EE. UU.: ¿Menos presupuesto para la Policía tras el caso Floyd?

Después de la muerte de George Floyd, la Policía de Mineápolis no será la misma de antes. No solo ha cambiado el estado de ánimo de los guardias a la luz del movimiento de protesta nacional. El Ayuntamiento de Mineápolis también ha anunciado planes para reestructurar completamente la Policía de la ciudad.

“Estamos decididos a desmantelar la Policía de Mineápolis tal y como la conocemos y a trabajar con nuestra comunidad para construir un nuevo modelo de seguridad pública donde la gente esté realmente segura”, dijo la concejala Lisa Bender a CNN.

Pocas llamadas de emergencia por crimen

Bender y sus colegas analizaron las llamadas de emergencia de la gente en Mineápolis y determinaron que la mayoría llama al número universal de emergencias 911 no para reportar un crimen, sino para emergencias médicas o para llamar a los bomberos. El Consejo discutirá cómo se podría reestructurar el departamento policial de la ciudad y en qué forma se podría utilizar el presupuesto liberado. Sin embargo, esto no significa que la ciudad vaya a abolir completamente su fuerza policial en un futuro próximo, dice Bender.

Desde la muerte del afroamericano George Floyd el 25 de mayo, después de que el policía blanco Derek Chauvin se arrodillara sobre el cuello de Floyd durante casi nueve minutos, los estadounidenses han pedido un cambio fundamental en la Policía y han recordado a otras víctimas negras de la violencia policial: a Eric Garner, que también fue asfixiado en Nueva York en 2014 durante una acción policial, o a Brionna Taylor, a quien dispararon en su departamento una noche a mediados de marzo policías que no se identificaron como tales cuando entraron. Esta es una lista que podría continuar indefinidamente.

Primeras ciudades recortan presupuestos

“El racismo en nuestros organismos encargados de hacer cumplir la ley ha existido durante décadas”, asegura Charles P. Wilson, presidente de la Asociación Nacional de Oficiales Negros, una organización que incluye a unos 9.000 agentes. “Tales casos son una plaga de proporciones casi epidémicas para las comunidades negras”, escribió Wilson a DW en un correo electrónico.

Este “racismo sistémico” es lo que los estadounidenses recuerdan en las manifestaciones de todo el país con su movimiento denominado “¡Quita el financiamiento a la Policía!” (“Defund the police”). Y los políticos parecen estar escuchando. Hasta el momento, los alcaldes de Los Ángeles y Nueva York han reducido el presupuesto de su departamento policial para 2020 o planean reducirlo para 2021. Otras grandes ciudades quieren seguir el ejemplo.

Dinero para las escuelas en lugar de porras

La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), una organización no gubernamental liberal que promueve los derechos civiles, es defensora declarada del movimiento “¡Quita el financiamiento a la Policía!”. Hay muchos más policías en EE. UU. de los que se necesitan “si el objetivo es la seguridad o la justicia” y no la represión, dice Lizzie Buchen, experta en justicia penal de ACLU, en una entrevista con la revista Forbes. En lugar de una presencia policial masiva en barrios de influencia latina o afroamericana, dijo, se necesitan inversiones en escuelas, viviendas y sistemas de salud.

Ahorrar en fuerzas policiales podría permitir que ese dinero fluya hacia otros áreas desatendidas, crear nuevas oportunidades para personas de comunidades desfavorecidas y reducir así el crimen y la violencia. Para ACLU, no se trata de abolir la Policía por completo, sino reducirla.

Por su parte, el candidato presidencial demócrata, Joe Biden, quiere abordar el problema de manera diferente: “No apoyo la reducción de los presupuestos policiales”, dijo a CBS. En lugar de eso, según Biden, el dinero del gobierno destinado a las agencias policiales de cada ciudad solo debe aprobarse con la condición de que los oficiales “cumplan con ciertos estándares de decencia y equidad”.

Policías negros, “ciudadanos de segunda clase”

Los más fuertes opositores a estas reformas policiales de gran alcance son los sindicatos de la Policía. Tienen más miembros que la mayoría de los otros sindicatos, se les considera muy influyentes en EE. UU. En la mayoría de los casos, respaldan a los agentes que son criticados por violencia excesiva. Sus miembros tienen contratos de empleo que hacen extremadamente difícil el despido por mala conducta. Además, hacen grandes donaciones para las campañas de políticos cercanos a ellos. “Y luego nos sorprende que no logremos ningún cambio”, criticó Charles Ramsey, exjefe de policía de Washington, en CNN.

Al otro lado del espectro se encuentran organizaciones como la Asociación Nacional de Policía Negra y la Asociación Nacional de Oficiales Negros. El presidente de esta última, Charles P. Wilson, que estuvo en el servicio activo desde 1971 hasta su jubilación en 2016, sostiene que la Policía debe asegurarse de que los agentes enfrenten las consecuencias de su mala conducta.

El racismo contra los afroamericanos también es un problema en el seno de la Policía. “Muchos oficiales [negros] se sienten como extraños y sienten que son tratados como ciudadanos de segunda clase por sus propios jefes”, comenta Wilson y añade que “reciben poco o ningún apoyo, y experimentan mayores niveles de discriminación”. Los policías afroamericanos son invaluables para mejorar la relación entre las fuerzas policiales y el vecindario en el que trabajan. “Cuando los ciudadanos ven que sus policías son un reflejo de la gente de su comunidad, tienen mayor confianza en que los oficiales entiendan sus problemas y preocupaciones”.

Con información de Deustche Welle

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