Fijo, no falla: cuando alguien habla de la emergencia sanitaria, seguramente es un humanista, progresista, sensible al dolor ajeno. Pero cuando escuchen que hablan de una emergencia económica, ésa es la voz de  un banquero, capitalista, de un empresario preocupado, no por lo que le sucede al planeta, sino por lo que él está perdiendo de ganar. Así se define la gente, unos pocos, cúpulas dirigentes del gran capital que calculan horrorizados cómo se desmoronan sus planes del balance acumulativo; y una inmensa muchedumbre de seres humanos que apuestan a cómo van a morirse, si con el COVID-19, o con el hambre que destroza sus entrañas y de los suyos, encerrados en esta cuarentena y abandonados a su suerte.

“Esa gente” que en toda crisis ve una oportunidad, quiere aprovechar la pandemia para imponer la flexibilización laboral, con trabajo por horas, horarios a su antojo, aumento de jornadas, eliminación de las indemnizaciones, negación de utilidades con balances maquillados y doble contabilidad. Y la novedad, despido intempestivo por cierre temporal, cuando el Art. 169, numeral 6 del Código del Trabajo, dispone como requisito que el cierre sea definitivo. A ello le agrega la figura del “contrato emergente” como la panacea para negar los derechos de los asalariados. Los empleadores, insisto, están perdiendo de ganar, los trabajadores, los servidores públicos, los informales y autónomos, lo único que tienen asegurado es… un pie en la sepultura.

Desde la Asamblea Nacional se debate una ley humanitaria de carácter económico-urgente, que entre sus propuestas plantea la formación de un fondo de ayuda; pero con la contribución obligatoria de más del 65%, precisamente de los que tienen relación de dependencia laboral. Es decir de los pobres y de los más pobres. El capital de los grupos económicos, de los banqueros, de los empresarios, aportaría con la condición de que su “generosidad” se convierta en crédito tributario, o sea para descontarlo de sus impuestos. La visión sesgada de los que están “perdiendo de ganar” por falta  de clientes, entrampa el debate en la Legislatura, tanto más que la propuesta rescatable de gravar con el 2% a los inmuebles, propiedad de sociedades domiciliadas en paraísos fiscales, es rabiosamente rechazada por el banquero y sus mandaderos, que quiere repetir su enriquecimiento, como lo hizo en el atraco bancario del 99. Y con protervos fines lanzan la sucia campaña de que ese impuesto sería para todos los inmuebles. ¡Mentirosos!, el único órgano sensible que tienen es su insaciable bolsillo.

Una vez más, el capital por sobre el ser humano. Nadie está de acuerdo con esa aberración egoísta e insolidaria. De aquí saldrá una nueva sociedad, prevenida por el mensaje macabro del cuasi exterminio, o para ser más humana y generosa con la gente y su entorno; o saldrán los depredadores con hambre atrasada, a recuperar con creces lo que dejaron de ganar. Acá ya hay una lamentable víctima, la Educación, la Universidad Pública, a la que le recortaron tratando de  evitar que aporten los que más tienen. Doble pandemia.

Artículo de opinión de Juan Cárdenas

 

Asambleísta Provincial del Cañar; en la barricada de la Revolución Ciudadana. El Derecho para la defensa de la causa Revolucionaria

 


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