Existe una creciente demanda asistencial en los servicios de emergencias hospitalarias del Ecuador.  Salas de esperas estrechas y abarrotadas de niños, embarazadas y jubilados que mezclados y esposados a una manilla de colores aguardan estoicamente ser liberados 6 a 8 horas después del “triage”. Tres médicos atienden la avalancha sin los insumos más elementales. No cuentan con monitores, peor un respirador artificial. Las camillas están todas ocupadas.

Sentados en las veredas, acostados en el suelo, con niños en brazos. Tosen, escupen, sangran. Se respira el aliento del otro. No hay un baño decente. Los azules, verdes y amarillos -que son mayoría- esperan impacientes el grito del guardia, que los contiene. Si no llega un accidente de tránsito (tomate) o un infarto grave (rojo) que hay que derivar urgente, la espera se alargará aún más de 6 horas. Esperar que acepte el tercer nivel y que llegue la ambulancia del ineficiente 911, que se llamó a las 9 am. y llega a las 11 pm., otro martirio.

La salud en las manos -no en el pensamiento- de mediocres empoderados. Fantasmas con más hojas que vida, dan risa: soy el (la) doctor (a), tengo un PhD “en charlatanería”, especialista “en humo” y un máster “en volatines” de una universidad cuestionada. Chabacanos que planifican la salud desde un escritorio grandote. Bravísimos. Nunca salieron del distrito y la parroquia. No estudiaron ni trabajaron en hospitales del mundo. Nunca vieron otros sistemas de atención de salud. Jamás hicieron una guardia hospitalaria, aquí o afuera. Gestores bien remunerados del desastre.

Culpables los profesionales de la salud: los reclamos virulentos, las agresiones injustificadas, los tuiter ofensivos, los videos, las fotos y denuncias contra los médicos y las enfermeras, que atienden como pueden. Nadie los defiende. “Vagos, yo les pago el sueldo”. “A mí me descuentan”. “Yo pago impuestos”. En medio del caos y una larga fila de inconformes, las pantallas bullen de alegría y felicidad, que hasta uno casi se convence de las maravillas que muestran. Los “actores” agradecen con infinito amor y calidez. ¡Sonría! Esta, su casa de salud es amigable. Viva la empatía y la atención digna y humanizada. Eslóganes que ocultan una indigna realidad generalizada.(O)

Confirmado.net / pabloizquierdo7@gmail.com


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