Hicieron lo que les dio la gana. Juzgaron, lapidaron, destruyeron y condenaron a todo aquél que se atreva a amenazar el status. Callaron en cambio para encubrir, esconder, disimular. Claro que en esos medios nada es gratis, todo cuesta un ojo de la cara: para mentir, calumniar, desinformar, un precio; para hacerse de la vista gorda, para enmudecer, otro precio. La famosa pauta que cuando no llega a tiempo, ahí les va el chantaje. Pero de un tiempo a esta parte como que ya la gente no les cree, ya no les ven, oyen o leen como antes que eran los infalibles. Algunos programas están saliendo del aire. Los tirajes, a pesar de haberlos reducido hasta de tamaño, se quedan en bodegas, algunos lo usan únicamente para limpiar vidrios.”Ni para madurar aguacates”. Frase célebre.

Vuelven a alinearles con el reparto de frecuencias. Allí caen toditos, henchidos de desmedidas ambiciones y de competencia entre ellos. A los que se atreven a conservar una línea editorial que sólo obedece a la verdad y a la deontología periodística, les complican con exigencias interminables, mientras a la gallada rapidito, asegurando con ello el control de sus medios. Por eso tenemos la peor prensa de la región. Lo último: el gobierno anuncia la liberación de los precios de los combustibles para que rijan las tarifas internacionales del libre mercado siempre al alza, nunca a la baja; en cambio  “sus medios” titulan las portadas con la noticia de que bajaron los precios de la gasolina extra y diesel. Pero no dijeron que esa baja temporal es por la nula oferta y demanda. ¿Y cuando se normalice el mercado petrolero?: regirán entonces los precios internacionales. Manipuladores, en estos tres años podían imponer esa desinformación; ahora la gente confronta  y desconfía, porque en octubre último justamente protestó por ese intento.

Surge entonces la información alternativa, para llenar ese vacío. Las redes publican sus crónicas, reportajes, diálogos, opiniones y entrevistas que en estos tres años no se han visto en los medios “libres e independientes”, ocupados como están en odiar y gobernar desde sus pantallas, periódicos y micrófonos, en cómodo maridaje con los banqueros y grandes grupos económicos que sustentan al ejecutivo sólo para ordeñar la escuálida caja fiscal en su provecho. Las redes sociales están ganando largamente esta disputa a los medios mercenarios.

Precisamente para proteger el monopolio de la desinformación, pretendieron “regular” a través de un minúsculo asambleísta, hoy por los techos de la corrupción en tiempos de pandemia, la actividad de las redes sociales, metiéndose con la intimidad de las personas y sus sentimientos. Vano intento, el corazón no se enjaula, las ideas no se matan.

Artículo de opinión de Juan Cárdenas

 

Asambleísta Provincial del Cañar; en la barricada de la Revolución Ciudadana. El Derecho para la defensa de la causa Revolucionaria

 


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