Ley de EE. UU. sobre Xinjiang resulta una acción atroz de hegemonía y doble rasero.

En Xinjiang además hay una clara lucha para derrotar a la pobreza.

La firma por parte de Estados Unidos de una ley sobre la región autónoma uygur china de Xinjiang, a pesar de la fuerte oposición de China, resulta otro acto flagrante de interferencia en los asuntos internos chinos y una clara muestra de la hegemonía y los dobles raseros del país norteamericano.

   Con el pretexto de los derechos humanos y la libertad religiosa, la llamada “Ley de Política de Derechos Humanos Uygur de 2020” calumnia y agrede los fructíferos y ampliamente reconocidos esfuerzos antiterroristas de China en la región autónoma uygur de Xinjiang, ubicada en el noroeste del país.

   Cerrando los ojos ante lo que realmente está ocurriendo en Xinjiang, la ley está basada en rumores, fabricaciones y reportajes distorsionados e incluso falsos de Radio Free Asia, una notoria herramienta estadounidense para ejercer su hegemonía.

   Desde 1990 hasta finales de 2016, los separatistas, extremistas religiosos y terroristas cometieron varios miles de actos de terrorismo en Xinjiang, matando a un gran número de personas inocentes y cientos de agentes policiales.

   Sin embargo, ningún acto terrorista ha tenido lugar en Xinjiang en los últimos tres años desde que la región comenzara a ofrecer la formación profesional y los programas de educación.

   Hasta el momento, todos los estudiantes se han graduado de estos centros y han conseguido adquirir las habilidades vocacionales. Cuentan con puestos de trabajo asegurados y viven una vida normal.

   La acción de Estados Unidos sobre Xinjiang es típica de sus dobles raseros en la lucha contra el terrorismo, con el fin de catalogar los pasos legales y justos de China como “violaciones de derechos humanos”.

   De hecho, la lucha de China contra el terrorismo y el extremismo es coherente con el principio de la Organización de las Naciones Unidas para combatir este flagelo y garantizar los derechos humanos básicos.

   Durante su estancia en estos centros, o en formato de internos, los estudiantes han gozado de asistencia sanitaria gratuita y han sido totalmente respetadas sus costumbres y derechos, de acuerdo con las leyes nacionales y regionales de China.

   El motivo oculto de Estados Unidos detrás de la legislación es claro: contener el desarrollo de China y sembrar la discordia entre China y otros países. No obstante, tales acciones necias están condenadas al fracaso.

   En lugar de calumniar infundadamente a China, Estados Unidos debería resolver sus graves y apremiantes violaciones de derechos humanos.

   La trágica muerte del afroamericano George Floyd el mes pasado en Minnesota es sólo la punta del iceberg del grave racismo arraigado en Estados Unidos.

   Una tragedia mucho mayor es el número de fallecidos por coronavirus en ese país, superior a las 116.000 personas, que sin dudas constituye una consecuencia directa de la caótica respuesta de Estados Unidos ante la epidemia y su menosprecio por los derechos humanos básicos, agravado por su fracaso institucional.

   La oleada de crímenes de odio, frecuentes tiroteos y abusos brutales contra los afroamericanos por parte de la policía, las disparidades raciales en el empleo y la intolerancia religiosa, son algunos de los numerosos ejemplos de violaciones de los derechos humanos en este país, el más desarrollado del mundo.

   Además, las guerras desatadas por los Estados Unidos en regiones como el Medio Oriente han causado enormes bajas civiles.

   Xinjiang de China está en su mejor período de desarrollo, mostrando unidad étnica, estabilidad social, desarrollo económico y mejorías en el bienestar de la gente.

   La región está a punto de eliminar la pobreza absoluta este año junto con el resto del país. Entre 2014 y 2019, Xinjiang sacó a casi 3 millones de personas de esta situación y su tasa de pobreza pasó del 19,4 al 1,24 por ciento.

   Actualmente, existen alrededor de 24.400 mezquitas en Xinjiang, una por cada 530 musulmanes. La lengua y cultura étnicas están bien protegidas en la región. Un número récord de 200 millones de turistas visitaron la región el año pasado, un aumento de más del 40 por ciento interanual. Esto habla mucho del buen desarrollo de la región.

   El doble rasero y los actos hegemónicos de Estados Unidos van en contra de la tendencia de la historia. Si los políticos estadounidenses son racionales, cuidan de los intereses de su pueblo y no quieren que su país caiga en descrédito en el escenario internacional, deben abandonar su mentalidad de Guerra Fría y dejar de entrometerse en los asuntos internos de China.

   Resulta imperativo que Estados Unidos corrija sus errores de inmediato antes de causar graves daños a las relaciones China-Estados Unidos y, en un final, a sí mismos.

Comentario editorial de la Agencia XINHUA

Confirmado.net

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