Temas complejos, controversiales y trascendentales para el futuro “contrato social” ecuatoriano en los que se observe, conceptualmente un gran peso de las posiciones liberales. Sin embargo, en los próximos días podremos ver con claridad porque posición se decanta la Corte, cuando emita su criterio sobre la denuncia que se ha presentado sobre la Carta de Intención del Gobierno Nacional con el Fondo Monetario Internacional.

Cada vez que un debate político inicia, la categoría Estado-Nación-Moderno se hace presente, en tanto que resulta inevitable referirnos al marco institucional en el que se desarrollan las relaciones sociales y en cuanto que las posiciones políticas actuales son el resultado de la evolución del pensamiento político con el que se originó el Estado.

De las varias corrientes de la filosofía política que discuten sobre el Estado-Nación el liberalismo ocupa un lugar preminente e incluso superior al de cualquier otra postura intelectual, no por su mérito epistemológico sino por la utilidad que ha supuesto para quienes lo utilizaron –y hoy lo utilizan- como marco teórico para emprenden sus campañas de conformación de los Estados Nacionales.

En ese sentido, si vamos a hablar de liberalismo debemos, al menos, reconocer a las figuras de Locke, Kant, Rousseau como las mentes pilares de esta corriente político filosófica, así como precisar que desde las ideas de Locke se fundamentaron los movimientos liberales en franceses y norteamericanos que emprendieron los procesos de liberación del autoritarismo monárquico o de la dominación británica respectivamente.  Así las cosas, el liberalismo lleva más o menos 400 años de existencia y gozando de una salud envidiable.  Y es que sus planteamientos más generales son[1]: La sociedad es una convención que emana de las voluntades individuales en tanto que los seres humanos somos seres racionales capaces de ceder una parte de nuestra libertad, consustancial a nuestra naturaleza, para que el Estado la administre en procura de mayores beneficios individuales y colectivos.  A partir de ello el gobierno se concibe como un órgano regulador de la vida social sin capacidad de interferir en la vida privada de las personas.  Finalmente la ley y el derecho son los instrumentos que nos colocan en igualdad de condiciones a todos los integrantes de una sociedad, y desde el cumplimiento de esas normas, comúnmente aceptadas, podemos concebir la idea de progreso social.

Al parecer el liberalismo no tenía contendiente, y es así que la Independencia Norteamericana o la Revolución Francesa sucedieron a la luz de sus postulados, por lo que se entiende el contenido de sus proclamas en defensa de la libertad y los derechos individuales.

Todo anduvo bien hasta que la defensa de las libertades, poco a poco pasó a ser la defensa fundamental de la defensa de la propiedad individual, y así como muchas otras teorías políticas fue pasando de mano en mano y de boca en boca hasta que de esa doctrina revolucionaria de 1700 surgió el neoliberalismo como expresión de una racionalidad instrumental en favor de la acumulación de capitales y en defensa de los valores sobre los que se erige la sociedad burguesa: la familia, la propiedad privada y el estado.

Razones existen entonces para que la referencia “liberal” resulte polisémica y siempre requiera de una contextualización histórica e incluso, en ciertos casos, geográfica.  Solo para colocar algunos ejemplos de la dificultad de encontrar un punto de convergencia entre todo(s) lo que pueda catalogarse como liberal, recordaremos aquel pasaje de infausta intelectualidad de Alvarito cuando el señalaba ser tan liberal como lo fue Alfaro. Así también podemos referir al gran Coronel Aureliano Buendía, jefe militar de los liberales durante la guerra civil que relata García Márquez en Cien años de Soledad.

Ya situándonos en el contexto actual ecuatoriano de tiempos cuánticos, el debate político parece haberse insertado en un vórtice espacio/tiempo en el que todos los conceptos de la filosofía política, las escuelas del pensamiento, las posiciones político-ideológicas son manoseados en favor de la defensa de la razón instrumental del poder oligárquico que hoy gobierna.

El nivel del debate político que se permite el oligopolio corporativo mediático es tan deficiente que al ciudadano le asiste el derecho a repudiar al que es y al que no es. Los actores de la política nacional transitan entre las diferentes posiciones según les conviene ese día.  Es tan radical el performance de nuestra clase política que un neoliberal resulta ser también conservador y viceversa. El Ecuador atraviesa una proliferación de “marxistas” pero en referencia a Groucho Marx que decía: “estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”.  Solo así se explica el Arca de Noé llamado Gobierno de Moreno, donde conviven –sin mayores incomodidades- desde la derecha Lassista, los protofascistas socialcristianos, la izquierda Disney de la Ruptura y otros venenos de Cuestas Caputtis y milicos progringos. -En este momento es cuando no alcanza la vergüenza para entender como pudimos apoyar a Moreno, como miles de ecuatorianos hicimos campaña por él, como apostamos a creer en su palabra.  Será, como decía Gramsci que entre lo viejo que no muere y lo nuevo que no nace, es donde salen los monstruos-.

En función del tema que se encuentre en discusión la oligarquía ecuatoriana es más o menos liberal; eso sí, siempre neoliberal.  Cuando se trata de desregulación estatal vale, cuando se trata de reconocimiento de derechos no vale; cuando las instituciones funcionan para sus intereses va; cuando no les gusta, simplemente no.

Vale destacar que el liberalismo, en su versión vintage se halla íntimamente vinculado, además de a la libertad, a los postulados de solidaridad y fraternidad, así como al laicismo republicano.  Más, para los fines prácticos, haciendo gala de esa falsa ecuatorianidad nuestras oligarquías se quedaron solo con la libertad de pensar lo que les dé la gana y si la realidad se opone a sus interpretaciones peor para la realidad, aunque esa realidad sea la inequidad y pobreza que nuestro pueblo sufre.

Lo cierto es que, allá entre liberales-conservadores –es cuando pienso que vivo en los tiempos de García Moreno-, se han repartido el país desde la llegada de Moreno, y las diferentes instituciones han dejado ver, con mayor o menos claridad, la posición que ocupan en el sui generis espectro ideológico de la política nacional.  Salvo una: La Corte Constitucional.

Desde su posesión en la Asamblea Nacional, en febrero de este año, el cuerpo colegiado de integra la Corte Constitucional no permite identificar con claridad cuál es la posición que prima en dicho organismo.  Y aunque, más o menos, se conoce la posición individual de sus integrantes, los fallos de la Corte en estos casi 6 meses de funciones no pueden ser interpretados como el fruto de la imposición de una línea ideológica.  A esta altura, quien pretenda decir que las decisiones se basan en la ley, como diría la abuela: está meando fuera del tiesto.  Y queda claro que incluso la interpretación constitucional responde a una posición política e ideológica, en favor o en contra de determinados grupos.

Sin pretensión de adjetivar las resoluciones, hace poco la Corte Constitucional resolvió que el órgano definitivo del CPCCS no podría revisar o reconsiderar las decisiones del transitorio; poco después dejó sin efecto artículos del COIP sobre el comercio de productos sin comprobantes de compraventa.  Pocos días atrás una sentencia histórica reconocía el derecho del matrimonio civil igualitario.  Temas complejos, controversiales y trascendentales para el futuro “contrato social” ecuatoriano en los que se observe, conceptualmente un gran peso de las posiciones liberales. Sin embargo, en los próximos días podremos ver con claridad porque posición se decanta la Corte, cuando emita su criterio sobre la denuncia que se ha presentado sobre la Carta de Intención del Gobierno Nacional con el Fondo Monetario Internacional.

Ahí será cuando podamos saber si esta Corte Constitucional que nos dejaron los Trujillo Boys es una Corte Liberal o una Corte Neoliberal, a la par que también sabremos si quienes creemos que un Ecuador pos neoliberal estamos para dar la pelea.

[1] Este artículo no pretende profundizar en las diferentes posturas dentro del liberalismo o tratar minuciosamente el tema, por lo que el lector sabrá excusar de antemano cualquier ausencia o vacío, considerando la naturaleza del escrito. (O)


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Etiquetas : CARTA DE INTENCIÓN FMICORTE CONSTITUCIONALEcuadorEstado-Nación-ModernoFMIUna corte ¿liberal o neoliberal? (O) Diego Vintimilla
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