“¡Investiguen a los investigadores!” pidió el primer ministro israelí. Un Netanyahu rebosante de de autocompasión criticó a la Justicia y a las fuerzas de seguridad que lo han llevado a su actual situación. A pesar de que, durante toda la vida “luché por el país y fui incluso herido”, la Justicia y la Policía se empeñan desde hace tiempo en “hacerme daño” con nuevas investigaciones. Pero así, lo que consiguen es, sobre todo, “perjudicar al Estado”. “Lo que aquí está ocurriendo es una especie de golpe de Estado, pero, por más que mi familia y yo suframos por ello, estoy decidido a seguir sirviendo al país”.

Apenas habían transcurrido 24 horas – esto también prueba, para Netanyahu, su teoría de la conspiración -, desde que el líder israelí de la oposición, Benny Gantz, del partido centrista “Azul y Blanco” y principal rival de Netanyahu, desistiera de formar gobierno, y la opinión pública ya empezaba a acostumbrarse a la nueva situación, cuando el Fiscal general, Avichai Mendelblit, abría un nuevo capítulo. Nuevo, aunque ya desde más de un año se sabía lo que podía ocurrir: el procesamiento formal del primer ministro israelí, que desde hace casi un año funge como primer ministro en funciones. La Fiscalía anunció acusaciones contra Netanyahu por fraude, abuso de confianza y cohecho.

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