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La edad no es una simple cuestión cronológica, años más años menos. No. No se es joven por los cuarenta y tantos años que se lleva a cuestas. Es la actitud, la opción elegida, la decisión que marca la vida. Hay jóvenes tan reaccionarios y egoístas que el mundo les queda pequeño para su codicia, ambición y privilegios. En estos días me ha conmovido una frase fuerte y concluyente: “la revolución está llegando”, que refiere a la injusta distribución de la renta mundial a favor de apenas el 1% de su población, en detrimento del restante 99% de seres humanos que sobreviven en el umbral de la pobreza y miseria. Pronuncia un fresco mensaje que convoca sobre todo a los jóvenes, a blancos, negros, migrantes, afros, hombres, mujeres, minorías; y proclama que ¡el tiempo es ahora!, no ayer, ni mañana, insiste en que es ¡ahora!

¿Será que se pronunció así un comunista?, ¿un renegado enemigo del “sistema”?; ¿algún drogadicto detractor del status? Ninguno de los mencionados, lo dijo el candidato en primarias a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica por el Partido Demócrata,  Bernie Sanders, de 79 años, en la campaña por su nominación. En los trenes de Nueva York ya se ven anuncios de que no deben pagar impuestos los pobres y si les cobraron, reclamen su devolución. Que paguen los ricos. Regulaciones en la renta inmobiliaria para que el depósito de 3 meses no lo haga el arrendatario que no tiene vivienda, sino el arrendador. Otra vez la pregunta: ¿comunismo? Ni de lejos. En la capital del imperialismo, fase superior del capitalismo, comienza a reaccionar la sociedad hacia la equidad, la justicia ciudadana, la salud pública como una justa aspiración popular.

Qué cosas no, acá esa aspiración de salud pública ya la tenemos como una garantía constitucional; aunque “esa gente” pretende convertirla en lucrativo negocio a través de la privatización. No otra cosa significa el despido masivo de los TAPS, Técnicos para la Atención Primaria de Salud, que cumplen una formidable tarea en los territorios, con la cálida cercanía de una atención familiar personalizada. Sin ninguna explicación y en cumplimiento de la imposición neoliberal privatizadora del FMI, están desmantelando esta herramienta virtuosa y positiva para la masificación de la atención de salud pública gratuita.

Si el mundo capitalista camina hacia el reconocimiento de derechos civiles, con propuestas incluyentes y de justicia social, ¿por qué acá se empeñan en cumplir a rajatabla el mañoso recetario del FMI, campeón mundial de la inequidad? No entendemos en qué nos beneficiaría entregar más de mil millones de dólares que nos producen anualmente nuestras telefónicas, a  manos de los grandes grupos de poder económico transnacional y criollo? A eso le llaman “monetización” para no decir su nombre propio: ¡privatización!

Cierto, me olvidaba: el “modelo exitoso” de Guayaquil con cada aguacero se convierte en una gran piscina maloliente, del centro hacia el suburbio. Si esa fue la intención, acertaron. (O) Juan Cárdenas


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Etiquetas : EcuadorJUAN CARDENAS
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