Pocas veces en la historia de un país se ha visto traiciones tan grandes como la surgida hace menos de 24 horas. Muchos dirán que la historia se repite, que el pago de la deuda era inminente, que un país responsable debe cumplir sus obligaciones, y sí, un país con un Gobierno responsable debe cumplir las obligaciones con su gente, sus electores, el pueblo que ante tantos golpes internos y externos se mantiene firme, pujante y con anhelo de un mejor futuro, pero que se vuelve imposible cuando el ancla es puesta por quienes están llamados a ser su guía, su viento en las velas del desarrollo.

La historia de la deuda ecuatoriana está llena de sinsabores, desde su promulgación inicial como herencia de las guerras de independencia y de separación de la Gran Colombia, pasando por sus momentos de crecimiento exponencial durante los gobiernos militares de los 70’s, donde la posición del país como “nuevo rico”, debido a la explotación petrolera permitía al Ecuador acceder a financiamiento internacional amparado en los barriles de crudo yacentes en el subsuelo patrio, llevando incluso a modificaciones en la Constitución vigente con el fin de eliminar el control parlamentario al endeudamiento provocando con esto despilfarro, corrupción y prácticas clientelares.

En la década de los 80’s por decisión presidencial, el Estado asume la deuda del sector privado ante la imposibilidad de este para hacer frente a sus obligaciones financieras, esta jugada conocida como la “sucretización” de la deuda aupada por los dos mandatarios de la época, es considerada en parte como el origen de la deuda que el Ecuador enfrenta en la actualidad. La década de los 90 con la tónica de los bonos Brady y su proceso de negociación en compañía del FMI, quien imponía fuertes condiciones para el país, lograba de manera breve aplazar el colapso de la economía nacional producto de los planes de ajuste estructural y las cartas de intención firmadas con dicho organismo internacional. La dolarización en el nuevo siglo trajo consigo nuevas posibilidades de endeudamiento una vez que la economía se mostraba más estable, amparada nuevamente en algunos tramos con cartas de intención de organismos internacionales.

Durante el Gobierno de Rafael Correa el endeudamiento para financiar los grandes proyectos nacionales de infraestructura, vialidad, electricidad etc., se llevó a cabo a través de la emisión de bonos soberanos, descritos en la Tabla 1.

En este contexto el servicio de la deuda se vuelve una constante que cuidar a lo largo de los Gobiernos de turno. Esto lleva a una disyuntiva de priorización sobre: qué es mas importante honrar la deuda o utilizar esos recursos para el país. En condiciones normales el pago de la deuda es una obligación imperante, siempre con una condición que se ha venido manteniendo durante los últimos diez años: el pago por servicio de la deuda del país era menor a los gastos en Educación y Salud, esto se puede apreciar en la Figura 1.

Sin embargo la situación cambia en el 2020, cuando se prioriza mayores recursos para el pago del servicio de la deuda, por encima de salud y educación. El problema fundamental es que, este año y de manera puntual esta época la situación económica mundial y nacional se ha visto afectada por una crisis internacional derivada de una pandemia provocada por el virus denominado COVID 19. Esto ha provocado que gran parte de los gobiernos del mundo prioricen dentro de sus presupuestos nacionales las inversiones en salud como una alternativa para afrontar la emergencia sanitaria internacional, junto con otras políticas sociales para la protección de la vida de los ciudadanos.

Sin embargo el Gobierno ecuatoriano ante la disyuntiva pago de deuda externa versus salud, ha priorizado honrar al capital financiero internacional, es así que, el 24 de marzo de 2020 ha realizado el pago de 324 millones de dólares correspondientes a capital de los Bonos Soberanos 2020, acción que claramente quita liquidez al Estado, quien ante la emergencia sanitaria debe movilizar recursos urgentes para atender a los ciudadanos en riesgo de contagio por esta enfermedad que ha azotado a varios países en todos los Continentes, dejando a su paso una estela de muerte.

La decisión llevada a cabo por las autoridades locales se enmarca dentro de un contexto económico negativo para el país. Horas antes de efectuarse el desembolso el precio internacional del petróleo WTI se cotizaba en 23 USD por barril; el riesgo país superior a 6000 puntos, el más alto de los últimos años, superando a Argentina. Esta situación de incertidumbre fue percibida en los mercados internacionales castigando el precio de los bonos ecuatorianos, los cuales se cotizaron por un 30% de su valor. Sin embargo horas después las autoridades nacionales pagaron al 100% del valor del bono. Esto lleva a un escenario en el cual quienes compraron los bonos ecuatorianos horas antes del anuncio de pago, triplicaron su inversión en cuestión de horas. En el mundo del mercado de bonos y acciones este tipo de comportamientos pueden ser explicados desde el fenómeno denominado Insider Trading, es decir el uso de información privilegiada, no disponible para todos los jugadores, de tal forma que uno o un grupo de jugadores se vean beneficiados por las decisiones futuras.

Claro esta situación es muy difícil de comprobar, más allá de eso los tenedores de bonos se mantienen en secreto a través de la banca internacional de inversión pero sin duda hubo gente nacional o internacional que se pudo haber beneficiado de este comportamiento.

Desde la versión oficial se puede explicar este comportamiento como una “acción necesaria” para no caer en el default cruzado, que cerraría opciones de financiamiento internacional pero que por otra parte obligaría a pagos inmediatos sobre los bonos por vencer; se ha argumentado además que es una estrategia para obtener nueva financiación por 2000 millones de dólares para enfrentar la emergencia sanitaria, situación que aun está por concretarse, ya que no se ha dicho quien ni cuales son las condiciones para ese desembolso, que de efectuarse presionará cada vez más a la venta de activos del Estado, otros términos la privatización de empresas públicas que generan recursos importantes para el Estado.

Sin embargo desde la lógica de un país en emergencia y entendiendo que la economía se trata de las personas por encima de las transacciones financieras internacionales, es decir poner al ser humano sobre el capital, se pudieron realizar acciones recomendadas incluso por organismos internacionales como el Banco Mundial, a fin de pedir una moratoria en el pago que el gobierno debía realizar por servicio de la deuda, para movilizar estos recursos hacia el sector de la salud el mismo que en los últimos años se ha visto afectado a través de reducción de presupuestos y despidos de profesionales.

Ante esta situación donde la deuda ha sido más importante que la vida de las personas quiero cerrar este texto con un pensamiento:

No sé quién es más indolente, si la Autoridad por pagar la deuda o los tenedores de bonos por aceptar ese dinero en momentos de emergencia sanitaria nacional. La economía se trata de la gente, de mejorar sus condiciones de vida, no de enriquecer solo a unos pocos. (O)

Por Anderson Argothy: PhD en Economía de la Empresa; Máster en Economía de la Innovación; Máster en Economía y Gestión de PYME’s, Economista; Analista Económico. / @sontriander

 

 


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