La epidemia del coronavirus, con rango de pandemia nos exige los mayores cuidados y precauciones para evitar la propagación del mal, sin caer en pánico y con responsabilidad social para no “saquear” los supermercados y abastos con un “yoísmo” reprochable, que debilita la solidaridad y el altruismo. Cuidémonos, no salgamos de casa sin la necesidad insalvable de comprar medicinas y comida, cerrémosle el cerco a este virus que no está en el ambiente, sino que se contagia con el contacto humano: estrechón de manos, besos y abrazos, partículas salivales de la tos. Pero que no panda el cúnico, digo que no cunda el pánico.

Lo que no se puede tolerar son los chistes de algún iluminado por el egoísmo y la vanidad, como aquél periodiquero chiquitito chiquitito, que se refirió al Guasmo porteño como el lugar donde al coronavirus, de entrada le roban la “corona”. Qué chistoso el hijo de su madre, haciendo mofa de una tragedia tan dolorosa que ya ha costado dolor y vidas. Son los serviles de la oligarquía que por odio y amargura cambiaron su aparente y falsa objetividad por el plato de lentejas del amo de turno. Cómo me dan pena esos chiquitines… Y un dato de absoluta justicia: ese país chiquito, incrustado en una isla, en medio de los mares absolutos del Caribe, condenado a un criminal bloqueo de seis décadas por la omnímoda voluntad del imperio abusivo y prepotente, esa Isla de Cuba, produjo la cura para el COVID-19 y lo ha puesto a disposición del mundo, con envíos a China, Italia, etc., y con la generosa oferta de atender todas las solicitudes, incluidas las de Estados Unidos, su verdugo bloqueador. Este es un ejemplo muy aleccionador para la humanidad, el Socialismo es esencialmente solidario. El Capitalismo ¡Dios nos libre!

Pasando a otro tema, hay una nota en redes que nos ha petrificado, dicho por el mismo actor y beneficiario de tan delicado asunto. Que en los preliminares de la última campaña presidencial, esto es en el 2016, se reunieron empresarios, banqueros, comunicadores en Suiza para planificar la campaña del que resultó ganador, y que el Otto ya sabía desde entonces que el susodicho iba a gobernar con la agenda de la oligarquía empresarial y bancaria. Y nosotros acá sacándonos el aire explicando el programa de gobierno de más Revolución Ciudadana, defendiendo los resultados de las urnas ante el tongo de la acusación de fraude. Puro despiste; y el autor de “los cadáveres de los fallecidos”, no mintió, porque así sucedió. Merecen el Oscar de la traición, digo de la actuación.

Y como parte de la coyuntura económica, es bueno destacar que desde la cuna del imperialismo, desmintieron a los odiadores de acá que prohíben al Banco Central y al IESS entregar ningún crédito al Gobierno, que para eso está la banca privada. El Tío Sam resuelve utilizar un crédito interno, comprando quinientos mil millones de dólares de bonos gubernamentales. ¿Cómo les quedó el ojo? Más papistas que el Papa… (O) Juan Cárdenas


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