agudizará la pobreza.

En materia de deuda pública es vergonzoso como el gobierno de Lenin Moreno está llevando el proceso de renegociación de la deuda. Un grupo minoritario de acreedores ha puesto como condición para aceptar la renegociación que el Ecuador firme un acuerdo irrenunciable con el Fondo Monetario Internacional. Esto implica una cesión peligrosísima de soberanía sobre la política económica del Ecuador en los próximos diez años. 

El ladino gobierno de Moreno, una vez más, trata de esquivar a la Asamblea Nacional en los acuerdos con el FMI, orillando al país a firmar un acuerdo “irrenunciable” e “inconstitucional” que costará caro deshacer y devastador cumplir. 

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos”, decía José Martí; y que actuales son sus palabras para describir al Progresismo ecuatoriano. 

Si el Progresismo no se une, irá dándose codazos al despeñadero.

Artículo de opinión firmado por Ramiro Aguilar Torres


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