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Impacto de la Covid-19 en la educación superior del Ecuador: posibles acciones de mitigación (O) Patricio Antonio Velasco S

La crisis generará contracción económica, paralizarán actividades productivas y destruirán demanda agregada/sectorial. La salida de la crisis dependerá de la fortaleza económica de cada país

La crisis económica, social y política en Ecuador tiene una trayectoria anterior a la crisis sanitaria del Covid-19 que llegó al país para acelerar cambios en todos los sistemas de forma abrupta y hasta dramática, entre ellos en el sistema de educación superior con el cierre de las Instituciones de Educación Superior -IES- dispuesto por el gobierno la noche del 16 de marzo mediante decreto del estado de excepción nacional.

El cierre temporal de las universidades por la pandemia del coronavirus afecta aproximadamente a unos 23,4 millones de estudiantes y a 1,4 millones de docentes en América Latina y el Caribe, esto representa a cerca del 98 por ciento de la población de estudiantes y profesores de educación superior de la región [1].

En Ecuador hay 60 universidades, 29 de las cuales son particulares, se suman 186 institutos superiores técnicos y tecnológicos, de los cuales 95 son particulares, todas sin excepción se acogieron al cierre de sus instalaciones y suspensión de estudios presenciales que obligó a realizar cambios en la modalidad de estudios con esfuerzos exigidos, en especial por los docentes, para sostener la continuidad y nivel de aprendizaje con recursos virtuales y pedagógicos que no se tenía desarrollados ni autorizados en la mayoría de las instituciones de educación superior donde prevalece la modalidad presencial sobre la virtual y a distancia.

Estamos inmersos ante una situación sanitaria inédita y desconocida que cambió todo en el mundo y en la sociedad, que quizá no sea posible volver a vivir bajo las mismas condiciones que teníamos antes, pero además en Ecuador estamos atravesando una crisis económica de grandes proporciones que nos ubica en un elevado nivel de vulnerabilidad con poca evidencia de solución a mediano plazo.

En plena crisis agravada por el Covid-19 y posterior a ella cuando empiece a mitigar los efectos de la pandemia, las instituciones de educación superior de Ecuador habrán tomado algunas medidas emergentes al amparo de las directrices del organismo a cargo de la planificación, regulación y coordinación del Sistema de Educación Superior como fue la “Normativa transitoria para el desarrollo de actividades académicas en las Instituciones de Educación Superior” emitida el 25 de marzo por el Consejo de Educación Superior -CES.

Las medidas emergentes en la educación superior evaluarán esencialmente el impacto de los estudios virtuales, la continuidad de los planes de estudios, la calidad de la enseñanza bajo métodos de enseñanza virtual, así como el nivel de flexibilidad y cumplimiento de los procesos académicos. Pero además habrán tomado otras decisiones para atenuar el impacto académico y de gestión institucional que generará además la severa y prolongada crisis económica del Ecuador y sus efectos en la economía y en la sociedad; en un escenario totalmente incierto.

El Instituto para la Educación Superior en América Latina UNESCO, 2020 [2] señala en su informe que en todo el mundo la suspensión temporal de las actividades presenciales en las Instituciones de Educación Superior IES «ha operado como un enorme disruptor sobre su funcionamiento. El impacto de esta disrupción es muy variable y depende, en primer lugar, de su capacidad para mantenerse activas en sus actividades académicas y, en segundo lugar, de su sostenibilidad financiera».

Hasta esta fecha no se tiene evidencia en el mundo del retorno a clases presenciales en las universidades dado que la pandemia y sus efectos están en plena vigencia y su evolución es incierta por los rebrotes, pero todo apunta que en el futuro inmediato las clases presenciales no podrán darse bajo las mismas condiciones antes de la crisis sanitaria. En las universidades europeas y americanas concluyen sus estudios en los meses de mayo y junio, cerrando los periodos académicos casi al mismo tiempo que algunos países ya estarán monitoreando las consecuencias del retorno paulatino y programado a las actividades productivas y económicas.

Se da por hecho que en Ecuador concluirán o iniciarán los ciclos o periodos académicos universitarios, por ejemplo, en la costa y amazonia, bajo las mismas condiciones virtuales que se adoptaron en la crisis sanitaria.

Con relación a los recursos tecnológicos de enseñanza virtual, la vicerrectora de relaciones externas de la Universidad de Glasgow, Rachel Sandison [3], destacó que “la situación propiciada por el COVID-19 ha dado la oportunidad para avanzar más rápidamente en ciertas áreas en las que la comunidad educativa había empezado a trabajar lentamente, como la digitalización y la educación virtual/online”.

Mientras dure la crisis sanitaria las universidades tendrán que medir, evaluar y ajustar los métodos y recursos aplicados en la enseñanza en sus plataformas on line, ya que seguramente algunas acciones pedagógicas se improvisaron con una buena dosis de imaginación e innovación de los docentes para mantener la calidad de la enseñanza-aprendizaje; los ajustes deben hacerse con especial atención a los métodos y formas de evaluación virtual, el acceso a las bibliotecas en línea, los recursos pedagógicos, el diseño de materiales instruccionales y otros hasta adaptarse a esta modalidad.

El cierre del actual ciclo académico de seguro tendrá algunas tareas y procesos pendientes como las prácticas pre profesionales laborales o de servicio comunitario, los proyectos de vinculación con la sociedad y los proyectos de investigación en vista que son actividades obligatorias fuera de las aulas, y se postergarán los procesos de titulación que se vean alterados por las investigaciones de campo que no se pueden cumplir debido al confinamiento social.

Con una visión estratégica y pragmática las autoridades universitarias habrán reprogramado los procesos, simplificado otros y se tendrá planes de contingencia listos para continuar con los programas de estudio mientras dure la crisis sanitaria, considerando que se debe precautelar la seguridad y salud de los ciudadanos estudiantes, docentes, autoridades y comunidad universitaria.

Pero, a más de esta crisis sanitaria el Ecuador enfrenta la más grave crisis económica en décadas con incalculables consecuencias, agravadas desde las medidas económicas y sociales que ya se tomaron desde el 2017 y otras como el actual proyecto de Ley Orgánica de apoyo humanitario para combatir la crisis sanitaria derivada del Covid-19; que incide en un incremento del desempleo, reducción del empleo formal, despidos, menos salarios, achicar el tamaño del estado; entre otras medidas.

Tanto la pandemia del Covid-19 como la crisis económica en Ecuador tendrán un impacto negativo y prolongado ya que se prevé una disminución de las actividades productivas en sectores del comercio, turismo y transporte, reducción de la inversión privada, contracción de la oferta de bienes importados e impactos sociales por disminución del empleo e ingresos de los hogares. La precarización laboral afectará las economías familiares y contracción del consumo con mayor afectación a los sectores más vulnerables del Ecuador, acelerando la pobreza extrema y desigualdad.

La crisis generará contracción económica, paralizarán actividades productivas y destruirán demanda agregada/sectorial. La salida de la crisis dependerá de la fortaleza económica de cada país [4].

Según la CEPAL, en 2020 se espera que el valor de las exportaciones en la región caerá 10,7%, debido a la disminución de los precios y a la contracción en la demanda agregada global. El sector servicios, que representa una parte importante del empleo y PIB, será el más afectado [5].

Estas crisis podrían conducir a un cambio en la estructura de la oferta y demanda incluida la educación superior, ya que los presupuestos en especial para las universidades particulares en Ecuador podrían verse afectados si disminuye en el corto plazo el ingreso vía matrícula, si se achica la demanda, por las dificultades en el cobro de las alícuotas mensuales y debido a la contracción de la economía.

Desde la UNESCO se plantea un marco de recomendaciones para planificar mejor la salida de la crisis y algunos principios básicos para garantizar el derecho a la educación superior, entre ellas: el papel de la universidad en los planes de estímulo para la recuperación económica y social; fomentar un consenso nacional para una estrategia de fomento de la recuperación y de la innovación de la educación superior; un entorno normativo claro en la reapertura de las aulas que genere seguridad y protección a la salud de la comunidad universitaria; impulsar la cooperación internacional que favorezcan la resiliencia de los sistemas de educación superior, compartir recursos y soluciones tecnológicas.

El futuro inmediato en las instituciones de educación superior

La emergencia actual acelerará el proceso de expansión hacia la educación en línea lo cual implicará que, por ejemplo, determinadas carreras, asignaturas, módulos, cursos y programas de posgrado se diseñen, reprogramen y aprueben de forma virtual.

Otro reto para las universidades particulares pasará por automatizar sus procesos académicos y administrativos, reprogramar sus presupuestos, retener y captar estudiantes, flexibilizar los cobros de aranceles, aplazar o redefinir proyectos de investigación, reducir el tamaño de la planta docente y administrativa, digitalizar sus procesos y reportes, reformar sus procesos de admisión y nivelación; revisar sus gastos operativos, entre otras decisiones difíciles pero necesarias.

Para cumplir con ciertos procesos académicos en el marco de la crisis, es urgente redefinir y regular los vínculos entre las instituciones de educación superior y otros actores como las empresas privadas, los gobiernos autónomos descentralizados y las organizaciones comunitarias, para que los estudiantes cumplan con las prácticas pre profesionales laborales o de servicio comunitario y con los proyectos de vinculación que constituyen requisitos para titulación; procesos que son obligatorios en todas las IES públicas y particulares.

Las instituciones de educación superior particulares tendrán que encontrar soluciones innovadoras para su estabilidad financiera por el probable déficit en sus ingresos para el semestre próximo 2020 y quizá para los siguientes años, ya que deberán enfrentar el impacto de la crisis. En vista de la crítica situación económica que ya existe y se prolongará, la falta de recursos provocada por la desocupación laboral que limitaría la capacidad de pago de estudiantes de ciertos sectores sociales que estudian en las IES particulares, hay la probabilidad que descontinúen sus estudios y busquen matrícula en instituciones públicas o suspendan sus estudios hasta mejorar su economía.

Se podría inferir una disminución de los ingresos que prestan las universidades por servicios profesionales a través de educación continua, desarrollo de proyectos y una contracción de los ingresos por estudios de posgrado.

Un escenario probable hasta que dure el “confinamiento” y salgamos a la etapa de “distanciamiento” como ha propuesto el gobierno de Ecuador desde el 4 de mayo mediante un sistema de semaforización, es el retorno a las aulas universitarias de forma gradual y paulatina considerando qué tipo de carreras y programas podrían desarrollarse en forma presencial, lo cual alteraría la programación, la logística, la movilidad, adaptar la infraestructura de aulas e instalaciones como accesos, cafeterías, bibliotecas con horarios distintos de asistencia por pequeños grupos de estudiantes y reducido número de docentes de las universidades, lo que significaría mayor trabajo para los docentes, personal académico, extender los periodos y tiempos de estudios; todo dentro del máximo rigor de control de distancia y bioseguridad.

Como era previsible, el 30 de abril en horas de la tarde, el Gobierno de Lenín Moreno publica una Resolución recortando un total de 98´210.190,78 para 31 universidades públicas incluida al Consejo de Aseguramiento de la Calidad CACES. El 1 de mayo ya se pronuncia el directorio ejecutivo de la Asamblea del Sistema de Educación Superior – ASESEC y los rectores de universidades y escuelas politécnicas rechazando el recorte; algunos rectores de universidades como la Universidad Central, las más grande del país, se pronuncian reiteradamente contra esta medida.

Este recorte, constituye el tercero consecutivo desde 2018 a las universidades públicas podría provocar una disminución directa de su personal académico, cancelación de contratos con docentes ocasionales, paralización de proyectos académicos y tecnológicos, recorte de gastos en investigación, capacitación y profesionalización docente, suspensión de los procesos de titularización y categorización docente, limitación de la movilidad internacional docente; entre otros recortes importantes con una clara repercusión en la calidad de la educación superior pública.

La eficiencia en los procesos de gestión y gobierno es otro de los aspectos que seguramente se revisarán, por ejemplo, las reuniones y comisiones virtuales. Pero, la modalidad virtual ayuda por ejemplo que la circulación recursos y documentos puede limitarse perfectamente a circuitos digitales. En ambos casos, los ahorros económicos directos, incluida la reducción de viajes y su impacto medioambiental no son para nada despreciables [6].

De regreso a la presencialidad, una reforma sustancial en la programación de los horarios de las carreras se hace necesaria para no tener al estudiante universitario todo el día dentro del claustro cumpliendo horarios presenciales que se han adaptado a la disponibilidad de tiempo de los docentes y no al tiempo de los estudiantes. De esa manera el gran porcentaje de estudiantes que no trabajan y que estudian con recursos de sus padres o deudas propias, podrán tener tiempo para mantenerse en sus emprendimientos, negocios, microempresas o actividades comerciales que son las únicas alternativas laborales para los estudiantes y futuros profesionales universitarios.

Un problema no resuelto y de urgente decisión, es el tiempo de compensación que deben cumplir los becarios de doctorado, que corren el riesgo de verse envueltos en juicios de coactiva ya que no existe las condiciones de empleabilidad de los becarios en el sector público y no se ha cumplido la normativa existente, específicamente en concursos y procedimientos de contratación docente en las IES donde se puedan vincular para “devolver” la beca.

Reformas a las políticas de educación superior en Ecuador

De prolongarse la crisis sanitaria y económica o el reinicio de la presencialidad, algunas políticas nacionales del sistema de educación superior deberán revisarse, para:

  • asegurar la calidad de la educación virtual y para el blended learning;
  • diseño de nuevos proyectos de carreras y programas conforme otros parámetros reformando el irrelevante estudio de pertinencia, estudio de demanda y empleabilidad que se exige actualmente y que no tiene sentido en periodo prolongado de crisis;
  • flexibilizar las obligaciones de los procesos de vinculación con la sociedad, las prácticas pre profesionales y de servicio comunitario;
  • redefinir la investigación científica que no se mida únicamente por las publicaciones de artículos en revistas indizadas sino por proyectos de investigación que aporten soluciones a las reales necesidades y problemas del Ecuador, de la ciencia y del conocimiento;
  • redefinir las políticas de apoyo para impulsar la ciencia, tecnología e innovación entre las IES y los sectores productivos;
  • reformar y flexibilizar el reglamento de carrera y escalafón del profesor e Investigador del sistema de educación superior;
  • abreviar y desburocratizar los procesos de aprobación de los proyectos de creación de institutos superiores tecnológicos;
  • impulsar la oferta de estudios de doctorado privilegiando su ejecución en relación a sectores estratégicos del conocimiento y las potencialidades del país.

Es el momento de pasar a un nuevo modelo de educación superior, desde una universidad enfocada en la sobre oferta académica que no contribuye a dinamizar la economía ni el desarrollo ni el trabajo ni la investigación científica, a una educación enfocada en las potencialidades y capacidades reales de producción local y regional, orientada en sectores que alienten la inversión, la innovación, la ciencia, la tecnología que dinamicen la economía real de las familias, el bienestar, la satisfacción social y el desarrollo.

Hasta qué punto toda o parte de la actividad de la educación superior sea vista como una oportunidad para estimular el crecimiento económico es algo que está por verse [7].

Otro escenario probable, dependiendo de la prolongación de la crisis será revisar el tamaño de la oferta académica de las universidades y su expansión, modelando la competitividad entre las instituciones de educación superior particulares incluyendo los Institutos Superiores Tecnológicos, análisis que pasa por estudiar y definir cuáles serán las prioridades y opciones de estudios de educación superior según las zonas, regiones y provincias.

Dada la fragilidad de la economía y la gravedad de la crisis prolongada, quizá es el momento de plantear una nueva arquitectura en el gobierno y gestión de las instituciones de educación superior con estructuras flexibles, desconcentradas, eficientes, menos burocráticas, tecnificadas-automatizadas, con visión gerencial prospectiva y sobre todo más humanas y más solidarias.

El mundo pospandemia no será igual al que vivimos hasta el 2019. Se sienten movimientos por todas partes. Organizaciones sociales, académicos, científicos pensando en nuevos paradigmas para el futuro, pero también hay expresiones para continuar con el modelo perverso de acumulación basado en la sobreexplotación del trabajo y el deterioro de la naturaleza. La universidad tiene la obligación de participar en la construcción de este nuevo futuro donde primen la simbiosis con la naturaleza y la solidaridad humana, como principios integradores de esta nueva sociedad [8].

REFERENCIAS

[1] Altbach, P. y De Wit, H. (2020). El impacto del coronavirus en la educación superior.

[2] Bonsignore, C. UNESCO (2020). Impacto del coronavirus en las universidades. Instituto para la Educación Superior en América Latina.

[3] [4] Gobierno Vasco. Secretaría General de Acción Exterior. Delegación de Euskadi para la Unión Europea (2020). Impacto Covid-19: riesgos, oportunidades y estrategias en contexto coronavirus para la educación superior internacional.

[5] [7] CEPAL (2020). Coyuntura, escenarios y proyecciones hacia 2030 ante la presente crisis de Covid-19. COVID-19 y educación superior: De los efectos inmediatos al día después. Análisis de impactos, respuestas políticas y recomendaciones.

[6] UNESCO (2020). Propuestas de la UNESCO para garantizar la educación online durante la pandemia.

[8] Universidad Central del Ecuador a la Asamblea Nacional (2020). Resolución RHCU.SE.14 No. 0106-2020.

Artículo escrito por Patricio Antonio Velasco

*PhD (c) por la Universidad Politécnica de Madrid. Catedrático universitario y Consultor académico.

 

 


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