20 años de dolarización en Ecuador: ¿es sostenible? – Análisis – CELAG

Hace 20 años el gobierno de Jamil Mahuad – derrocado por el pueblo ecuatoriano – tomó la decisión de dolarizar la economía ecuatoriana para salvar su administración y hacer frente al más grande fraude bancario de la historia nacional.

Varios análisis y criterios sobre la dolarización en el Ecuador se han difundido en estos días. Uno de ellos es el expresado por el expresidente del Ecuador, Rafael Correa Delgado (2007-2017) en su libro “Ecuador: De Banana Republic a la no República”.

“La ingenua y temeraria dolarización unilateral ecuatoriana constituyó un absurdo económico y geopolítico, fue tomada de forma apresurada en un momento de grave crisis y confundió torpemente los efectos con las causas de las crisis”.

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Este 2019 se cumplieron 20 años del feriado bancario en Ecuador, el saqueo más grande de la época contemporánea y epílogo de un modelo oligárquico-neoliberal que dominó el país durante todo el siglo XX. El 12 de marzo de 1999 el Gobierno neoliberal de Jamil Mahuad y el Partido Social Cristiano anunciaban la subida del precio de los combustibles en 169%, el IVA del 10% al 15%, un impuesto del 4% a los vehículos y el congelamiento de los depósitos de los ecuatorianos. Lo que hoy pocos recuerdan es que antes de terminar su intervención Mahuad sentenciaba que el paquete económico “sentará las bases para implementar una futura convertibilidad, o directamente la dolarización de la economía[1] La dolarización fue una decisión de las élites tomada en 1999 a espaldas del pueblo y que no fue anunciada hasta el 9 de enero del año 2000.

Hay que entender que existieron dos dolarizaciones. La primera, para la oligarquía, fue en el año 1999. Los ricos con información privilegiada ya sabían en 1999 de la dolarización, y tuvieron meses para cambiar sus depósitos en sucres a un dólar preferente (7 mil sucres). Esta demanda por dólares presionaba aun más el tipo de cambio que, cuando fue anunciada oficialmente, la cotización llegaba a los 25 mil sucres por dólar. Mahuad fue derrocado el 21 de enero del 2000, días después del anuncio. De poco sirvió. La oligarquía había llegado antes y se había quedado con los dólares. Los dólares que sobraron, se entregaron a la sociedad para que viva como pueda.

Hoy la dolarización de la economía es, tal vez, el único pacto entre clases. Por un lado, las oligarquías se sienten pletóricas al hablar de los logros de ésta, pues nunca supieron cómo manejar la economía, y tampoco la receta neoliberal fue capaz de contener la inflación. Por otro lado, la dolarización garantizó a las clases populares un poder adquisitivo mínimo y éstas tampoco están dispuestas a renunciar a ella: de hecho, desde el año 2000 las rentas del trabajo recuperaron su participación en el PIB gracias a la convergencia de los precios. A partir de 2007, con la Revolución Ciudadana y el proceso de redistribución del ingreso, la clase media se expandió, a la par que crecía el tamaño de la economía: en 10 años la economía ecuatoriana en términos nominales se duplicó y todos los indicadores sociales tuvieron avances sin precedentes. En este sentido, la dolarización parte de un gran acuerdo nacional y le resguarda un mantra de perennidad. Así encontramos una sociedad amortiguada y anclada a un proceso que, si bien genera estabilidad, deja muchas dudas sobre su sostenibilidad a futuro.

La dolarización se decretó en una economía de 37 mil millones de dólares; hoy la economía es 90% más grande y está mejor distribuida. Por ende, demanda una cantidad cada vez mayor de divisas para ese tamaño y cada vez más ciudadanos se ven incluidos en un régimen de consumo más democratizado. ¿Es la dolarización un camino a perpetuidad? ¿Qué condiciones garantizan su permanencia? Después de dos décadas vale la pena reflexionar sobre uno de los experimentos monetarios más arriesgados del siglo XXI.

Receta para el desastre: importamos más, exportando lo mismo

Hay que entender que un país no puede vivir de forma perpetua con déficit de cuenta corriente sin que las condiciones macroeconómicas se deterioren. Cuando este déficit no es financiado con la entrada de divisas por la cuenta de capitales (deuda, inversión extranjera, etc.), tarde o temprano causa una anemia de divisas y una crisis del tipo de cambio, devaluándose la moneda y afectando al nivel general de precios y el salario de los trabajadores. En una economía dolarizada el tipo de cambio no se deteriora, pero eso no le exime de que pueda caer en una crisis del régimen monetario. Todo lo contrario, sin tipo de cambio la economía no tiene mecanismo automático de ajuste que prevenga la pérdida de reservas. De hecho, una crisis puede estar cocinándose en silencio y explotar de un día a otro sin previo aviso, con consecuencias devastadoras.

Como es usual, la economía neoclásica culpa del déficit de cuenta corriente al Estado por su gasto público excesivo (teoría de los déficits gemelos). Por ende, la única forma de corregir el sector externo es mediante la minimización del Estado. A Rafael Correa lo acusaron de ser el causante de la pérdida de divisas producto del excesivo gasto público que, supuestamente, empujaba a un incremento de las importaciones. El gráfico 1 demuestra las mentiras construidas alrededor del gasto público y cómo el pensamiento neoclásico subvalora el papel de los multiplicadores fiscales; las importaciones no crecieron respecto al PIB en los últimos 11 años como la teoría neoclásica sugiere, de hecho, éstas vienen reduciéndose respecto al tamaño de la economía. El gasto público amplió la demanda interna sin desequilibrar las importaciones. Esto demuestra que los multiplicadores fiscales en la economía ecuatoriana son mayores a lo que podría suponerse.

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Confirmado.net / Rafael Correa – Celag