Ahora es cuando debemos sacar a relucir nuestro lado más altruista, ayudando de manera honesta y desinteresada a nuestro vecino carpintero, cerrajero, etc., que depende de su pequeño taller o tienda para subsistir, no es momento para criticar o alarmarse si intenta ganar unos dólares, no lo hace por codicia o irresponsabilidad, sino por necesidad.

La situación actual del Ecuador a nivel sanitario ha develado una cuestión económica que era evidente para unos cuantos estudiosos de la economía, pero invisible para gran parte de la población. La desigualdad social existente en la población. Claro está para el mundo y para una porción de ecuatorianos que la “cuarentena” o aislamiento social es la forma de lucha efectiva contra la propagación de la enfermedad, pero, ¿cuáles son las condiciones de estructura económica que hacen que esta no haya funcionado del todo en Ecuador?

Desde las autoridades del Gobierno Central se han emitido constantes mensajes indicando que no se debe salir de casa, de hecho en el mundo de las redes sociales se ha vuelto una tendencia dentro de los hispano hablantes el #quedateencasa, pero es más fácil cumplir esto cuando las condiciones económicas y sobre todo la estructura laboral así lo permiten. Varias Autoridades nacionales y locales han culpado a la población por no cumplir al 100% con la disposición gubernamental de mantenerse en casa, pero en realidad es posible para todos/as cumplir con esto, sin detrimento de las condiciones básicas de vida.

De acuerdo a los últimos datos de empleo del Ecuador, publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) a diciembre de 2019, el 38,85% de la Población Económicamente Activa (PEA), cuenta con Empleo Adecuado, es decir 3’146.297 ecuatorianos cuentan con un trabajo cuya remuneración es igual o superior al salario básico (400 USD) y los beneficios laborales que esto corresponde. De este grupo el 15,6% se encuentra en el sector informal, es decir 490.822,33 trabajadores. Quienes cuentan con un empleo adecuado en la mayoría de los casos puede quedarse en casa con mayor “tranquilidad” puesto que se trata de asalariados públicos o privados por lo que cuentan con capacidad de ahorro y condiciones de vida más favorables para afrontar la emergencia sanitaria. En el caso de los trabajadores del sector informal la situación es más complicada puesto que dependen de su capacidad diaria para generar ingresos si embargo, al estar dentro del empleo adecuado se puede asumir que poseen ahorros que permitan soportar la para generalizada en la actividad económica.

Ahora bien, el 61,15% de la PEA se encuentra compuesta por personas en situación de subempleo (17,79%); empleo no remunerado (10,92%); otro empleo no pleno (28%); empleo no clasificado (0,59%); desempleo (3,84%). Esto se traduce en que 4’952.733 ecuatorianos; de estos en promedio el 65% se encuentra en el sector informal. Este grupo de personas se dedican mayoritariamente al comercio informal, o actividades por cuenta propia que mantienen características como: bajos niveles de ingreso; jornadas de trabajo extenuantes; en la mayoría de los casos no cuentan con seguridad social ni los beneficios de ley del trabajador.  Son personas cuyos ingresos varían día a día, situación que los ubica dentro del grupo de personas vulnerables económicamente hablando en momentos en que se encuentra prohibido el salir de los hogares. Para este grupo es el entorno fuera del hogar donde mayoritariamente realizan sus actividades económicas.

Los ecuatorianos que se encuentran en situación de empleo no adecuado por ingresos, se concentran en ocho sectores principalmente, Tabla 1.

Tabla 1. Sectores de actividad de trabajo inadecuado.

Los sectores industriales mostrados en la Tabla 1, aglutinan el 89% del empleo inadecuado por ingresos. Una característica común de estas industrias es que no es posible llevarlas a cabo a través del denominado “Teletrabajo”, es decir, requieren que las personas empleadas en estas actividades salgan de sus hogares para poder producir y generar recursos. Por lo tanto si sumamos los dos factores: a) Actividades con bajo nivel de ingresos, que dependen del trabajo diario; b) imposibilidad de teletrabajo; el resultado es que la cuarentena puede ser muy difícil para una porción importante de familias ecuatorianas, las mismas que se ven obligadas a abandonar la seguridad de sus hogares, porque es su único medio de subsistencia y donde son productivos es la calle o la comunidad.

No se puede culpar a los ecuatorianos de menores recursos por salir de su casa para buscar de alguna manera llevar pan a la mesa de su hogares, incluso en emergencia sanitara hay que comer y generar recursos. Si existe un culpable, es la estructura económica del país, que ha profundizado las desigualdades,  mantiene rasgos de colonialismo feudal, y ha polarizado tanto las brechas sociales excluyendo de los circuitos económicos formales a un porcentaje importante de la población, provocando pobreza multidimensional que luego es castigada y estigmatizada por los sectores de mayores ingresos. Adicionalmente un gobierno que en los últimos años ha planteado una política económica restrictiva, recortado los presupuestos de los sectores sociales (salud, educación, etc.), ha reducido la inversión pública, precarizado el empleo privado y despedido trabajadores del sector público, ahondando así la situación de sub empleo y empleo inadecuado en el país.

Lo que pretendo con este texto, es a través de los datos, generar empatía en la población que es capaz de soportar sin mayor contratiempo, en su hogar, los días de aislamiento social que la emergencia sanitaria requiere. Para que evite juzgar sin reparo al compatriota que sale a la calle en búsqueda de recursos para alimentar a su hogar, debemos entender que la cuarentena no es igual para todos, los ahorros se acaban pronto y es necesario seguir subsistiendo.

Ahora es cuando debemos sacar a relucir nuestro lado más altruista, ayudando de manera honesta y desinteresada a nuestro vecino carpintero, cerrajero, etc., que depende de su pequeño taller o tienda para subsistir, no es momento para criticar o alarmarse si intenta ganar unos dólares, no lo hace por codicia o irresponsabilidad, sino por necesidad.

Es el momento de mostrar el lado más humano de la economía, la que si tiene alma y entiende la necesidad de la gente. (O) Anderson Argothy


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