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Chile y China a solo un clic de distancia pese al vasto océano Pacífico

Chile y China están en las antípodas de la Tierra y separados por el vasto océano Pacífico, pero eso no impide que, en la actualidad, ambos países estén a solo un clic de distancia.

Millaray Lezaeta, una joven chilena de 28 años, es la prueba viva de la situación.

Ella maneja las redes sociales de DiDi Chuxing, la aplicación china de transporte bajo demanda. Además, compra al menos una vez al mes por AliExpress y utiliza los buses eléctricos chinos del transporte público de Santiago para visitar a sus amigos.

“A mí me encanta poder contar cómo es trabajar en una empresa china y con chinos, porque puedo contar cómo es desde adentro”, asegura a Xinhua Millaray, quien fue reclutada hace cuatro meses por la empresa DiDi, que comenzó a operar en el país sudamericano en junio pasado.

La periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile confiesa que aceptó sin dudas el “desafío” de emplearse por primera vez en una compañía china, atraída por el desarrollo tecnológico y la cultura del país asiático, pese a estar ubicada al otro extremo del mundo.

“Me interesó de inmediato la propuesta, porque me llama mucho la atención que, para las empresas asiáticas, la prioridad número uno sea ofrecer un servicio al cliente perfecto y una grata experiencia al usuario”, declara.

El estilo de vida de Millaray y su permanente vínculo con los productos y servicios provenientes del país asiático dan fe de la presencia de China entre los habitantes de este rincón austral y de lo “natural y cotidiano” que esto les resulta.

Ella comparte a diario con otros 30 colegas de diversas nacionalidades en la oficina de DiDi, ubicada en un moderno edificio del noreste de Santiago, al que llega caminando cada mañana para planear estrategias para comunicar y conectar de mejor manera con usuarios y conductores de la aplicación.

“Acá he logrado hacer amistades de verdad en poco tiempo, en un ambiente de respeto, en el que todos somos diferentes”, señala Millaray, quien valora la “buena onda” de su equipo y, en especial, de sus compañeras de escritorio Yang Jingjing y Han Xiaojie, con quienes se comunica en inglés.

Agrega que percibió desde su llegada a la compañía la humildad de los chinos y sus ansias de aprender y conocer más, lo que atribuye a su cultura y también al modelo de trabajo de las empresas tecnológicas de ese país, “con presencia global y capaces de impactar directamente en la vida de las personas”.

Opina que el ingreso de marcas chinas a la región ha enriquecido y también contribuido a las sociedades latinoamericanas, y que su presencia “es cada vez más fuerte”.

Mientras se entrevista con Xinhua, mantiene abierta en su celular la aplicación de AliExpress, la plataforma minorista en línea del grupo chino del comercio electrónico Alibaba, que conoce al revés y al derecho y utiliza hace unos cinco años.

“Me encanta. La he usado para comprar regalos de Navidad, cosas para mi casa, decoración, ropa, fundas, cubrecamas, todo lo que te puedas imaginar”, añade.

Dice que los productos demoran entre dos semanas y un mes y medio en llegar a su destino. Precisa que, aunque no haga compras, siempre está atenta a las promociones, las actualizaciones de la página web y en contacto con los proveedores.

Advierte, por otra parte, que la penetración china en Latinoamérica ha traído consigo la “democratización” de la tecnología y sus beneficios, de la mano de los teléfonos, pulseras y aparatos inteligentes de fabricación china de marcas como Xiaomi o Huawei, según lo que ella y sus conocidos han comprobado.

La experta en redes sociales y asuntos digitales recuerda que hace algunos años los productos chinos generaban desconfianza entre los chilenos, quienes dudaban de su calidad. Sin embargo, las mismas compañías se han encargado de derribar esa imagen “vendiendo productos buenos y pensados para quienes los van a usar”, sostiene.

A modo de ejemplo, habla de los más de 200 buses eléctricos chinos que se incorporaron a principios de este año al transporte público capitalino, los cuales han sido calificados positivamente por los usuarios del sistema urbano.

Aunque se desplaza mayormente a pie por la ciudad, prefiere a la hora de visitar amigos y familiares este tipo de autobuses para movilizarse, porque son “cómodos, calefaccionados, no contaminan, ni emiten ruidos molestos”.

La línea 104, que cruza Santiago de norte a sur, es uno de los recorridos que utiliza con mayor frecuencia.

Dada su “grata experiencia” y su estrecha conexión con el país asiático, Millaray cuenta que se ha propuesto derribar algunos de los mitos que pululan acerca de las costumbres chinas, frente a las preguntas de sus amigos y familiares, respecto de las barreras idiomáticas y culturales que podrían afectar su entorno laboral.

“La gente piensa que ellos aman comer arroz, pero en realidad nosotros con los compañeros chinos vamos a comer pizza y hamburguesas”, dice entre risas.

Sin duda, la conectividad y los fuertes lazos entre ambos países le han permitido a esta joven chilena acercarse y “conocer” algo más de China, un país que dista a unos 19.000 kilómetros del suyo. Pero aún le queda un sueño por cumplir, apunta.

“Me encantaría viajar a China (…) Imagino que vería un mundo del futuro, porque a los países latinoamericanos todavía les falta mucho. Si fuera a China vería cómo va a ser el mundo en unos años más: muy tecnológico y con mucho movimiento”, concluye, a la vez que muestra su entusiasmo por probar aplicaciones de mensajería como WeChat y pagar a través de su celular, con códigos escaneables o QR.

Confirmado.net / XINHUA

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