¡Chuta!, lo del viajecito de trabajo y… de turismo, qué caray, aprovechando el helicóptero con piloto, gasolina y todo, de una vez a Casa Blanca. Pusieron nomás como pretexto que no tienen plata, pobrecitos, ellos que se suben, recién se dan cuenta que no han tenido entre los dos ni almita de medio, así que se embarcaron y partieron con rumbo cierto hacia la playa y con mucho amor. ¿Que los pobres no tienen derecho a volar?. ¡No faltaba más!

Sólo que el aeropolicial no es para el turismo de funcionarios por más encumbrados que se crean. Al general Espinoza de los Monteros le dieron de baja por hacer exactamente lo mismo y la ministra resolvió su apelación condenándolo al retiro forzoso; pero cuando hace ella, no pasa nada, sabe que la prensa “libre e independiente” le va a tapar con otros escándalos, en cumplimiento de aquella “santa” alianza a cambio de la concesión de frecuencias a perpetuidad. Al diablo con la norma constitucional que distribuye el espectro radioeléctrico: 33% para el sector privado, 33% para el sector público y 34% para el comunitario. “Por esta sola vez” vuelve el monopolio a los dueños del país con  un generoso 98%.

De locura: en el país de la descomposición, se hicieron añicos las garantías del debido proceso y peor aún de la presunción de inocencia, ahora yo te acuso de lo que me dé la gana, no tengo que probar nada, ¡tú tienes que probar que eres inocente!, así como me oyen. Volvió la Inquisición, la ley de talión, al acusado le amarraban a una piedra enorme y le lanzaban al mar. Si flotaba era inocente, los que se hundían, o sea todos los demás, como los pobres ecuatorianos, eran culpables. ¡Increíble!

Y para culminar el intervencionismo imperialista en esta tierra del entreguismo, viene el representante del BID y nos pregunta que para qué tenemos Empresas Públicas, si esos “negocios” deben estar en manos y en provecho de los grandes empresarios, para que sigan acumulando incalculables utilidades y fortunas; claro que cuando quiebran, como los bancos, entonces sí reclaman al Estado para que asuma el atraco, digo las pérdidas, con dinero fiscal, tipo AGD, con lo que asaltaron los fondos públicos del Estado “legalmente”, que para eso tenían sus mayorías legislativas móviles de la aplanadora politiquera, igualito que ahora.

Y para rematar, la tal inmunidad que es inmanente a la calidad de un legislador, ahora se la levantan con una simple mayoría pegada con babas, con tal de consumar la tenebrosa consigna de la persecución más implacable. Otra especie de LAWFARE. (O) Juan Cárdenas


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