“El Loco que ama y el asustado”. Artículo de Xavier Lasso.

En 2017, ya en el gobierno de Moreno, regresó Bucaram al país. Tras 20 años de exilio, auto impuesto, como otras muchas veces, para burlar las órdenes de detención que unos jueces, sobre los que siempre guardaremos sospechas, habían dictaminado. “El loco que ama” duró en la presidencia lo que “un perro en misa”: de agosto de 1996 a febrero de 1997. Su caída se explica también por las veleidades de una política que inventó lo de la incapacidad mental para gobernar, la Constitución no daba para más, pero a esos políticos, repletos de cinismo, las formas, esas que en los temas legales son claves, les ha importado siempre un bledo.

Abdalá Bucaram es parte de una familia, fueron 12 hermanos y hermanas, que en la política, en términos generales, ha dejado una enorme estela de corrupción: las trazas de su accionar se desvanecen; los daños infligidos a la sociedad ecuatoriana quedan ahí, como marcas en la piel a las que preceden hilos de sangre. El dolor y la sangre, como siempre, es aporte del pueblo ecuatoriano.

Bucaram Ortíz está otra vez en líos con la justicia, el allanamiento a su casa desveló que ahí se guardaban cajas y cajas, cientos, con pruebas rápidas del coronavirus, mascarillas y otros insumos que debían estar almacenados en el hospital Teodoro Maldonado Carbo del IESS. 

Ya desde octubre o noviembre de 2019 se había destapado los hechos de corrupción en ese hospital, llegando a amenazas y agresiones físicas contra los que osaron denunciar sobreprecios, bodegas vacías y tantas otras cosas de la más pura y dura corrupción que ni siquiera se conmueve frente al dolor y sufrimiento del pueblo, por la pandemia del coronavirus.

Bucaram y sus hijos no ocultaron su respaldo a Moreno, incluso lo visitaron en octubre, en Guayaquil, para hacer ostensible semejante jugada política. 

Así que resulta, otra vez, muy cínica la posición de este gobierno que tiene en la cara de Moreno, como despistada, desconcertada, asustada, la insignia de este catastrófico momento nacional. Sabemos que los personajes, no siempre dignos de admiración, que mueven los hilos, probablemente recibiendo incluso instrucciones externas, son la señora Romo, Jarrín, Roldán. 

Bucaram se jactaba que, no hace mucho, quizá solo un mes hace, conversaba de política con la señora Romo (no hallo forma de recuperar su nombre porque sería un trato que perteneció a otra época, cuando se supone que ella era defensora de las garantías ciudadanas), así que cuántas cosas, consiente o inconscientemente, fueron labrando, manipulando.

Bucaram con arresto domiciliario, beneficio de su edad, de todas maneras medida sustitutiva a las que ningún “correista” tiene derecho, -a Morales, el ataja goles, hoy los hace, también se las dieron en 24 horas-, deberá ir contabilizando cuántos se van bajando de su camioneta. Presidente, así de familiar, cálido, ha sido el trato que el oportunismo político le ha expresado. Pero es solo oportunismo, sin coherencia alguna, ya cambiarán de cara y seguirán adelante, aunque sea muy distinto a lo que predicaban ayer.

Estamos, de todas maneras, en los prolegómenos electorales, de todo veremos, el confinamiento hace que algunas de esas vergüenzas se nos escapen.

Artículo de opinión de Xavier Lasso


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