Dentro del dogma de aquellos que defienden el neoliberalismo como mecanismo eficiente para el alivio de los malestares económicos de la sociedad, hay una piedra en el zapato, la reducción de los presupuestos en educación y bienestar social. Generalmente al final de los procesos de “ajuste estructural” se toca el tema con mucha cautela, ya que la reacción de la masa de estudiantes pertenecientes a la educación pública, no se hace esperar en su rechazo. Se busca posicionar en el imaginario colectivo la necesidad de reducir los presupuestos como si se tratase de un beneficio para el Estado, pero jamás se dice que en realidad se trata de un perjuicio para el futuro de un pueblo que históricamente ha estado sumido en la ignorancia.  Educación pública y calidad deberían ser integrantes de una sola frase o mejor aun de un mismo concepto, lastimosamente la historia de la educación ecuatoriana muestra lo contrario. En el Ecuador la educación ha sido un privilegio de clase que ha permitido mantener un estatus quo de dominación de pequeños grupos ante una mayoría sometida y excluida. La relación entre educación y pobreza es muy estrecha, de acuerdo a la UNESCO la tasa de pobreza mundial podría reducirse a la mitad si todos los adultos terminaran los estudios secundarios, es decir unos 420 millones de personas saldrían de la pobreza [1]. Sin embargo, también es un dato abrumador y evidente en nuestro país, que los sectores de la población de menores ingresos se ven expuestos con más frecuencia a recibir una educación de mala calidad [2].

El mundo actual habla constantemente de la economía basada en el conocimiento, se ha convertido en el discurso de muchos políticos y gestores públicos, aunque a la luz de la realidad, muy pocos lo entienden, menos las autoridades que de un solo plumazo deciden recortar presupuestos en los servicios educativos. Este tipo de economía tiene un conjunto de características, pero posiblemente la más destacada sea que el talento y las habilidades de los trabajadores incrementan el valor de las organizaciones, teniendo impacto a niveles macroeconómicos, es decir el capital intangible de las organizaciones juega un papel fundamental en el desarrollo económico de un país [3]–[5]. Pero es imposible construir un acervo de conocimiento que permita la expansión y aplicación de la información, con sistemas de educación deficitarios, sin poner énfasis en la calidad, sobrecargando al docente de horas de clase, asignaturas de lo más diversas para una sola persona y cientos de alumnos bajo la tutela de un mismo catedrático, en definitiva precarizando la educación pública.

Con alarma, las Universidades Públicas, el Sistema de Educación Primaria y Secundaria y la sociedad en general, recibieron este dos de mayo la noticia de un recorte presupuestario de 389 millones de dólares en el sistema educativo nacional. Atrás quedó el saludo presidencial a los trabajadores de la Patria, y más atrás aun la retórica del candidato a la presidencia que se definía como progresista, humanista. Porque a cualquier luz el progresismo reviste de valores en busca de desarrollo social en los más diversos ámbitos, y el humanismo, implica la valoración del individuo como elemento fundamental del progreso, pero el privar de educación al porcentaje más pobre de la población, a su vez, dejar sin empleo a cientos de docentes del país, no tienen nada que ver con progreso, al contrario es un retroceso inhumano, no solo del presente sino que se está condenando el futuro.

Aunque sorpresivo, no se puede decir que era algo que no se veía venir, basta con revisar los datos de los presupuestos de las universidades del país en los últimos años para identificar el retroceso que en silencio y a vista de una sociedad impávida se venía dando, la figura 1, muestra el total del presupuesto de las universidades por año, en millones de dólares y su tasa de variación desde el 2008 al 2020.

En la figura 1, se aprecia el total del presupuesto codificado de las 32 Universidades más el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias y el Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador, para el periodo 2008-2020. El gráfico muestra del 2008 al 2015, una tendencia creciente, interrumpida en el 2016 por la emergencia nacional producto del terremoto de Manta, pero que se recupera para el año siguiente. Sin embargo, a partir del año 2018, la tendencia es descendente es decir luego de la prórroga de la proforma presupuestaria del 2017 debido al cambio de gobierno, la situación de la educación superior en el país se ha venido deteriorando en cuanto a sus asignaciones presupuestarias. Así, la variación promedio del presupuesto de 2009 a 2017 fue de 8,51%, mientras que la media del 2018 al 2020 ha sido de -2,32%. Esto quiere decir, que a partir del año 2018 ha existido una reducción paulatina del presupuesto de las universidades, esta situación se agrava debido al incremento de los cupos de las universidades, ya que en definitiva son menos recursos para atender a más estudiantes lo que provoca una reducción de la inversión por estudiante, esta situación tiene un impacto directo en la calidad de la educación.

La reducción de 98’210.190,00 dólares en el presupuesto de la Universidades Públicas, anunciada hace pocas horas por el Ministerio de Finanzas, implica una reducción adicional de -6,9%; en el gráfico la tasa de variación para el 2020 sería de 14,93%, esto incrementa el promedio de reducción de los tres últimos años, pasando a -4,63%. Estos valores condicionan aun más el futuro de la educación superior en el país.

La reducción del presupuesto y por ende la calidad de la educación superior pública, atenta contra el mantenimiento mismo de las Instituciones de educación, quienes al verse complicadas financieramente deberán reducir los cupos o incrementar ciertos costos permitidos por la ley, este escenario plantea una disyuntiva para las familias ecuatorianas, por una parte, no continuar los estudios superiores por falta de recursos económicos o acceso debido a los limitados cupos, por otra, endeudarse para acceder a una carrera universitaria en una Institución de Educación privada.

Años atrás ante la mejora de la calidad de la educación pública, la gratuidad consagrada en la Constitución, la recuperación de la confianza en el rol social del Estado y las exigencias regulativas (número de docentes con doctorado, docentes a tiempo completo, etc.), la demanda de escuelas, colegios y universidades fiscales aumentó considerablemente, quitando una importante porción de mercado a las instituciones privadas, estás últimas vieron afectado su negocio, esto provocó que haya un reclamo constante por parte de algunos rectores de universidades privadas en búsqueda de recuperar su espacio de mercado, de a poco, con el cambio de gobierno fueron presionando y ganando espacio estas exigencias, en primer lugar, relajando las medidas regulatorias, por ejemplo, se quitó la categorización de universidades, se puso en entredicho el Examen Nacional de acceso a la educación superior, cuando en todos los países desarrollados se usa algún examen de selectividad educativa, y así más acciones de este tipo a fin de ir minando los avances conseguidos en la educación pública.

Ahora, usando como excusa una crisis sanitaria mal gestionada desde su inicio, se ha cedido mayor terreno ante las exigencias neoliberales. El manual usado es claro y no ha cambiado en el tiempo, la reducción del tamaño del Estado, implica reducir los presupuestos en educación, con esto se busca deteriorar la calidad educativa para más adelante asumiendo falta de capacidad y competencia en la materia, llevar a la privatización de la educación, volviendo aun más excluyente el único camino para el desarrollo y superación de la pobreza.

Como manifiesta Amartya Sen, se trata de dotar de capacidades al individuo para que pueda emprender el camino al desarrollo, no de coartar sus posibilidades [6]. Cuando el Estado a través de su intervención garantiza la oferta, pero también el acceso por parte de la demanda al sistema educativo, está indirectamente garantizando el acceso a otros derechos, como la justicia y el trabajo. Un pueblo educado es consiente de su realidad, sus obligaciones, pero así mismo está en capacidad total de exigir lo que mejor le beneficia, sin dejarse engañar por cantos de sirenas o amedrentar por balas de cañón.

Como parte de la lucha para la vida digna es necesario que todos tomemos la posta de la lucha por la educación, sin educación seguiremos condenados a la pesada carga del subdesarrollo y al abuso de la asimetría de conocimiento.

[1]      UNESCO, «La pobreza en el mundo podría reducirse a la mitad si todos los adultos terminaran la educación secundaria», 21-jun-2017. [En línea]. Disponible en: https://es.unesco.org/news/pobreza-mundo-podria-reducirse-mitad-si-todos-adultos-terminaran-educacion-secundaria. [Accedido: 02-may-2020].

[2]      M. B. Parada, «Educación y pobreza: una relación conflictiva», en Pobreza, desigualdad social y ciudadanía. Los límites de las políticas sociales en América Latina, CLACSO, 2001.

[3]      M. Tocan, «Knowledge Based Economy Assessment», J. Knowl. Manag. Econ. Inf. Technol., vol. 2, n.o 5, pp. 40-54, 2012.

[4]      S. HADAD, «Knowledge Economy: Characteristics and Dimensions», Manag. Dyn. Knowl. Econ., vol. 5, n.o 2, pp. 203-225, 2017.

[5]      P. David y D. Foray, «An introduction to the economy of the knowledge society», Int. Soc. Sci. J., n.o 84, 2002.

[6]      A. K. Sen, DEVELOPMENT AS FREEDOM. New York: Alfred Kopf, INC, 2000.

Artículo de opinión de Anderson Argothy

Ph.D; Economía; Innovación; CEO Tri Think Tank; ecuatoriano; progresista; latinoamericanista; triatleta; ciclista; ironman 70.3; #mochilero #triander

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