Robar a los muertos (O) Pablo Izquierdo Pinos

30

¿Cómo?, ¿No se cansan de robarnos a los 17 millones de ecuatorianos, y en especial a los sectores más vulnerables que todavía y a duras penas sobreviven a la peste y a la miseria? En esta sociedad nuestra –nuestra no, de ellos-, una élite de ladrones ahora empiezan a robar hasta a los muertos: un crimen sin nombre. Apropiarse de la memoria, los recuerdos, de la esencia más sublime de un ser humano que luchó por vivir y que muere solo y abandonado es aberrante. Pensar que el derecho a la vida, merece ser defendido porque es un buen negocio.

Desaparecen los cadáveres y roban en todo, en las medicinas para el cáncer, los antirretrovirales, los insumos para diálisis, las prótesis;  en los desayunos infantiles, los libros escolares, los bonos de la discapacidad y la pobreza, en los subsidios. Negocian con los tenedores de bonos soberanos. Pagan la deuda externa, no pagan los sueldos y de éste nos roban un porcentaje. Nos robaron el oro, el petróleo, el agua. Ahora que la plaga nos robó el aire que respirábamos, aprovechan para asfixiarnos y robarnos. El Ecuador esquelético, famélico, infectado, agonizante en terapia intensiva. Y siguen robando. Nos matan para robarnos.

Tipos de robos. Nos roban asegurándonos que estamos en manos –nunca mejor dicho- de los hombres y mujeres más inteligentes y honorables. Incorruptibles. Los mejores jueces, fiscales, asambleístas, ministros, viceministros, subsecretarios, gerentes, directores, asesores. Los más honestos y honrados delegados del Presidente en el IESS, Petroecuador, las eléctricas, los bancos estatales. Y no es así. Todo es un robo. Timadores profesionales que reemplazan y aventajan a otros timadores. Ignorantes, que como pollos a la brasa se la pasan “dando vueltas”, asechando para asaltar el erario público.

Roban y mienten haciéndose pasar como graduados en Harvard, investigadores del CDC de Atlanta, epidemiólogos y economistas de Oxford. Pero abren la boca y les calza el refrán: “Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar todas las dudas”. Ah pero para robar, llámenles. Cuatreros, impostores, oportunistas, especialistas en perpetuar la enfermedad y la pobreza. Es su negocio.

Robar en una “casa de salud”: Y tenía que ser, en el indecible Hospital Los Ceibos del IESS de Guayaquil, donde las mafias de la salud, siguen mostrando la brutalidad, la impunidad, la vigencia de esas elites perversas. Augusto Itúrburu, joven periodista de 40 años, en esta “casa del horror”, le robaron dos veces: La vida por negligencias y ya muerto sus pertenencias.

El acudió solo, el día 16 de marzo, con síntomas de la covid-19. No lo atendieron. Regresó varios días después y le tomaron las muestras para el PCR diagnóstico. Más días de espera. La prueba llegó positiva cuando estaba gravemente enfermo. Permaneció 17 días en UCI y murió. Muerto, le robaron su reloj, anillos, celular, billetera y vaciaron la cuenta de su padre jubilado y enfermo.

La herencia de los convictos Ramiro González, María Sol Larrea, Richard Espinosa. A los que se suman los recién involucrados ex Director General, ex Directora Nacional de Servicios Corporativos y ex Directora de Compras Públicas, fue emulado (imitar superándolos) por ladrones de tumbas y mortajas. Todos carteristas, pungas sin ningún honor ni dignidad.

El mal ejemplo de sus directivos. Pues,  si ellos roban… ¿Dónde se ha visto que se lleven un Cristo, unas flores de un muerto­? En el IESS. Pero si los ladrones de cuello blanco que compran mascarillas y gafas protectoras con sobreprecio de 1400%, permanecen impunes gracias a una justicia selectiva ¿Por qué,  también un envalentonado y miserable asaltante de mortajas no va a robar a un muerto?

Lo peor. El IESS en un comunicado oficial, como de costumbre, parece justificar la negligencia y el robo descargando su responsabilidad en el muerto: “Que los familiares deben retirar los objetos para evitar contaminación hospitalaria”. La infección y el pus, está en ustedes, cleptómanos. Vaciaron el IESS. Se robaron todo.

Lo que nunca se robarán  son el dolor y las lágrimas del padre, sus hermanos, los amigos de Augusto Iturburu. Por todo ello, indignado voy a gritarles en medio de la soledad y el silencio de la pandemia, para que todos ustedes me escuchen: ¡Ladrones! (0) pabloizquierdo7@gmail.com

Pablo Izquierdo Pinos

 

Médico Pediatra, especialista en Salud Pública por la Universidad de Buenos Aires, Argentina en donde ejerció varios años. Articulista en varios medios nacionales. Estudios en periodismo médico.

 

 


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Confirmado.net

- Publicidad Bottom Ad -